Nació como un pongo en las haciendas del altiplano. Desde entonces su presencia en el campo es infalible en la época de la fertilidad. Los migrantes aymaras lo introdujeron en la farándula carnavalera citadina. Hoy hará gala de su lisura.
Texto: Javier Badani Ruiz • Fotos: Nicolás Quinteros / Pedro Laguna / Archivo de la familia Quispe Condori
Fiesta cohetillo, cholero rompecorazones, wist\'u vida... ¡Así me dicen, che! Pero, ¿acaso es mi culpa ser el más papi entre los picaflores negreros? Nunca me faltan lindas cholitas, pues. Vieras, a falta de una, en cada carnaval siempre termino bailando por las calles abrazado de dos palomitas blancas.
Y de noviembre a marzo, el inconfundible timbre aflautado de mi voz también es infalible en el campo durante el tiempo de la fertilidad, el Jallu Pacha. Entonces, mi alegre danzar se convierte en ritual e impulsa la fecundidad de los fríos suelos de nuestro altiplano.
¿Cómo es? ¿Ahora me reconoces? ¡Soy el ch\'uta, pues!, el personaje más coqueto de la farándula carnavalera de la ciudad de La Paz.
Desde hoy, y hasta el Domingo de Tentación, mi lisura y picardía vas a disfrutar. Mi imagen se multiplicará por centenaaaares, siempre. ¡Es carnaval! Y unos 10.000 ch\'utas amontonados en unas 20 comparsas lanzarán mis picantes piropos a las kory pankaritas (florecitas de oro), bailarán al son de los huayños y lucirán mi original traje que no ha cambiado mucho a pesar de tantas y tantas décadas.
Ahora, aplaudan pues, ch\'ukutas. Abran paso a las bullangueras comparsas y a sus bandas. Allí vienen bailando los Elegantes ch\'utas choleros y sus lindas bellezas de tipo holandesa, Los rompegarras de Challapata y Los changuitos alegres y sus lindas ch\'ankakitas de corazón, entre otros grupos.
Pero no creas, chango, no siempre mi vida ha sido una fiesta; mi danza y presencia no siempre fueron bien recibidas en La Paz.
Buscando ser ´patrón´
Pucha, caray, un poquito de cervecita tengo que tomar para no llorar cuando recuerdo mi pasado. Me acuerdo bien. Fue antes de que se acabe el siglo XIX cuando los ricachos de la ciudad llegaron al altiplano para construir en nuestras tierras sus haciendas.
A ver, imaginate che, con una ley estos peines nos han negado en 1872 los ayllus y terrenos comunales. Y luego, los han subastado públicamente a toditos.
Desde entonces todas las comunidades indígenas estaban al servicio de los terratenientes. Entonces, el patrón necesitaba un indio de confianza que durmiera en la puerta de su hacienda para cuidarla. Muchas veces la comunidad elegía, otras el patrón nomás. Y así nací, como un pongo; durmiendo en el suelo, cubierto por andrajos, con frío y comiendo desperdicios.
El patrón me llamó ch\'uta, algo así como ´indio paceño´. Y para diferenciarme del resto de los comunarios me han quitado mi ponchito y mi pantalón de bayeta. A cambio, una camisa y una chaquetilla del mismo material cubrió mi cuerpo... Bien chistoso, siempre. El pantalón abombachado arriba y pegado en la canilla, grave hacían reír a mis amistades. ´Hasta te pareces al patrón, choy´, me decían. Claro, de rebelde nomás yo le he hecho algunos bordados típicos a mi nueva ropa y no dejé de lucir el lluch\'u en mi cabeza.
De vez en cuando, a los ch\'utas nos mandaban a la ciudad a hacer distintos mandados de la hacienda. Bien linda había sido La Paz, che. Superelegante la gente había sabido caminar por las calles. Y así nomás, viéndolos a los citadinos he comenzado a conocer el castellano y las finas costumbres de la gente de la ciudad. Ya nomás quería venirme a vivir a Chuquiago, che.
A pesar de ello, nunca sepulté mis tradiciones, mi origen y mi identidad. Desde noviembre, por ejemplo, con la llegada de las almas a la tierra, en el altiplano se inicia cada año el periodo de la fecundidad de nuestra Pachamama. Nosotros, con fiesta festejamos allí.
