El Banco Mundial y la CEPAL han elaborado pronósticos sobre la economía latinoamericana que deben ser tomados como advertencias.
A propósito del crecimiento promedio del 2006 para la región, de 5,3 por ciento, el organismo mundial dice que en el 2007 se presentarán los primeros síntomas de desaceleración de la economía. A tal punto será la intensidad de esa tendencia que el crecimiento promedio sería de solamente del 4,3 por ciento.
La CEPAL tiene una visión de largo plazo y dice que sería bien que América Latina, ahora beneficiada por los altos precios de las materias primas que exporta, preste atención a los factores que tienen que ver con el largo plazo. En efecto, el organismo recomienda a los países de la región invertir más en rubros capaces de hacer que esta tendencia de la economía sea sostenible.
Por supuesto que el organismo se refiere a rubros de urgencia estratégica, aunque no de urgencia política y coyuntural. Recomienda, en efecto, invertir en infraestructura y en educación.
El problema de las inversiones en esos dos rubros es que los resultados de cada proyecto se cosechan a los siete años, para los de infraestructura, o más, para los de educación. Por lo tanto, pocos políticos que se guían por los principios de la inmediatez de los resultados podrán interesarse en este tipo de proyectos de inversión.
Con ese criterio, se podría decir que el bajo desarrollo de la región es el resultado de las políticas aplicadas en muchos años, por varios gobiernos, con criterios de urgencia electoral, pero sin una visión previsora.
La conocida frase de que hay que "sembrar" el petróleo o lo que sea, como por ejemplo el gas, se refiere a que cuando se vive una época de bonanza es bueno pensar en épocas de “vacas flacas”. Un nombre menos duro para esas épocas difíciles es el de "años desaceleración" económica.
Por lo tanto, la mayor responsabilidad del Gobierno en estos momentos es sentar las bases para que el desarrollo económico del país deje de estar apoyado en los precios de las materia primas y tenga un sustento más confiable, más sólido, como es el de contar con una población con niveles educativos de primera y una infraestructura apropiada para el desarrollo económico.