El desarrollo integral debe tomar en cuenta a todos los y las actores y sectores sociales excluidos de la sociedad. El actual Plan Nacional de Desarrollo en su capítulo sobre la concepción del Estado presenta aún sesgos que conspiran contra esta integralidad. Desde una visión feminista e intercultural, apuntamos cuatro elementos para el análisis:
Primero, al describir el Estado como ´…oligárquico, centralista, patrimonialista y corrupto, atrincherado en una democracia representativa, (que) ha exacerbado la discriminación social, la exclusión política y el desconocimiento de los derechos indígenas´; el documento de referencia no considera al patriarcado como un sistema que genera relaciones de poder asimétricas. Ello produce exclusiones casi irreconciliables e insostenibles entre hombres y mujeres de diversos sectores sociales y culturales, independientemente de si se trate de visiones de desarrollo capitalista, socialista o sostenidas en cosmovisiones indígenas.
Segundo, afirma que ´…existen diversas formas de intercambio que están fuera del mercado y que corresponden a una gran proporción de la producción que no es contabilizada como parte del PIB´. Se refiere a formas de producción vinculadas a economías de subsistencia y trabajo familiar en unidades campesinas e indígenas sin mencionar el trabajo realizado por las mujeres en éstas y en los hogares, hecho que no es contabilizado en las cuentas nacionales. La sociedad y el Estado no consideran como trabajo el ´trabajo doméstico´ llamado también ´trabajo del cuidado´ o trabajo destinado a la reproducción humana. Este tipo de trabajo genera valor, bienes y servicios de utilidad para la subsistencia, la reproducción de la fuerza de trabajo, la protección social y otros e impactan en la reducción del costo de las cuentas del Estado nacional.
Tercero, la concepción del ´vivir bien´ es asumida como ´…una convivencia comunitaria, con interculturalidad y sin asimetrías de poder…´, y habla de ´…la satisfacción compartida de las necesidades humanas más allá del ámbito de lo material y económico...´ desmarcándose del concepto occidental de bienestar ´limitado al acceso y a la acumulación de bienes materiales´. Desde nuestra perspectiva, el ´vivir bien´ debería darse también entre mujeres y hombres poniendo de manifiesto que es imperativo acabar con aquellas visiones del desarrollo que generan condiciones desiguales para las mujeres en todos los ámbitos (social, político, económico, cultural), independientemente su procedencia cultural y social. Se deben tomar en cuenta visiones que contemplen los derechos específicos de las mujeres como los derechos sexuales y reproductivos, la no violencia —en sus diferentes manifestaciones—, igual salario por igual trabajo, acceso equitativo a la educación y a la propiedad de la tierra entre los principales.
Sólo así avanzaremos hacia el Suma Q’amaña, articulando interculturalidad y diversidad como base de la acumulación interna y la calidad de vida propuestos en el Plan gubernamental. Éste es el cuarto elemento de la integralidad que planteamos desde el Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia para la nueva Constitución Política del Estado.
* Diana Urioste es integrante de la Coordinadora de la Mujer y del Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia.
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