La democracia sometida a fuerte presión Después de los hechos del 11 de enero en Cochabamba, se ha abierto un inédito escenario de enfrentamiento en el país, que pone frente a frente a la sociedad civil contra la sociedad civil.
TENSIÓN EN COCHABAMBA • Un cerco policial, que luego fue rebasado, cuida de cerca la multitud afín al prefecto Reyes Villa.
Sin quedar del todo desapercibido, aunque poco destacado por los medios de comunicación, el enfrentamiento del pasado jueves en la ciudad de Cochabamba entre los miembros de los movimientos sociales, compuestos en su mayoría de cocaleros, y un numeroso grupo de personas lideradas por los autodenominados ”jóvenes por la democracia”, afines muchos de ellos al prefecto Reyes Villa, puede marcar una inflexión en los futuros escenarios de confrontación internos por una causa que a la luz de los hechos fue por demás evidente: un choque eminentemente civil, el más serio después de Huanuni, el centro minero que en octubre del año pasado puso frente a frente a mineros cooperativistas con asalariados.
Ya no fue el tradicional espacio en el que medían fuerzas el Estado —representado por su aparato represor (policías y militares)— y la sociedad civil —liderada la mayoría de las veces por los llamados movimientos sociales—.
A tal grado fue un choque entre ”pares” que en caso de prolongarse habría sido difícil distinguir al aliado del ”enemigo”, salvo algunos componentes raciales y de clase social que también estuvieron presentes: color de piel o vestimenta, por ejemplo. A tanto llegó la confusión, que a más de uno le costó demostrar ante la agresión de sus propios compañeros que era parte del mismo bando.
Se abrió por lo tanto un nuevo escenario —antes inédito— de confrontación que puede resumirse en el cliché de sociedad civil vs. sociedad civil, y que se suma al desgastado Estado vs. sociedad civil y al que —a decir del analista Carlos Hugo Molina— incluso es posible añadir uno tercero: Estado vs. Estado, que es el que enfrenta actualmente al Gobierno con los prefectos de los departamentos de la llamada ”media luna” —Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija—, además de Cochabamba, y que es, en gran medida, una de las principales causas del conflicto político y social que hoy vive el país.
Desde luego, independientemente del tipo de conflicto, si hay algo que destacan propios y extraños es que lo sucedido en Cochabamba —y quizás antes en Huanuni— es una penosa demostración de que los bolivianos, desde el seno de la sociedad civil, pueden enfrentarse entre sí, y que el conflicto puede amplificarse y replicarse en otras regiones y en distintas circunstancias.
¿Cuáles son los orígenes de este conflicto y cuáles sus causas? ¿Qué piensan los actores? ¿Hay vías de escape o es más bien un callejón sin salida? ¿Se están pisando los límites de una posible ”guerra civil”? ¿Es todavía la Asamblea Constituyente el instrumento de resolución de la crisis, tal como fue concebida desde un inicio?
Son preguntas que intentaremos responder en las próximas líneas a través de la voz de los protagonistas, analistas y ciudadanos preocupados por un futuro de por sí complejo.
Para muchos, los orígenes de la crisis bien pueden hallarse en la misma fundación de la República, en 1825, siendo el inicio de una historia de exclusión con severas crisis cíclicas, como la Guerra Federal de principios del siglo pasado, la era posguerra del Chaco o la Revolución de 1952, aunque nunca de manera tan consecutiva como lo sucedido el último lustro y que comenzó con la llamada ”guerra del agua” en 2000 y continuó con las movilizaciones campesinas de 2000 y 2001, la rebelión de octubre de 2003, las crisis políticas de enero y junio de 2005 y los conflictos de enero de 2006.
Un largo proceso que, independientemente cómo y dónde comenzó, halló en la Asamblea Constituyente (AC) un puerto en el cual desembarcar, ”un instrumento político concebido para resolver la crisis”, advierte el politólogo Carlos Cordero. En ello coincide gran parte de los análisis y así lo entienden los propios asambleístas, sean éstos oficialistas o de oposición.
