Los gafes, metidas de pata y torpezas del gobierno de Evo Morales, evocan al pintor de piso en alguna película muda, que si no la hubo habría que inventarla, que pinta que pinta, por apurete se encierra en una esquina, sin vereda de salida salvo un atropellador pisoteo de lo pintado.
No es necesario hurgar profundo en su primer año de gobierno. Gafe de actualidad que es como un espinillo en la nariz del gobierno, quizá desmañado por púber, inspiró la pléyade de firmantes de una solicitada de solidaridad con Walter Chávez. No se puede negar la excelente pluma del periodista peruano, cuyo éxito en Bolivia hace fe de que nadie es profeta en su tierra. Tampoco me importa su pasado terrorista, si lo tuvo en Perú. Aún más, así pueda no estar de acuerdo con sus ideas, defenderé su derecho a expresarlas por el medio que sea, tanto mejor si es El Juguete Rabioso, una trinchera izquierdista que exalta la libertad de prensa en Bolivia.
El escandalete de Chávez se tornó en gafe al negar su rol destacado en el gobierno de Evo Morales. Como las tres mentiras de Pedro antes de que cante el gallo, primero fue la negación atolondrada del Canciller. Luego vino el culipandear del vicepresidente. El presidente remató con degradarlo en público a grado de mecanógrafo. Entonces, ¿de que \'linchamiento mediático\' de la derecha se quejan, si fueron sus compañeros y mandantes los que lo bañaron de gasolina y la prensa apenas prendió el cerillo noticioso en su quemazón?
El gafe se volvió metida de pata contrastando con lo que sucedió al médico cubano Sanmartino, un refugiado político como Chávez, que fuera aprehendido, encarcelado y expulsado en el mejor estilo de la GESTAPO, por una ministra de Gobierno que sin tener atribuciones legales, se valió de leyes caducas e inconstitucionales para hacerlo. Además, queriendo mandarle a las cárceles cubanas, que es como si ahora mandasen a Chávez a Lurigancho, en el que mantienen a buen recaudo a los senderistas y emeretistas en el Perú.
La metida de pata se volvió torpeza testaruda, premiando a quien ya había manchado la gestión de Evo Morales con su negligencia en el manejo de la guerra entre mineros en Huanuni; que luego habría de reincidir en sandez criminal, con su triste papel en el manejo del golpe de estado gubernamental para tumbar a un prefecto democráticamente elegido en Cochabamba. Doble torpeza de parte del gobierno de Evo Morales, que el exilio dorado con que se le premie sea Ginebra, sede y emblema de las convenciones que regulan la paz y la convivencia civilizada entre gentes y naciones.
Al votar por Evo Morales, la mayoría de los bolivianos -incluyendo a sectores de la clase media- optaron por el cambio en democracia. Pero se está rifando el apoyo ciudadano, que fuera sustentado en la esperanza del prurito, en el sentido de su deseo de gobernar de la mejor manera posible, que hoy se está desdibujando con la retórica divisionista del país con epítetos étnicos regionalistas o racistas; con el doble discurso en declaraciones y propaganda, que achacan a la maquiavélica pluma de Walter Chávez, con que se enajena una substancial porción del apoyo consciente al gobierno; con su gobernar \'for export\', pero centrado en vender la imagen vacua de un Evo Morales “étnico” a liberales de corazón sangrante y socialistas de salón en el exterior, en tanto torpedean acuerdos de comercio y desdeñan fomentar las exportaciones.
Pero este gobierno del cambio \'indígena originaria\' no saca de la pena de ver a tantos espectros del norte potosino pidiendo limosna en las calles (como siempre). Ni ha reducido las colas tramitando pasaportes, en vía crucis diario que hace ricos a gestores y burócratas (como siempre), para salir de un país que no ofrece empleo, salvo jornal diario en quemas de prefecturas y otras felonías. Más aún, se ha generalizado el embutir la sal amarga de las marchas, paros y bloqueos para obtener logros, a veces descabellados (como siempre).
Hoy no sólo son partidarios oficialistas los que la utilizan con éxito. Al extremo de que los camireños se regodean de haber obtenido más de lo que reclamaban, de ministros que no saben prever conflictos y ceden a la presión (como siempre). Que bastó un amague de los cooperativistas, para recular de propósitos encomiables de mejorar la porción de pastel para los bolivianos por concepto de impuestos mineros. En resumidas cuentas, el gobierno toma de su propia medicina al haber abierto la caja de Pandora, incitando y endiosando a la turbamulta antes de llegar al poder. Y ahora perdiendo, poco a poco, las riendas de la gobernabilidad.
Volviendo a la analogía del pintor de piso, la pena es que cuando el chambón se encierra en una esquina, tiene dos opciones: o se sienta y abre un libro mientras espera que seque la pintura, o atropella pisando la pintura fresca. Como el atrevimiento del ignorante no le permite valorar la sabiduría escrita, y la sabihondez del testarudo no le deja reconocer errores, su única opción es atropellar. Es lo que está pasando en Bolivia, más aún cuando se desdeña la capacidad y la experiencia: se privilegia el activismo político, así sea tránsfuga, en la selección de los hombres (y las mujeres) del presidente Morales.
Por ello, un reciente estudio cita la incertidumbre sobre la política económica, la ineficacia de la burocracia y la corrupción, como los principales problemas que inhiben el desarrollo de inversiones. Mala nota es el índice de confianza en el Gobierno; los empresarios dan nota pésima a su capacidad para resolver los problemas de Bolivia. Sólo califican con nota regular a su gestión, por las expectativas de combatir la corrupción. Revisando lo que ha pasado con el nuevo YPFB, da para tener ciertas dudas. ¿Será sólo cuestión de tiempo hasta que la prensa libre reviente el puchichi en alguna parte?
*Winston Estremadoiro es antropólogo. winston@supernet.com.bo
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