Cascadas, vegetación y leyendas vivas se unen en el Parque Ecológico de Sud Yungas.
Texto: Patricia Cruzado • Fotos: David Guzmán
La semioscuridad de las vastas salas del castillo presagia una inminente aparición del fantasma de Tejada Sorzano. Al cruzar la puerta que encierra el dormitorio presidencial, una sombra alargada se cierne sobre el intruso que apenas ahoga un grito. El rugido de la madera le despierta del profundo sueño cobijado en el dormitorio del ex mandatario boliviano.
Un azul intenso y envolvente colorea los tabiques de la habitación, iluminada por numerosas ventanas coronadas por un techo de brazos de madera. Esta pieza corresponde a la parte más alta del Castillo del Loro, ubicado en la región de Sud Yungas, a 64 kilómetros de la ciudad de La Paz.
La hacienda alberga varias casonas que datan de 1819; el castillo fue construido en 1936 por el ex presidente José Luis Tejada Sorzano, quien amaba profundamente el lugar. Tras dejar el país y morir en el exterior, las leyendas en torno a la eterna presencia de Tejada Sorzano fueron alimentadas por la gente de la comunidad y muchos de los visitantes. No es casualidad que el itinerario del Parque Ecológico del Loro, que abarca 175 hectáreas, que incluye las seis edificadas alrededor del pétreo castillo, lleve por nombre ´la ruta del Fantasma´.
Todo un espectáculo de paisajes acompaña al aventurero desde que sale de La Paz, punto de partida del viaje. La carretera de los Yungas conduce primero hacia La Cumbre, a 4.685 msnm. En su planicie, decenas de personas hacen la parada pertinente para la bendición de sus vehículos, pidiendo la protección de la Pachamama, antes de emprender la difícil tarea de encaminarse por los terrenos de la región. Continúa el camino asfaltado hasta alcanzar la bifurcación en dirección a Sud Yungas, desde donde el paisaje y el clima se van haciendo tropicales.
La exuberante vegetación trepa por las laderas que se abren y cierran conforme se avanza por la abrupta vía. Las curvas abrazan las montañas mientras escalan la carretera ya sin asfaltar, al tiempo que una aureola de nubes anuncia al conductor de que se acerca a su ansiado destino.
El sendero va regalando sorpresas al descender hasta los 1.934 msnm. Un ejemplo es la ex fundidora de plata Yerbani, construida el año 1760 y más tarde usada por los jesuitas, hasta que en la Guerra del Chaco fue empleada como campamento para prisioneros paraguayos, responsables de la construcción del sendero. Además, un sinfín de cascadas procedentes del deshielo baña la caída de las cumbres, hasta extinguirse al alcanzar al río Unduavi, fiel compañero durante el viaje.
Como no podía ser de otra manera, un loro vigía, sobre una de las columnas que sostienen la puerta enrejada, da la bienvenida al castillo de arquitectura medieval. La llegada se endulza con un yungueñito junto a la piscina ante la vista de los tablones que indican los senderos que recorren el Parque Ecológico del Loro.
Para todos los gustos
Fernando Álvarez Plata y Mirtha Bustamante, los responsables de la recuperación de este hermoso paraje, propiedad de la familia Portugal, acogen a sus invitados con generosa hospitalidad.
´Las posibilidades de disfrutar del parque son infinitas´, explica Mirtha. ´Bañarse en las cascadas, recorrer senderos para conocer la flora autóctona, jugar al volley playa y, muy pronto, disfrutar de un pedazo de playa en la ribera del río Unduavi son algunos ejemplos´.
Entre los proyectos de los gestores se destacan la ampliación de los cinco kilómetros de senderos actualmente habilitados, a 20 en tres años, y el aprovechamiento de las pozas (donde antaño se transformaba la fuerza del agua en energía) en piscifactoría de truchas, de manera que los visitantes puedan pescar su propia cena. El excedente de este pez podrá ser empleado para repoblar el río cercano.
Además, a corto plazo, los aventureros tendrán la oportunidad de volar sobre las corrientes de agua, deslizándose de un lado a otro del río por una cuerda de 150 metros de longitud a una velocidad de 70 kilómetros por hora.
La reconstrucción del Castillo del Loro tras 10 años de abandono ha costado un año y medio de dedicación absoluta. Es, además, una forma de promover el empleo entre las personas de la comunidad cercana. Diez son las familias para las que supone el sustento.
Por otro lado, ´el objetivo último del parque es promover la armónica convivencia entre ser humano y naturaleza. La preservación de los espacios naturales no está reñida con un uso sostenible que permita que aquel que lo desee pueda entrar en contacto con la Pachamama´, explica Mirtha.