”La AC nace como una consigna y no tarda en convertirse en una demanda de los movimientos sociales. Es el MAS que, luego de su victoria de diciembre de 2005, la asume como un instrumento favorable para llevar adelante sus propuestas a partir de su dominio político, muy a contramano de lo que la percibe la oposición: un escenario donde puede perder fuerza ante el MAS”, dice , desde Cochabamba, el analista Fernando Mayorga.
Al respecto, su colega Roger Cortez afirma que si el MAS tiene un lugar preponderante en el proceso constituyente es porque ”se lo ganó por mérito propio”.
A pesar de ello, si bien la AC nació y fue presentada como una forma de ”salvación del país”, sus ”progenitores”, al parecer, no lo entendieron así. ”Lo que pasa es que el MAS nunca tuvo a la Asamblea dentro de sus propuestas iniciales, y cuando la incluyó fue como un instrumento de estrategia de poder y no como un espacio de pacto democrático que intente encauzar las fracturas históricas del país. Por ello, creo que la Asamblea va a un callejón sin salida”, opina el ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas.
A esto no tardó en sumarse la cada vez más recurrente crítica de no haber construido pactos y acuerdos previos en la etapa preconstituyente.
”Si bien el proceso se caía de maduro, fue concebido con los vicios y aciertos de la era democrática (inaugurada en 1982) sin que ni unos ni otros hayan sido luego discutidos en una etapa preconstituyente”, asegura, por su parte, la ex diputada Erika Brockmann.
No comparte del todo esta percepción la asambleísta por el MAS, Loyola Guzmán, para quien sí hubo una etapa preconstituyente y que incluso fue más o menos larga: ”Varias organizaciones sociales avanzaron en propuestas concretas, como las campesinas, indígenas o la coordinadora de mujeres. Es decir que no estamos partiendo de cero, aunque lo que quizás faltaron fueron acuerdos entre partidos y agrupaciones ciudadanas”, matiza Guzmán.
Al respecto, Héctor Arce, viceministro de Coordinación Gubernamental, aclara que, aunque gradual, ”lo que ha comenzado es una revolución porque se están produciendo profundos cambios, lo que produce tensiones, especialmente si lo que hay es un nuevo reordenamiento de las fuerzas en la sociedad”.
Como fuere, una guagua no querida, la Asamblea, y la incapacidad de forjar acuerdos y pactos nacionales menos aún entre los sujetos ahora en conflicto —Gobierno y actores emergentes (prefectos y movimientos cívicos)— son, entre otras, las causas del actual estancamiento del cónclave, que habiendo consumido la mitad del tiempo de su vida útil, ni siquiera ha podido aprobar las reglas del juego.
Por ello, ”el enfrentamiento de Cochabamba es el resultado del choque de una vieja y una nueva forma de Estado”, dice a manera de conclusión Carlos Hugo Molina. Choque que se refleja —como hemos visto— en tres ámbitos: la Constituyente, un Poder Ejecutivo todavía con un alto respaldo ciudadano y la irrupción de nuevos actores territoriales.
En este marco se desarrolla lo que algunos llaman el ”empate catastrófico” y Erika Brockmann prefiere denominar como ”empantanamiento” y que coincide con su teoría de las ”emes”: que la crisis es producto del maximalismo (el todo o nada), el maniqueísmo, el machismo, la mediocridad, los miedos, los mitos y mentiras con los que se han manejado los líderes del país.
Para Carlos Cordero, todo pasa por el cambio de actitud de los líderes, en los que a pesar de todo sí es posible hallar coincidencias, entre ellas la vocación de cambio. ”Todos saben que Bolivia ha iniciado una nueva etapa y que a esta altura ya es irreversible. Lo que difiere es la visión de si este cambio debe ser gradual o revolucionario”, dice el analista. Al parecer, el primero en definirse deberá ser el gobierno del presidente Morales.
A tal grado fue un choque entre ”pares” lo que sucedió en Cochabamba, que si el conflicto se prolongaba habría sido difícil distinguir al aliado del ”enemigo”
Puntos de vista y perspectivas del conflicto
Víctor Hugo Cárdenas, ex vicepresidente de la República.
