El supuesto pedido de captura internacional contra Wálter Chávez, los ataques públicos en su contra de ciertos sectores políticos de Bolivia y el silencio de otros me llevan a escribir esta columna por razones políticas y personales.
Cuando Evo Morales fue echado como un perro del honorable Congreso de la Nación, Wálter prometió acompañarlo hasta el amargo final: podía terminar estrellado contra una pared o en el Palacio Quemado. Y terminó en el Palacio. Wálter estuvo allí por su inteligencia y lealtad. Además, discutía con franqueza con el Presidente y, con aciertos y errores, aportaba ideas.
Que ahora lo acusen de ser el Montesinos de Morales es desconocer a Vladimiro y al gobierno del MAS. La sociedad boliviana debería saber bien por qué se instaló una noticia —como el pedido de extradición— que aparentemente es falsa y por qué se ha hecho un auténtico linchamiento político. En esa campaña influye que Wálter sea el enfant terribl de la política y el periodismo desde que sacó El juguete rabioso. Es la revista que mi generación, por incapacidad o comodidad, no pudo —o no pudimos— hacer en la Argentina. Aunque también fue elegido director de la edición boliviana de Le Monde diplomatique, Wálter no ha vivido pendiente de viajar a cumbres con el granjero francés Bové, de firmar solicitadas a favor de buenas causas o de estar en armonía con los bienpensantes de Sopocachi. Este modelo de intelectual —menos diplomático y más agresivo y visceral— quizás personifique el cambio de época en Bolivia.
Me preocupa el subrayado del gentilicio: Chávez era el asesor “peruano” del Presidente. Veo allí una xenofobia encubierta como cuando aquí, en Argentina, se usa el gentilicio “boliviano”. No existe ninguna prohibición legal para que el Presidente cuente con asesores de otras nacionalidades. Esa diversidad muestra que en el Gobierno nacionalista existe un interés en sumar voces y experiencias de otros sitios del planeta.
La segunda razón de esta columna es personal. Wálter es mi amigo desde 1995 cuando me incorporé como corresponsal en Buenos Aires del diario Hoy donde fuimos compañeros. Con él compartí mis miedos y anhelos cuando investigaba el asesinato de Juan José Torres. Todavía no era libro, sino una serie de artículos expresamente censurados por Samuel Doria Medina, el dueño del diario, quien no quería molestar a su aliado político, el ex dictador Hugo Banzer Suárez. Desde entonces, Chávez me ha honrado con su amistad y confianza.
Por todo lo expuesto, sólo queda decirte, querido Wálter, que los que te apreciamos no dejaremos que te tiren a los leones por ser izquierdista y peruano. Que tenés otros defectos, pero ésos no lo son.
PD: Agradezco el pluralismo de La Razón, y especialmente a Juan Carlos Rocha, por publicar estas líneas ya que Chávez ha criticado en términos muy duros al diario y a algunos de sus empleados.
*Martín Sivak Periodista argentino. Autor, entre otros libros, de El dictador elegido. Biografía no autorizada de Hugo Banzer Suárez. sivakmartin@hotmail.com
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