El 22 de enero de 2006 la noticia que giraba alrededor del mundo era la asunción del primer presidente indígena en Bolivia. Los pueblos indígenas, originarios y campesinos hasta entonces excluidos y olvidados por los distintos gobiernos de turno, no ocultaron el derroche de su felicidad, pues se les presentaba el momento histórico de su reivindicación. El sueño del cambio empezaba a hacerse realidad...
En medio de esos festejos salía por la puerta grande del Palacio de Gobierno la figura de un hombre que llegó ahí por esos designios de la vida para cumplir un mandato: el de preservar la unidad y estabilidad del país en medio de una profunda crisis política y social.
Hace un año, cuando todos festejaban… nadie se acordaba del ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé…el triunfo electoral era tan contundente que, en medio de la fiesta, nadie se percató de su salida.
El ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé, un hombre justo, cual imagen digna de un juez, quien desprendiéndose de todo egoísmo personal, puso a disposición del país su trayectoria profesional y su incalculable valor humano, nos dio una lección de vida: que sí era posible lograr un mejor país, mediante la unidad de todos y con una fuerte vocación de servicio público. Hoy los bolivianos extrañamos esos conceptos.
El ex presidente Rodríguez Veltzé cumplió a cabalidad con su
principal mandato: convocar a elecciones generales y de prefectos en diciembre del 2005 y concertar la convocatoria de la Asamblea Constituyente y el Referéndum Autonómico para julio del 2006. Lo hizo con absoluta imparcialidad política, garantizando la continuidad de una gestión profesional eficaz y transparente y, sobre todo, preservando el bien común por encima de cualquier interés personal. Sólo bajo ese esquema de total apego a las leyes se podía haber dado la elección por primera vez en nuestra historia —impensable en otros momentos— de un presidente indígena.
Frente a las adversidades del proceso pudo preservar la unidad del país, realizar las elecciones y concretar una transición ordenada. Su indeclinable apego al principio de legalidad y a los valores democráticos contribuyeron significativamente al cambio que hoy se opera en el país.
Hoy, habiendo pasado el festejo, el ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé es objeto de calumnias e injurias, de innumerables violaciones a sus derechos civiles y de una persecución implacable promovida por quienes dicen defender la justicia, poniendo en riesgo su libertad y los valores democráticos que nos enseñó a defender. Hoy sin las condiciones del debido proceso se lo pretende juzgar y condenar por delitos que no cometió y que tienen una sanción de 30 años de cárcel. El ex presidente Rodríguez rindió debida cuenta, en todo tiempo, de todos sus actos y particularmente en relación al operativo estrictamente militar que, en su ausencia del país, dispuso el irregular traslado de misiles. No existe mérito, razón, ni criterio de racionalidad para alentar este injusto proceso en contra de quien probó ante el país su estricto apego a la ley.
No se puede juzgar al ex presidente Rodríguez Veltzé por los actos de otras personas… si se le puede juzgar por algo, es por salvar al país.
Después de un año de festejo, el país tiene una deuda pendiente con el ex presidente Rodríguez Veltzé. La grandeza de los nuevos gobernantes se reflejará en el reconocimiento y la gratitud hacia este hombre que le dio un gran aporte al país.
Es hora de que las autoridades y los órganos competentes liberen de toda culpa al ciudadano que cree en los valores de justicia y libertad, que puso el bien de la patria por encima de cualquier ambición personal, que no cometió ningún delito y que lo único que hizo fue luchar por preservar nuestro sistema democrático. Es hora de parar las persecuciones a un inocente. Es hora de darle las gracias por lo que hizo en bien de todos.
Hace un año, cuando todos festejaban…nadie valoró que el país estaba perdiendo a uno de sus mejores gobernantes.
*Waldo M. Gutiérrez Iriarte es ex ministro de Hacienda del gobierno de Eduardo Rodríguez V.
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