La pasión por la música condujo a Rodolfo Villena a coleccionar objetos relacionados con este arte. En la actualidad, este potosino se dedica a restaurar esas glorias pasadas.
Texto: Redacción Fotos: David Guzmán
Entre la chatarra y los desechos. Allí anidan los tesoros más preciados por Carlos Guillermo Rodolfo Villena Soux: piezas en desuso de artefactos electrónicos que en un pasado lejano fueron considerados de utilidad.
Los domingos, este ingeniero electrónico se hunde en los dominios de la feria 16 de Julio —en El Alto— en busca de válvulas de vidrio, potenciómetros o gastadas bobinas que le ayuden a revivir las glorias de centenarias máquinas.
Villena, de 53 años, es coleccionista de antigüedades. Y en cada recoveco de su hogar (Achumani), vitrolas y radios, entre otros, reinan y muestran al visitante las galas que lucieron en épocas pasadas.
En este momento, el potosino de tres nombres está a la caza de cristales de galena, semiconductores de sulfuro de plomo utilizadas a inicios del siglo XX, que le servirán para romper el silencio de un receptor estadounidense de 1925, en cuya refacción trabaja desde hace meses. ´Es un tesoro. Representa los primeros intentos de la industria por hacer radios comerciales´, asegura Villena, quien se declara un convencido de que todo tiempo pasado fue mejor. Y así lo demuestra en su hogar, donde las canciones de actualidad sólo hallan eco a través de radiorreceptores de los años cuarenta.
Entre vitrolas y clásicos
La pasión por la música marcó el destino de Rodolfo Villena. A temprana edad lo condujo a coleccionar una variedad de objetos relacionados con este arte y, posteriormente, a elegir su carrera profesional: ingeniería electrónica.
De niño —recuerda el también concertista de guitarra— su casa se inundaba a diario con las melodías de los grandes compositores del Viejo Continente. Ellos demostraban su talento desde los discos de acetato reproducidos en las vitrolas estadounidenses marca “Víctor” del francés Luis Soux, bisabuelo de Villena. Entonces, el adolescente intentaba emularlos desde una guitarra eléctrica que hoy forma parte de los 65 instrumentos de cuerda con que cuenta su colección privada.
Entre ellas se destacan una Gibson electroacústica de 1945, edición apreciada por Elvis Presley, y una guitarra Washburn de los años sesenta, modelo con el cual se impulsó el jazz en Estados Unidos. Todas ellas se hallan en una sala especialmente equipada para la producción casera de música.
Con los años, sin embargo, la elegancia de los radiorreceptores y la desafiante forma de las vitrolas de las décadas 30 y 40 que adornaban su hogar —de alta fidelidad y cuidadosamente elaborados en maderas nobles— ganaron la atención de Villena y lo separaron de su deseo de ser artista algún día.
´Comencé a escudriñar estos artefactos antiguos y llegué a admirar la tecnología de aquellas épocas. Sin muchos recursos, los fabricantes demostraban ingenio mecánico e inventiva´. Además, ´había otra filosofía: hacían las cosas para que realmente duren´.
Ese descubrimiento le impulsó definitivamente a dedicarse a la ingeniería electrónica, profesión que ahora permite a Villena instalar radioemisoras en el campo.
Con todo, en la actualidad, el también empresario minero, cuenta con una colección de 90 radios y una veintena de vitrolas. De ellas, más de un 90 por ciento se halla en funcionamiento.
Ocho años por una radio
Refaccionar una radio o vitrola antigua podría tomar más de un año, esto debido a la carencia de repuestos. En cuanto a los receptores, las piezas más difíciles de hallar son los potenciómetros y las válvulas de vidrio. Así, la feria alteña 16 de Julio se constituye en uno de los principales espacios para encontrar dichos repuestos.
Allí, además, se ofertan esporádicamente radios antiguas en desuso cuyas piezas pueden ayudar a revivir otros radiorreceptores.
´Muchas veces, uno pasa por excéntrico ante la gente por dedicarse tantas horas a esta actividad´, lamenta Villena, quien cuenta en su domicilio con un pequeño taller de restauración.
Una de las ´víctimas´ de la incurable pasión de este coleccionista potosino fue su propia tía abuela, a quien Villena rogó por ocho años para que le cediera una radio Grebe MU-1 Synchrophase. Fabricada en 1925 en Estados Unidos, la pieza —valorada en unos 400 dólares en internet— se halla entre las preferidas de este profesional de la electrónica.
Con todo, el dinero no parece ser un freno a la hora de adquirir una nueva pieza histórica. Así, por ejemplo, 500 dólares fue el precio que Villena pagó por un radiorreceptor Ericsson fabricado en una edición limitada en Suecia. El aparato funciona con válvulas de lámpara y llega a sintonizar —como la mayoría de los receptores antiguos de su colección— emisoras tan lejanas como las de Estados Unidos y de Asia.
´Si considero que una antigüedad es atractiva y vale de verdad la pena, pago´. Pero, ´jamás me he puesto a pensar cuánto dinero gasté o en cuánto está valuada mi colección´, señala Villena, quien recorre con frecuencia Potosí, Sucre y Oruro en busca de piezas.
En esa búsqueda, el aficionado a los objetos de tiempos pasados ha encontrado materiales curiosos como uno de los primeros marcadores de tarjeta en llegar a Bolivia. Utilizado durante el auge minero en Potosí, esta tecnología fue desarrollada por la empresa IBM a comienzos del siglo XX.
Codeándose con los esqueletos de parlantes de los años cincuenta que cuelgan en las paredes, la tenue luz en el taller particular de Villena se enciende una vez más.
Es domingo, y en la mesa de trabajo descansa el silente esqueleto de una vitrola. Villena busca revivir su pasado impulsado por las melodías clásicas que son expulsadas por una Clarion del año 1931.
Canales de la radio
Uno de los precursores de la radiodifusión fue Guglielmo Marconi, inventor italiano que trabajó por años en las propiedades que tienen las ondas electromagnéticas. Fue en el año 1897 que Marconi realizó la primera comunicación a través del canal Bristol (Inglaterra). Nació así la telegrafía sin hilos, antecesora de la comunicación radial actual. Luego, en 1922 se inició en Estados Unidos la radio comercial para emitir publicidad. Un año después se comenzó a emitir programas de narraciones, lo que aumentó radicalmente el número de oyentes. Sin embargo, el poseer un receptor a mediados del siglo XX era considerado un lujo. Según narra el coleccionista potosino Rodolfo Villena, mientras el promedio de ingresos en los países más avanzados era de ocho dólares, el costo de los modernos aparatos superaba los 40. A pesar de ello, la radio se convirtió en el medio de comunicación por excelencia. Alrededor de este artefacto, por ejemplo, las familias se reunían para entretenerse e informarse. Y, a pesar de la aparición de la televisión en 1948, la radiodifusión continuó su proceso de consolidación. En Bolivia, fueron los religiosos del colegio San Calixto los que en 1914 construyeron el primer transmisor con el cual empezaron a establecer comunicaciones inalámbricas con Viacha, a 32 kilómetros de La Paz.
En 1922 nació la emisora católica Radio Fides. Sin embargo, fue en 1929 que salió al éter la primera emisora comercial, Radio Nacional de Bolivia. Ésta fue creada por los hermanos Rodolfo y Enrique Costas. Con datos de ww.donmore.tripod.com