Ataviado con mi traje de pongo, como ch\'uta participaba en la celebración agrícola de la comunidad. Entraba superorgulloso a la plaza principal al ritmo de la tarqueada, acompañado de mi pareja. Y para parecerme un poquito más al patrón, una máscara cubría mi rostro de indio. ¡Vieras!, ojos azules, barba espesa y hasta con piel blanquita aparecía yo.
No vas a contar a nadie oye, pero yo, bandido era. Aprovechaba la fiesta para burlarme en aymara de mis patrones. Y para que no me reconozcan —además de la máscara— la voz en falsete he comenzado a utilizar. Desde entonces se me ha quedado nomás esta voz chillona. Claro que ahora para coquetear a las cholitas nomás la utilizo. Solteras, casadas, viudas... a todititas yo las molesto siempre. Bien pícaro soy con mis frases. Algunas se molestan. Tampoco falta el marido celoso que entrado en copas me busca pelea. Pero al final todo es una fiesta y terminan aplaudiendo.
Pero mejor no nos perdamos, ¿ya? Volvamos pues a mi historia. Bien interesante está, ¿no ve?
Mientras mi presencia se consolidaba en las comunidades del altiplano, en la ciudad las gentes celebraban en ese mismo periodo el carnaval y no me conocían. Todos a la moda europea se divertían en la farándula paceña. Pero a nosotros no nos dejaban participar, oye. ´Indios son éstos´, decían.
Pero, de a poco los migrantes del campo han comenzado a inmortalizarme en esta urbe.
Los ch\'utas toman la ciudad
´¡Kullacanaca turtasiñani waca chicharrona! (hermanitas, mascaremos chicharroncito de vaca)´. Así, en aymara les coqueteo ahora pues a las cholitas. Bien caché es bailar con la chola paceña, oye. Vas a ver hoy día durante la entrada farandulera: como huaironco, vueltas y vueltas les voy a hacer dar. Igualito va a ser mañana en el Jisk\'a Anata y otra vez el Domingo de Tentación que, además, es la Entrada de los Ch\'utas.
Sabes, bien difícil ha sido llegar a bailar en la ciudad. Después de la Reforma Agraria, en el año 1952, de a poquitito ha ido cambiando todo para mí y los indígenas.
Ya no era un pongo y las tierras de mis abuelos nos han devuelto. Pronto, del campo a la ciudad hemos migrado. Ya no éramos indios, ahora campesinos nos llamaban.
Mis seguidores en la ciudad, camisa y pantalón de tela ya han comenzado a usar. Mi presencia medio que archivada ha quedado, siempre. Pero como fiesta cohetillo soy, para la celebración del Jallu Pacha y las entradas populares del carnaval otra vez he aparecido con más fuerza esos años.
En el altiplano con una palomita blanca nomás danzaba. No ve que hombres y mujeres somos iguales en el campo. Hay dualidad, ¿no ve? En cambio en la ciudad sobraban las cholitas, oye. Grave era. Por eso he aprovechado para tener dos compañeras de baile. Bien lindo, che. Y luego, esa costumbre han llevado los migrantes a las celebraciones agrícolas de sus pueblos. De allí nomás ya me han llamado cholero, negrero, picaflor.
Primero, en la ciudad de La Paz, en las zonas periurbanas nomás me dejaban bailar las autoridades del municipio. Mis seguidores, bien capos, del campo llegaban con animales bien cargados de productos agrícolas. Entraban en la mañana disfrazados de ch\'utas danzando por las laderas como agradecimiento a la Pachamama.
Luego nomás —a finales de los años 50— han aparecido las comparsas de ch\'utas como Los Chopistas (carniceros) y Los Aljeris (comerciantes). Más de un centenar de ch\'utas subían desde la zona Garita de Lima hasta la cancha de El Tejar. Entonces, puro sembradíos nomás había allí.
Pucha, qué lindo, che. Aún recuerdo las melodías del primo Aranda y del Juanito, las primeras bandas metálicas de los ch\'utas. Así, desde El Alto, los migrantes aymaras bajaban a verme renacer y al final del recorrido nos esperaban con mucha cervecita y comida.