Estas caminatas no serían posibles sin el trabajo del ´guardián de la selva´, Raúl Quispe Flores, responsable de la escuadrilla de avance. Su labor consiste en contener diariamente el crecimiento de la vegetación que va comiendo los senderos. Con un enorme machete en la mano se mueve entre las hortensias, consideradas como las flores de los muertos, y la frondosa vegetación con total facilidad. Al ver su habilidad en el manejo de la herramienta, no hace falta preguntarle dónde nació, la imagen habla por sí misma.
Tres deseos se pueden cumplir si son solicitados la primera vez que se visita la cascada de la Gruta, donde el sonido grueso del agua salpica gotas de cristal. Al penetrar entre las rocas que guardan el espacio, un estanque de agua helada invita al baño. Para llegar hasta ella se debe cruzar un puente colgante cuya base de alambre grueso permite ver pasar las aguas bajo los pies, lo que transmite una sensación de vértigo mezclada con la de grata libertad.
En una de las paredes, una pintura colectiva realizada por franceses, bolivianos y españoles muestra el grito de la Pachamama al humano pidiendo atención para el cuidado del parque, para la preservación de la naturaleza.
La Cascada del Tucán y la Poza Encantada, más cercanas a la fortaleza, son algo más relajadas y en la época seca se convierten en lugares ideales para meditar.
En los senderos no es extraño encontrarse con plantas de tabaco y flores de hortensias, que nunca deben ser usadas para los vivos. Los osos negros o jucumaris también habitan la zona, pero cada vez es más difícil encontrarlos, ya que van adentrándose en el bosque por temor a la presencia del hombre. Lo mismo ocurre con los venados, tejones, faisanes, loros y picaflores que configuran la fauna del parque. Los primeros pueden ser vistos bebiendo agua en la orilla del río a primera hora de la mañana. En la zona que rodea al Castillo del Loro la flora resulta especialmente peculiar debido a que los distintos dueños de la propiedad han ido construyendo un jardín. Nueces, limas, paltas, almendros, palmeras, pinos y pacay son algunos ejemplos.
La mariposa negra, temida por la superstición de la mala suerte, aparece y desaparece a su antojo en algunas zonas del espacio protegido. Con la caída del sol, se atreven a salir diminutos murciélagos, inofensivos para el hombre, que planean torpes bajo el cielo yungueño.
Piedra a piedra
El ladrillo y la piedra fueron los únicos materiales empleados en la construcción del Castillo que imita la arquitectura de las fortalezas grisáceas escocesas y españolas. El amplio salón restaurante transporta al periodo colonial por la abundancia de mobiliario de la época, adquirido en España, Francia y Potosí. Una vitrola francesa, una radio española y un clavicordio propiedad del ex presidente amenizaban la fiestas hace 60 años. Incluso, el baúl de madera oscura con el que viajaba el político permanece en la sala. La cocina es uno de los placeres ofertados en el Castillo del Loro. Una deliciosa trucha acompañada de variada guarnición (ensaladas, papas, arroz), y como postre un crêpe dulce se pueden degustar tras un día de la larga caminata a través del parque. Seguro, Fernando y Mirtha se ofrecerán a amenizar la velada con un karaoke en el que cada cual puede mostrar sus habilidades en el arte del canto y el baile.
La flauta del amante
El color en las paredes le da personalidad a cada una de las estancias de la fortaleza en la que la luz penetra incansablemente.
En el castillo encantado, hasta los muebles hablan. El tocador de la habitación principal tiene forrado el interior de sus cajones con papel de periódico. La sección de anuncios es la más repetida, y devela detalles de épocas pasadas, como el afortunado ganador de los premios de la lotería. Perenne, el susurro del río que se cuela por los resquicios del ventanal acompaña durante el sueño.
Elevados tejados del medioevo, ventanas con marcos de madera, terrazas rodeadas de almenas transportan al visitante a un cuento de caballeros y doncellas.
José Luis Tejada Sorzano construyó el castillo empleando la mano de obra de los paraguayos capturados durante la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay que se libró de 1932 a 1935. El descontento de varios mandos militares por su gestión en el conflicto se tradujo en un golpe militar dirigido por el coronel Germán Busch, el 17 de mayo de 1936. Por este motivo, el político se vio obligado a salir del país y morir exiliado en Arica (Chile) poco tiempo después.
Para los turistas que visiten el castillo, una advertencia. Según la leyenda, Tejada Sorzano solía admirar su hacienda desde el balcón del primer piso. Al caer la noche, se adentraba en el bosque tocando la flauta para encontrarse con su amada, quien lo localizaba siguiendo la melodía. Los lugareños afirman que siguen oyendo la flauta en las brillantes noches de luna. Según explican muy convencidos, las mujeres no salen tras del atardecer para evitar encontrarse con el fantasma, porque consideran que puede robarles el alma. Así que, al visitar el lugar, es mejor no tentar a la suerte, aunque, para disfrutar de un acto de osadía extra, vale la pena, más si se va solo, pedir la habitación presidencial.