El 22 de enero dije que la Constituyente sería la crónica de una desilusión anunciada. Hoy lo ratifico. Lo que pasa es que el Movimiento al Socialismo (MAS) nunca tuvo a la Asamblea dentro de sus propuestas iniciales.
Carlos Cordero, analista político. El MAS debe definir internamente si entiende a la Asamblea como un instrumento de cambio gradual o revolucionario. Lo primero implica concertar, lo segundo concentrar el poder, y al que tiene poder le cuesta compartirlo.
Samuel Doria Medina, asambleísta por Unidad Nacional. Hay radicales tanto en el oficialismo como en la oposición y que están poniendo al país al borde del abismo. No hay duda que es la ley del más fuerte, lo que se refleja en la Asamblea, que tiende a perder legitimidad día que pasa.
Loyola Guzmán, asambleísta por el MAS. Lo sucedido en Cochabamba fue algo muy serio porque fue una confrontación civil. Antes los enfrentamientos eran entre el Estado y la población, ahora fue distinto y es algo que debe ser investigado y no repetirse.
José Antonio Quiroga, analista. Me preocupa que ya no exista un esquema de mediación: ya no existe un sistema de partidos, a la Iglesia le cuesta cada vez más asumir el papel y la credibilidad de los medios ha sido puesta en cuestión más de una vez.
Fernando Mayorga, analista político. Una de las salidas al empantanamiento político es un pacto autonómico, que consiste en la coexistencia de las dos demandas visibles de autonomía, y que ahora aparecen como antagónicas: la regionalista y la indigenista.
Héctor Arce, Coordinación Gubernamental. Un solo gobierno no puede solucionar todos los problemas del país, que datan de hace más de 180 años. Para ello, tienen que firmarse nuevos pactos y no hay otro lugar para hacerlo que en la Asamblea Constituyente.
Marcela Revollo, asambleísta por el MAS. Lo que ahora como asambleístas nos toca hacer es recuperar la confianza de la gente, identificar todo aquello que nos une. Si no lo hacemos y mantenemos el estado de situación, la Constituyente corre el riesgo de colapsar.
Erika Brockmann, ex diputada nacional. De lo que se trata es hacer un esfuerzo radical para entender al otro, trabajar en la complementariedad antes que en las diferencias. Después de todo, la mentalidad de los líderes siempre se refleja y reproduce en las bases.
Carlos Hugo Molina, abogado y analista. Todavía apostamos porque la solución no llegue por el desastre y que los bolivianos reaccionemos como solemos hacerlo: que los actores en conflicto retrocedan y se frenen aunque sea cinco minutos antes del desastre.
Las posibles llaves y salidas a la crisis
Las propuestas de salidas a la crisis son de las más diversas, aunque teñidas, muchas de ellas, con un espeso pesimismo.
Las hay desde las ”extremas”, como la que sostiene el analista José Antonio Quiroga, que adelanta la debacle, salvo que el partido gobernante dé un un giro democrático de 180 grados.
En la otra vereda están los optimistas, como Carlos Hugo Molina, que cree que, una vez más, ”los bolivianos desistirán de saltar al abismo aunque esta vez estén en la orilla”.
Los que están en una franja intermedia asientan sus esperanzas en la devaluada Asamblea y algunos incluso arriesgan algunas propuestas. Es el caso de la ex diputada Erika Brockmann, que sugiere un ”pacto de transición territorial” en tanto se apruebe la nueva normativa en la Asamblea.
Comparte la idea de un pacto Fernando Mayorga, aunque él lo llama ”autonómico”, que es a decir suyo ”una de las salidas al estancamiento político y consiste en la coexistencia de las dos demandas visibles de autonomía, y que ahora aparecen como antagónicas: la regionalista y la indigenista. Este pacto implica que el Gobierno acepte la autonomía departamental y los departamentos no limiten su visión y consideren también las autonomías indígenas”. Para ser efectivo —dice Mayorga— ”el acuerdo debe materializarse indudablemente en la Asamblea”.
