La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, tuvo que hacer frente a intensos reclamos cuando los senadores la convocaron ayer para que diera cuentas de una guerra profundamente impopular.
Cinco aspirantes presidenciales del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, así como otros legisladores en la nueva mayoría demócrata, se aseguraron de hacer oír su voz. Y estas voces —incluidas las de los republicanos— estaban llenas de frustración y desconfianza en torno a la manera en que el presidente George W. Bush ha manejado la guerra en Irak.
Hasta el estado civil de Rice fue motivo de comentarios.
La senadora demócrata Barbara Boxer hizo notar que la Secretaria de Estado no tiene hijos que pueda perder en la guerra. “¿Quién paga el precio?”, preguntó Boxer repetidas veces. “Usted no va a pagar un precio en particular”, le dijo a Rice, porque la secretaria no tiene una “familia inmediata” que esté en riesgo.
Al otro lado del Capitolio, el secretario de Defensa, Robert Gates, un nuevo rostro en las políticas estadounidenses en Irak, en general no se las vio tan duras cuando presentó su testimonio ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes acerca de la estrategia de Bush en Irak.
Rice se mostró impasible. Su rostro se mantuvo serio, no alzó el tono de voz y en ocasiones aceleró las palabras para hacer frente a los ataques que recibía. No ofreció mucha información.
Pero su próximo viaje al inestable Medio Oriente a partir de hoy podría parecerle una vacación en comparación con el tiempo que pasó frente al comité.
Ambos partidos dieron rienda suelta a años de frustración.
El senador Chris Dodd, quien anunció su postulación a la candidatura presidencial por los demócratas, consideró que las políticas estadounidenses en Irak han sido un “paraíso de los tontos”. Washington, AP