Después del ´desencuentro catastrófico´ de Cochabamba, la semana pasada, el Gobierno ha dado un paso atrás en sus costumbres de movilizar campesinos cuando quiere obtener algo por las malas. En este momento, la defenestración de los prefectos —elegidos legítimamente— que no se arrodillan ante el partido gobernante. En efecto, luego de que las huestes del MAS invadieron Cochabamba y los vecinos de la ciudad movilizaron miles de personas para rechazar la violenta actuación de aquella milicia, con dos muertos de por medio, los agentes gubernamentales que provocaron la invasión prefirieron ordenar una retirada estratégica, a que se produjera un mayor derramamiento de sangre.
En efecto, los agitadores adictos al Gobierno anunciaban una gran marcha desde El Alto que bloquearía la ciudad de La Paz. Pero es posible que esos señores todavía no se hayan dado cuenta de que El Alto es cada vez una ciudad con más voluntad de paz y trabajo, frente a los reductos todavía existentes de un lumpen insaciable de agitación y desorden. El resultado fue que la ´gran marcha´ fue tan sólo un cohetillo mojado. Al mismo tiempo el Gobierno frenó los excesos que los activistas tenían preparados, con el pretexto —justificado— de que el señor Presidente emitiría su mensaje a la Nación en el Congreso Nacional, al cumplirse un año de su mandato y después se celebraría en la plaza de San Francisco, un jolgorio popular con más discursos ardorosos, aliñados con sahumerios cósmicos y actuaciones musi- cales. Era mejor esta solución retórico-folklórica que la invasión de campesinos y un final a garrotazos.
El mensaje del señor Presidente, al estilo del viejo Castro y del untuoso Chávez, duró cuatro horas y media, fue repetidamente aplaudido por sus ´fans´, aunque también deslizó impertinencias impropias de un discurso presidencial. Es su costumbre, siguiendo también al malcriado Presidente venezolano. Por cierto que, días antes, tanto Chávez como Evo, hicieron el ridículo en la reunión internacional del Mercosur. El primero, perorando vaciedades bolivarianas demagógicas. Y el segundo, Evo Morales, metiéndose indebidamente en la política de su colega colombiano, Álvaro Uribe. Al punto que este último tuvo que reprocharle al Presidente boliviano su mala educación. ¿Cuándo aprenderá que las relaciones internacionales no son iguales que los mitines del Chapare?
Pues bien, al cumplirse un año de mandato, la alabanza más frecuente que se le prodiga a Evo Morales es el mérito de un campesino autóctono que llega a Presidente de la República y el haber aumentado los ingresos fiscales procedentes de la venta de gas. La crítica más frecuente es que aplica una política de confrontación y de que está profundizando el odio racial. Además de su progresivo autoritarismo. Y en lo que se refiere a la política exterior, la pérdida de crédito internacional de Bolivia, que no se recupera.
Con quiera que se dice que la experiencia es la madre de la ciencia, esperemos que el año de ejercicio gubernamental sirva para aprender algo sobre la ciencia de gobernar. No obstante yo creo que la experiencia es más bien la hija de los golpes. Pues a ver si a fuerza de errores se aprende a gobernar mejor. ¡Pero no nos hagan esperar demasiado!
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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