Pero el eje principal de toda esta compleja pero fascinante trama, está en el respeto recíproco y la complementariedad... Los cambios tienen que ver con la base económica pero no con el régimen económico-social, es decir, el capitalismo, que sigue intacto y nadie lo amenaza. Son también —y ante todo— cambios en la superestructura, o sea, en los contenidos ideológicos y jurídico-políticos; y en la correlación de fuerzas que se expresan en el Estado.
Esta triple dimensión de los cambios determina, a su vez, que en países abigarrados como el nuestro, se combine la lucha de clases tradicional con la lucha étnica y la lucha regional. Esta combinación no es genérica sino específica, de acuerdo con la evolución que el capitalismo ha adquirido en cada zona del país.
En el Occidente boliviano la tradición en su estructura económica ha sido el enclave, por lo tanto, torres de marfil capitalistas en un océano precapitalista, sobre todo en el área rural, porque el tipo de propiedad y la aptitud de la tierra no alcanzaron para hacer empresa, y en donde el Estado fue y sigue siendo todo.
En el Oriente, el capitalismo tuvo después del 52 un carácter más o menos horizontal que comprendió a la mayor parte de la población, que de una u otra manera estuvo y está en forma cada vez más creciente en la dinámica del mercado.
Occidente despliega sus niveles de modernización por la vía del Estado y Oriente, por la vía del mercado. A lo que hay que agregar, que cada zona organiza el sujeto colectivo que es su referente: La Paz, como centro económico y político de Occidente, mirando al Pacífico; y Santa Cruz, como centro económico y político del Oriente, mirando al Atlántico; cumpliendo la vocación bi-oceánica propia de país mediterráneo.
Ambas zonas, por otra parte, despliegan en su composición demográfica el contenido que viene de su historia, en tanto que mayor o menor predominancia de los pueblos indígenas o de mestizaje; pero también de su mayor o menor aproximación al centro del poder político, que explica, a su turno, la diferente percepción colectiva respecto de lo regional.
Ésta es la evolución objetiva de Bolivia desde la segunda mitad del siglo XX, que explica que en el siglo XXI Occidente no pueda seguir rigiendo como si fuera toda Bolivia. Ésta es la verdad que se desprende de esa evolución objetiva; y ése es el trasfondo histórico, económico, político, demográfico, regional y moral del planteamiento autonómico.
Pero se debe reconocer que existe tradición de toda la vida republicana, que por lo tanto se ha hecho cultura, que Occidente rige Bolivia. Ésta es la causa última y la lógica natural del choque, porque se sabe, que no hay nada más conservador (contrario al cambio) que los hábitos, costumbres, e inhibiciones. Los revolucionarios en lo económico-social e incluso étnico, son conservadores cuando se trata de la cultura del poder.
Es un imperativo intelectual y moral e histórico el proyecto nacional (que encarna el MAS) de universalización de la ciudadanía, integrando plenamente a los pueblos indígenas a la nación, en tanto componentes de tanta importancia como los mestizos y descendientes de europeos; y que lo hagan a la cabeza del Estado.
Bolivia no será un país del siglo XXI si no se resuelve esta principalísima cuestión, que está atada a la transformación y modernización del agro, especialmente en el Occidente, que requiere que una parte importante del excedente nacional sea destinado a esa tarea superior.
Pero los pueblos indígenas no deben olvidar que no sólo ellos fueron marginados del Estado fundado en 1825. También fueron marginadas las regiones, que durante la guerra de la independencia adquirieron notables grados de autodeterminación que amenazaba el poder de esa ínfima minoría de hispano-criollos que se proclamaron Estado.
Así, el Estado boliviano nació contra los dos factores que le dieron origen: los pueblos indígenas y las regiones, que no por ninguna casualidad emergen hoy como los grandes protagonistas de la nueva época, que por eso, es en Bolivia un verdadero cambio de época e inauguran, cada uno con su propia impronta, la época de cambios.
Constituye un colosal despropósito histórico y político, producto de un ideologismo vulgar, que estos dos grandes marginados de la fundación de la república, en vez de complementarse, se enfrenten.
Se enfrentan —de un lado— por un criterio reduccionista que sólo reconoce como legítima y válida la lucha de clases montada en el escenario de la lucha étnica, que le da un carácter popular... pero no nacional, entendido éste al igual que la democracia como ´un espacio de disponibilidad para todos´.
De otro lado, estamos de acuerdo en que la fase conservadora del ciclo estatal de la democracia se agotó. La nueva fase debe ser nacional-popular y no solamente popular. Pretender la unilateralidad es un error político e histórico que proviene de un falseamiento capcioso de la realidad.
Lo inteligente —y por eso mismo viable— es conducir la culminación del proceso de construcción de la nación, es decir, de toda la población contenida en el territorio de Bolivia, mediante un estatuto del interés general que haga posible un Estado del interés general.
Ésta sería la más grande obra de la historia republicana, que legitimaría hacia atrás la lucha heroica de los ´desheredados´ por una sociedad más justa y más humana; pero que también legitimaría ´lo popular´ hacia adelante como fundador de la nueva época, que debe estar saturada de los valores de la democracia, ya no considerada un simple régimen político correspondiente a un determinado modo de producción, sino como un proyecto de sociedad, que por eso, haría de lo ´nacional-popular´ una propuesta histórica y no de coyuntura, que puede diluirse como el neoliberalismo aunque dure otros 20 años.
Pero el eje principal de toda esta compleja pero fascinante trama, está en el respeto recíproco y la complementariedad entre Oriente y Occidente. De esto depende que Bolivia exista en el siglo XXI.
*Adalberto Kuajara A. fue ministro de Trabajo.
Semana de revelaciones
La realidad boliviana tiene la peculiaridad de sorprender, sobre todo a quienes se jactan de conocerla, o aspiran a predecir los hechos.
Un perdigón en el ala
Sobre los sangrientos acontecimientos ocurridos el jueves pasado en Cochabamba no desearía tomar otro partido que no fuera el de la pacificación. Pero si examinamos fríamente los hechos, déjenme escribir lo que pienso y lo que piensa mucha gente.
Un horrible cuadro
El ver a jóvenes de clase media arremeter contra campesinos me ha producido profundo asco y desazón. Se ha logrado escenificar una dinámica sobre la que han estado teorizando desde hace mucho tiempo quienes hoy en día gobiernan el país.
Estado rico e individuo pobre
Cuando se habla de economía, todos los regímenes políticos tienen la costumbre de presentar las cifras y a través de éstas presentar al país como el mejor de los mundos logrado por ellos.
El ojo que llora
Si usted pasa por Lima, trate de ver "El ojo que llora", en una de las esquinas del Campo de Marte, en el distrito de Jesús María. Es uno de los monumentos más bellos que luce la ciudad y, además, hay en él algo que perturba y conmueve.