Cerca de 616.000 niños, niñas y adolescentes del país trabajan, en diferentes actividades, para subsistir y/o ayudar a la manutención de sus familias.
El dato, obtenido de la página web de las oficina de Naciones Unidas para el Desarrollo de la Infancia (Unicef), proviene de los resultados provistos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el 2002, tras la realización del Censo, un año antes.
La presentación en la web de Unicef sostiene que “la crisis, el desempleo y, en definitiva, los bajos ingresos familiares obligan a muchos niños, niñas y adolescentes a trabajar. Así, estos niños adoptan prematuramente responsabilidades que no se corresponden con su edad; y con frecuencia, son víctimas de explotación laboral”.
Asimismo, considera que el trabajo impide a muchos acudir a la escuela. De hecho, sólo el 39 por ciento de los niños trabajadores asiste a clases y un 4,3 por ciento nunca asistió a ellas.
Aunque no existen investigaciones que abarquen la totalidad del ámbito nacional y permitan conocer la cifra exacta de niños, niñas y adolescentes que viven en la calle, se calcula que son más de 3.700 en las ciudades de La Paz, El Alto, Santa Cruz, Cochabamba, Tarija y Sucre.
“Éste es un grave problema social en Bolivia, que ha ido en aumento. Las condiciones en las que viven los niños de la calle son muy duras y afectan su desarrollo físico, psicosocial, cultural y económico. Los niños de la calle son altamente vulnerables al consumo de inhalantes, drogas y alcohol; a la delincuencia y a la prostitución”, señala Unicef acerca de la situación de los menores de edad en las calles.