El informe presidencial del lunes pasado nos dejó, paradójicamente, con sabor a poco, y es que era mucha dosis. Poco, en el sentido de trabajar un discurso, de percibir que las camisas no deben ser confeccionadas con once varas, en fin, en lo más elemental de la comunicación no literaria que debe ser el poder de síntesis. Esto es dicho amablemente, porque a decir verdad, Su Excelencia nos resultó extremadamente latosa, insoportablemente soporífera, y eso no lo demostraron los conspiradores de siempre, sino gente tan comprometida con el cambio como el senador masista don Antonio Peredo (et all).
Estos excesos verbales de Su Excelencia invitan a hacer comparaciones y reflexiones, por ejemplo entre el hombre de hoy con el candidato presidencial, que no participaba de un debate y no concedía una entrevista ni por equivocación, quien diría que nos iba a salir un presidente infinitamente verbal. Pienso por el otro lado en Felipe Quispe y mal me imagino alguien en el mundo político boliviano con mayor capacidad de síntesis, y con mayor contundencia que el mencionado Mallku, ¿recuerda usted amigo lector el “para que mi hija no sea tu empleada” que espetó el camarada de Álvaro García Linera cuando fue detenido, acusado de sedición y terrorismo?
Se podría decir que me estoy preocupando demasiado de la forma, y no del fondo, que es una mezquindad no reconocer los logros de este año de gobierno, y estarse preocupando antes del discurso, que de las acciones. Y puede que sea verdad. En el plano económico, si realmente pudiéramos concentrarnos en los hechos, hasta podríamos alegrarnos, al menos, los liberales, porque para empezar, ha pasado todo un año, y el 21060 sigue tan vivito como en los mejores tiempos de Sánchez de Lozada como ministro de Planeamiento. Se ha dado mayor seguridad jurídica a las empresas petroleras, y se ha desterrado por un buen tiempo la idea de una nacionalización de a de veras.
Otra cosa es en el plano político, porque aquí el Gobierno ha sacado las garras en más de una ocasión, me refiero entre otras cosas al nombramiento a dedo de los jueces de la Corte Suprema, y al quilombo que ha armado en Cochabamba para medir fuerzas con Reyes Villa, el tema de la Constituyente es interesante, porque podría ser utilizado como paradigma de cómo el partido que detenta una mayoría absoluta trata a toda costa de imponer su criterio, por sobre la dinámica democrática. Estamos ante un ejemplo didáctico de cómo se trata de preparar una carta magna a medida del poderoso de turno, dejando a la oposición, y por ende a la democracia fuera del escenario.
Volvamos a la forma, el discurso de Su Excelencia puede también ser visto como una estrategia contra cualquier pretensión de análisis de parte de opositores críticos, se tiene que ser o muy aplicado o muy ocioso para hacerle honores a cuatro horas y media que amenazaban con no tener fin.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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