Este 2007 Bolivia va a cumplir 25 años consecutivos de vida en democracia. Sería menester que los meses que quedan hasta llegar a tal aniversario los dedicáramos a valorarla críticamente y a reafirmar el compromiso existencial que tenemos con ella.
En octubre de 1982 se iniciaba la era democrática que, no sin sobresaltos, se prolonga hasta el presente, aunque es un sentimiento cada vez más extendido que nubarrones de autoritarismo se ciernen sobre la convivencia en libertad.
Nuestra democracia —vale la pena recalcarlo una y otra vez— nació determinada por contradicciones y tensiones internas y sobredeterminada por un contexto internacional —la ´ola democratizadora´—, pero en la medida en la que fue alejándose del mal recuerdo de las dictaduras y las asonadas —la forma tradicional de entrar y salir del Palacio de Gobierno—, los resabios de una cultura autoritaria parecen asomar renovados.
Nuestra democracia —sería una insensatez negarlo— nació también con defectos de origen y se desarrolló a pesar de un conjunto de factores que la hacían y la quieren seguir haciendo parecer —personificada en ´los políticos´— como la causante de las desigualdades sociales cuando, por el contrario, fue su irrupción lo que permitió la recuperación y conquista de derechos políticos y civiles esenciales para el ejercicio de la ciudadanía, condición por la que todas las personas somos iguales ante el Estado, sin distinción de ideología política, clase, raza, credo religioso, u otras categorías que eventualmente pudieran usarse como justificativos para la discriminación o la exclusión. En sí misma, la democracia es una generadora de inclusión y, si comparamos el punto de inicio con el estado actual de cosas caeremos en cuenta de lo mucho que el país ha avanzado en esta materia.
Sólo una mente necia puede demeritar la construcción de institucionalidad lograda en años de ejercicio democrático: La confianza en la Ley Electoral y en la institución que administra los procesos electorales, la Corte Nacional Electoral; la posibilidad de un adecuado control constitucional ejercido por el Tribunal Constitucional; la garantía de protección ante los abusos cometidos por funcionarios públicos encargada a la Defensoría del Pueblo; el camino hacia la institucionalización de los partidos prescrito en la Ley de Partidos Políticos; la poco valorada Ley Safco; las dos reformas parciales a la Constitución de 1967 que incorporan el carácter pluricultural y multilingüe de Bolivia e instituyen mecanismos como el referéndum y la Asamblea Constituyente. Como alguien diría ´¡casi nada!, ¿verdad?´.
En consideración de lo expuesto se hace necesario elaborar una especie de ´Agenda 25´ que consolide este patrimonio de nuestra democracia, sobre cuya base debe continuar el proceso que empezamos en 1982 y por cuya consecución muchos compatriotas sufrieron persecución, exilio, muerte y desaparición. Ninguna persona que se precie de demócrata debería eludir este desafío.
* Puka Reyesvilla es docente universitario.
Fuimos soldados
Las fiestas me han venido al pelo. Entre tanto baile comercial y reuniones familiares he podido escaparme a leer. Lo confieso: ponerme frente a un libro produce en mí el grado de evasión que necesito para lidiar con el día a día y en estas tardes navideñas necesito doblar la dosis para poder respirar.
La alegría
Hay gente que de la pena hace un nido. Individuos que se enroscan en su propio dolor y permanecen para siempre dentro de él, creyendo que, por haber sufrido, el mundo entero está en deuda con ellos. Todos conocemos gente así.
La libertad en tobogán totalitario
Yo que hoy lo critico, mañana tendría la hidalguía de felicitar a un Evo Morales convertido en exitoso mandatario, presidiendo un país bullente como un colmenar solidario, laborioso y productivo.
El malestar sudamericano
Después de la Cumbre Sudamericana llevada a cabo en Cochabamba en diciembre pasado, para este mes de enero están programados varios eventos con indudables repercusiones sobre el clima político