Menudo despelote el que se ha armado alrededor del affaire Wálter Chávez. La Tormenta Perfecta podría decirse, cuando coincide una personalidad polémica y controversial, con un escenario de complejas aristas políticas, jurídicas, diplomáticas y deontológicas. Detrás de las pasiones, odios y amores que desata el cáustico periodista, la entreverada trama de argumentos a favor y en contra, promete una larga telenovela de final imprevisible.
En el terreno estrictamente político, no hay que ser Mandrake para adivinar los móviles de la denuncia de parte de un canal peruano, que no creo haya actuado de oficio. El dato me parece que más bien salió de alguien de por acá, y seguramente de alguien que tiene alguna cuentita pendiente con Wálter Chávez. Donde sí queda margen para la adivinanza es en acertar en quién fue el comedido: o fue alguien de la oposición que afinó la puntería para asestarle un buen golpe a la imagen interna y externa del gobierno del presidente Evo Morales, o bien fue alguien que desde el mismo Gobierno imaginó una vida más fácil, con un hombre menos en el entorno del Presidente. Pongamos también en la lista de sospechosos, a algún ministro saliente que encendió la mecha refiriéndose a un misterioso Rasputín que rondaba los pasillos del Palacio. Personalmente, me inclino por la opción de la conspiración intragubernamental, pues la oposición no ha demostrado hasta ahora tener ni las luces, ni la puntería necesaria.
Desde el punto de vista jurídico, y sus probables consecuencias diplomáticas, la cosa pinta complicada, sobre todo si se tiene en cuenta que cuando Wálter Chávez salió del Perú, e ingresó a Bolivia en condición de refugiado político, fungía como presidente peruano el mismo Alan García. Si no se hizo nada entonces ¿cuáles serían las razones para hacerlo ahora? ¿Una de ellas podría ser la afinidad política entre el acusado y el ex candidato a presidente, Ollanta Humala? El tema de la acusación es complicado, y debería seguir los cánones que corresponde.
Ahora, ¿puede trabajar un extranjero como asesor del Gobierno? Francamente no lo sé. ¿Ha habido antecedentes parecidos? Eso sí lo sabemos. El caso de Sánchez de Lozada y sus asesores gringos está demostrado en un documental de tardío estreno que se anuncia en HBO. ¿Existe posibilidad de un paralelismo entre el caso de Wálter Chávez, y el del ciudadano cubano Samartino, filmado in fraganti entre una turba de secesionistas, gritando a todo pulmón ¡independencia!, mientras intentaban agredir al Vicepresidente de la República? Tengo mis serias dudas. ¿Puede un periodista hacer política? Si tiene alguna duda, sintonice esta noche su televisor en algún informativo sensacionalista, y verá lo fácil que es.
Creo que son demasiadas preguntas para un caso que debe ponerse en su real dimensión: Wálter Chávez tiene una trayectoria pública al frente y detrás de varios medios, caracterizada por un innegable peso intelectual, pero seamos claros, también por un estilo venenoso y excesivo, que le ha significado una larguísima lista de enemigos políticos y personales. Por ahí va la mano, el hombre jugó rudo, sembró vientos y ahora cosecha tormentas. Acusó a diestra y siniestra, agraviando muchas veces a quienes hoy hacen fila para devolverle gentilezas. Está pagando en su ley, y tendrá que defenderse como mejor pueda. No es más que eso, y entonces no hagamos de esto una cuestión de Estado.
Para cerrar, una fórmula de solución para el Gobierno: ¿Por qué no lo nacionalizan también a Chávez?
*Ilya Fortún es comunicador social.
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