Este cochabambino está convencido de que ”un pacto se va a dar, aunque es posible que ya no sea un pacto social. Como fuere, nada aún está perdido, ya que por lo menos se ha encauzado la crisis política en el marco de un proceso constituyente. Por lo tanto, los dados todavía ruedan sobre la mesa”.
Finalmente, consultado sobre las posibles salidas a la crisis, el cruceño Carlos Hugo Molina asegura que ”la solución debe ser compleja como lo es el problema, por lo tanto ésta no pasa sólo por la intervención de un actor sino de todos los protagonistas del conflicto”. Respecto a una posible ”guerra civil”, el analista cruceño cierra con esta interrogante: ”¿Habrá quien se anime a lanzar la primera piedra?”
Entrevista
“Hay conductores radicales en el Gobierno y en la sociedad” Víctor Hugo Cárdenas ratifica que la Asamblea es la crónica de una desilusión anunciada.
Definiciones parece pedir el ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas: que el Gobierno aprenda a convivir con los prefectos, que éstos entiendan que todavía son parte del Poder Ejecutivo, y que los movimientos sociales definan si son parte de la sociedad, del Estado o del partido (gobernante).
¿Cree que el enfrentamiento en Cochabamba ha marcado un antes y un después en el conflicto político que vive el país? Es un momento de profunda preocupación, ya que estamos viviendo las consecuencias de un discurso de confrontación y una limitada visión de un Estado democrático e institucionalizado.
¿Qué debería ceder cada quién para llegar a un acuerdo? El Gobierno debe aprender a convivir con los prefectos que no comparten su misma línea ideológica. Por otro lado, los prefectos deben entender que todavía son parte del Poder Ejecutivo al igual que lo son de un proceso de descentralización. Finalmente, los movimientos sociales deben definir si son parte de la sociedad o son parte del Estado y del partido (gobernante). Esta confusión es, en gran medida, uno de los motivos del conflicto.
¿Cuánto le preocupa que lo sucedido en Cochabamba haya sido, después de Huanuni, un enfrentamiento civil? Los actores directos han sido civiles, pero la responsabilidad es de quienes no pudieron prever estos conflictos, que, por otro lado, estaban cantados… La democracia significa reglas de juego, pero también instituciones; el Estado está compuesto de normas e instituciones, por lo que el respeto a la vida institucional es básico…
¿Comparte la visión de quienes piensan en una salida catastrófica y quizás teñida por un supuesto autoritarismo del MAS? Tengo la percepción de que en este momento la gente que tiene una escasa cultura democrática, portadora de una visión autoritaria y excluyente, es la que está tomando decisiones dentro del MAS: conductores radicales que están en el Gobierno, pero también en la sociedad.
Por consiguiente, la solución al conflicto pasa necesariamente por un cambio de conducta de los líderes y actores… El cambio de actitud es imprescindible, pero también lo es que cada quien asuma sus responsabilidades. En otras palabras, se requiere de liderazgo, de organización política pero también de programa. Y lo cierto es que los temas pequeños de revancha y rivalidades predominan ante la ausencia de un programa.
Si bien a un inicio se pensó que la Constituyente podría ser el escenario e instrumento de resolución de la crisis, al parecer esa idea ha sido rebasada por la realidad… El 22 de enero dije que la Asamblea sería la crónica de una desilusión anunciada. Hoy lo ratifico. Lo que pasa es que el MAS nunca tuvo a la Asamblea dentro de sus propuestas iniciales. Cuando la incluyó fue como un instrumento de estrategia de poder y no como un espacio de pacto democrático que intente encauzar las fracturas históricas. Por ello, creo que la Asamblea va a un callejón sin salida.
¿Qué posibles salidas al conflicto sugiere? El Gobierno debería invitar a los nueve prefectos a una reunión urgente para evitar que el conflicto se amplíe a otras regiones. Por otro lado, se debe crear reglas de juego mínimas en tanto la Asamblea concluye su trabajo. Respecto a la nueva Constitución, los artículos deben ser aprobados por un consenso unánime o mayoritario. En otras palabras (la nueva Constitución) debe ser fruto de un pacto.
“Los movimientos sociales deben definir si son parte de la sociedad o del partido (gobernante)”.