El fin de semana en la prensa nacional e internacional se informó del nacimiento en Barcelona, España, de unos gemelos producto de una fertilización invitro realizada en EEUU, a una mujer española jubilada de 67 años.
Al parecer, cualquiera diría a simple opinión que este hecho es un gran ´éxito´ de la biología de la reproducción; sin embargo, si analizamos cuidadosamente este evento podemos decir con precisión que se trata de un reprobable dilema ético.
Hace 29 años se obtuvo en Inglaterra la primera recién nacida producto de una fecundación invitro en humanos; desde ese momento surgió un inmenso cúmulo de ideas fascinantes en el mundo de la reproducción humana, que se hicieron realidad a través de los años, y que ahora sirven a la comunidad para facilitar la fertilidad en parejas infértiles. Siempre, cuidando lo más que se pueda los valores éticos y morales de la sociedad mundial y controlada por organismos internacionales mediante códigos de autorregulación. Esto hizo que el hecho de realizar una fecundación invitro mediante donación de ovocitos deba tener algunas restricciones, una de ellas la edad de la futura madre.
En EEUU la edad máxima para recibir embriones donados para ser gestados es de 55 años y se relaciona directamente con la esperanza de vida de las mujeres en ese país y la futura educación y manutención del ser que nace, además de algunos riesgos aumentados, descritos en embarazos a edades tardías.
En España, donde la reproducción asistida es una de las técnicas más desarrolladas en el mundo, a la mujer de 67 años se le había negado la posibilidad de recibir ovocitos de donante por su edad avanzada. Sin embargo, ella no vio otra alternativa que vender su casa en 58.000 dólares americanos y realizarse el invitro en otro país, donde ella podría ´mentir´ acerca de su edad. En verdad, esa afirmación es ridícula y poco creíble, más aún tratándose de un centro de fertilidad supuestamente ´serio´ donde el primer documento que se pide a los pacientes es el DNI (cédula de identidad) y donde la fecha de nacimiento es difícil alterarla por varias razones.
La ambición por marcar la diferencia o ser los primeros en algún descubrimiento científico muchas veces pone en riesgo la salud de las personas y destruye prácticas éticas consensuadas en las sociedades científicas que regulan los
procedimientos de investigación. Posiblemente la ´abuela-madre´ actualmente goza de un adecuado estado de salud y fue capaz de mantener y dar a luz un embarazo gemelar (de alto riesgo); sin embargo, en 10 años probablemente la ´anciana madre´ necesitará tantos o más cuidados que sus gemelos. Es necesario recalcar, una vez más, que el objetivo de la reproducción humana no es concebir niños que pronto se convertirán en huérfanos, por el simple hecho de conquistar primeras planas de los periódicos.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra y docente universitario UNSLP.
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