No recuerdo qué presidente sudamericano de los últimos años acuñó la frase que encabeza esta nota, y ni siquiera recuerdo si era exactamente así. Pero el concepto no varía, era lo que se quería expresar en un momento de crisis, cuando los economistas independientes —y opositores— observaban que se venía encima del país una catástrofe económica sin precedentes. Sin embargo, el Presidente estaba muy tranquilo (o sería sólo su apariencia), y cuando la prensa le preguntaba, bulliciosa, qué sucedía con la economía; qué pasaba con el descontento popular; por qué había más hambre; peor educación y menos vivienda; el Presidente sonreía paternalmente, juntaba las manos como orando a Alá, y lanzaba la misma explicación de siempre.
Decía el Mandatario que no había que preocuparse de nada. Y reafirmaba a la prensa: ´Muchachos, estamos bien, pero andamos mal…´ ´¿Pero y eso cómo se interpreta?´, se preguntaban, inquietos, los hombres de prensa y el público. Y S.E. explicaba que la economía había crecido tanto como las exportaciones, que no faltaban mercados para sus productos, que la moneda nacional estaba más fuerte que el dólar (¡vayan al Banco y por cada peso recibirán un dólar!), que las divisas abundaban, que la inflación estaba controlada. Decía que la macroeconomía estaba firme y que la microeconomía llegaría a dar bienestar; que se harían caminos interoceánicos, megapuertos, urbanizaciones populares, y más créditos para la producción. Recibía ovaciones de los empresarios privados, mimos, homenajes, mientras que los asalariados, sin entender nada de la macroeconomía ni de la micro, notaban que las monedas eran cada vez más escasas en sus bolsillos.
¿Y qué sucedió? Pues el optimista Presidente se fue y resultó que aquello de que ´todo estaba bien pero andaba mal´ era una gran mentira. Simplemente ese país andaba mal porque estaba mal. Resultó que lo primero que hizo la gente fue correr a los bancos para retirar sus pesos, que, supuestamente, valían lo que un dólar. Y cayeron como chorlitos los propios empresarios. Se encontraron que para retirar un dólar o comprarlo en el mercado necesitaban cuatro pesos. ¡Sus ahorros se habían reducido a la cuarta parte! Pero, además, no había dólares en los bancos. No había el respaldo para la moneda nacional. Y la gente se quedó sin dinero porque los bancos, carentes de divisas, hicieron lo que se llamó ´el corralito´, es decir la confiscación de dólares.
Ese Gobierno se fue maldecido por el pueblo, el que le sucedió no aguantó la presión y cayó, el que vino se fue también, y el siguiente sufrió la misma suerte. Todo en un par de años. Así que eso de que ´estamos bien pero andamos mal´ es archijodido. Eso de que la macro está bien pero la micro no funciona, es como para hincarse a rezar golpeándose el pecho.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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