Ahora que por fin, por lo menos en apariencia, los constituyentes se pusieron de acuerdo en el mecanismo de aprobación de la reforma constitucional, toca recuperar el tiempo perdido adoptando de manera inmediata una metodología de trabajo ágil, eficaz y fluida.
Las primeras noticias que nos llegan de Sucre no resultan alentadoras en ese sentido. Las ampulosas comisiones, formadas para una variopinta y desmedida cantidad de temáticas (la mayoría de ellas no constitucionales), amenazan con iniciar procesos de ´consulta ciudadana´, realizar cabildeos y otro tipo de acciones que promuevan la ´participación de los movimientos sociales´ en los debates constituyentes.
De hecho, una de estas comisiones, la de Autonomías según entiendo, se ha estrenado con una ´audiencia pública´ en la localidad de Tarabuco con los ayllus y comunidades aledañas. Imaginemos que por un elemental sentido de acceso equitativo, otros ayllus, markas, comunidades, pueblos, cantones o municipios a lo largo y ancho del país, solicitaran a ésa y a otras comisiones, que los visiten para realizar ´audiencias públicas´ equivalentes. Obviamente no alcanzarían los años de vida que les quedan a los asambleístas más jóvenes para atender semejante demanda ciudadana.
La Asamblea Constituyente, que se mantuvo firme a pesar de poderosos embates que le propinaron por diestra y siniestra, corre grave riesgo de quedar inmóvil en un pantano de burocracia, tallerismo y verborrea, si sucumbe a la tentación de ceder a una mal entendida interacción con la ciudadanía.
Las Asambleas Constituyentes exitosas de los últimos quince años, en otras latitudes, nos pueden dar algunas luces para adoptar una metodología de trabajo adecuada a las urgencias del momento que vivimos. En todas ellas, los procesos de consulta ciudadana se realizaron en la fase preconstituyente y una vez instalada la Asamblea, la responsabilidad de redactar la reforma constitucional quedó exclusivamente en manos de los representantes. Éste debería ser también el caso nuestro. Tanto la UCAC, los Consejos Preconstituyente y Autonómico, como la REPAC, así como multitud de organizaciones no gubernamentales, entre las que destacan nítidamente UNIR y Apostamos x Bolivia, realizaron una aceptable tarea de información, discusión y recolección de demanda ciudadana que se halla adecuadamente sistematizada y a disposición de los asambleístas en documentos varios y páginas WEB muy bien diseñadas.
Ya en la fase de redacción de la reforma constitucional, en Colombia, Sudáfrica y Venezuela, por nombrar algunas de las experiencias exitosas más recientes, se partió de un texto base, aprobado en grande, que sirvió de guía para el debate. Esto es lo que debería hacer de inmediato nuestra Asamblea. Trabajar sobre principios abstractos sólo nos puede llevar a dar vueltas por mucho tiempo. Hacerlo, en cambio, sobre un texto concreto, nos ahorraría esfuerzos inútiles.
Las comisiones debieran reconformarse entonces para tratar exclusivamente aquellos temas identificados como controversiales luego de la aprobación en grande del texto constitucional base.
Tenemos poco tiempo y excesiva expectativa ciudadana en relación con los resultados de los debates constituyentes. Es un deber inexcusable empezar a poner las cartas sobre la mesa… podríamos sorprendernos de descubrir lo cerca que estamos unos de otros.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo y constitucionalista.
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