¡Ay!, mirá de lindo. Del don Roberto Quispe Paquiri y de la doña Julia Condori Zacarías me estoy acordando ahora. Justo en esa época bailando ch\'utas, en El Tejar, se han conocido. Ahora seis hijos tienen. ¡Yo soy el culpable, pues! En Pascua (abril) se los veía bailando alegres celebrando la producción agrícola. Ahora medio k\'aivitos (viejitos) ya están. Pero igualito nomás siguen bailando mi alegre danza.
Antes, en su ch\'uspa el don Roberto metía media arroba de confites y mixtura. Paquetes y paquetes de serpentina le adornaban a él y a su enamorada. Ahora, medio tacaña es la gente. Ya no quieren usar mucho de estas cosas.
Pero igual nomás el Domingo de Tentación se disfruta en la Garita de Lima la entrada de ch\'utas.
Un ch\'uta trilingüe
´Yo no quiero vivir casado, amarrado, solterito nomás voy a estar...´ Escuchá, a ver. Los choleros, Los intocables y Los superpapis están por pasar por la avenida Montes.
Atrás de ellos están Los ch\'utas lindos y sus chicas cero kilómetros y Los recordados ch\'utas de antaño. Cada carnaval, las comparsas y las bandas estrenan por lo menos dos canciones en mi honor. En CD pasan los temas a los integrantes del grupo para que aprendan la canción y la canten en la fiesta.
El Víctor Quispe Chipana (40) es el más capo para escribir estas canciones. No por nada le llaman el Ch\'uta Ch\'ukuta, pues. Bien fanático es. Tres años consecutivos ya viene ganando el concurso de trajes de la Asociación de Ch\'utas y Pepinos representando a Los recordados. Tres vestimentas de antaño ha hecho renacer. El más caché es el de Caquiaviri (en Pacajes), que según cuentan los historiadores es donde nació originalmente mi vestimenta.
Vieras oye, en los labios del Víctor yo me convierto en trilingüe. Este amigo me hace hablar castellano, aymara y macanas, siempre.
´Ay cholita linda, cuando salga contigo, bien le vamos a cascar´. ´Uca supay imillanacaj ch\'acumpi taquimpi tirpnaketaspa´. (Estas chicas alegronas me quieren pegar con una madera. Me pueden patear para llevarme de aquí).
Imaginate lo que me hace decir... Y cirujano dentista es. Muelitas le llaman sus pacientes. Y cuando entras a su consultorio en la avenida Panamericana (El Alto), tres televisores te reciben con imágenes de entradas de ch\'utas.
Allí puedes ver la alegría del baile en pareja al ritmo del huayño. No pasa lo mismo con otros bailes. En el caporal y la morenada, por ejemplo, separados danzan los hombres y las mujeres. Bien casco, ¿no ve?
En la danza de los ch\'utas, hasta el cuate más tímidón se trasforma en cholero. Claro, a sus esposas no les gusta. Pero no importa. Después de todo, dentro de una semana voy a desaparecer, luego de enterrar a mi amigo, el Pepino. Hasta el año será, cuando los platillos resuenen otra vez. Con datos del antropólogo Milton Eyzaguirre y los ch\'utas Víctor Quispe, Roberto Quispe y Julia Condori.
LA PAREJA
Que el ch\'uta baile con dos cholas ha derivado en varias interpretaciones. Una de ellas apunta a que este hecho representa a la mujer que el migrante aymara dejó en su comunidad y a la que encontró en la ciudad. A pesar de las interpretaciones, para el antropólogo Milton Eyzaguirre este hecho refuerza la idea de transformación del indígena en un ser urbano. Así, ´la danza de los ch\'utas se halla en un espacio intermedio entre lo rural y lo urbano´. Por eso, ´el baile se circunscribe sólo a los espacios periurbanos y no así a los representantes de zonas de clases más altas, lo que ocurre con el caporal, por ejemplo´, señala Eyzaguirre. Con todo, la chola del ch\'uta muestra su gracia ataviada con un jubón de terciopelo bordado con cuentillas en el pecho, las mangas y el cuello. Las polleras son de seda y son hasta 15.
Canción
Qué culpa tengo yo de ser liso Ch\'uta Ch\'ukuta Qué culpa tengo yo si esa linda cholita, siendo una aljeri, se fija en mí.
Kory pankarita no llores por mí. Siendo una joyita se muere por mí. Blanca palomita no sufras por mí.
Por eso me llaman ch\'uta cholero Por eso me llaman ch\'uta coqueto Por eso me llaman ch\'uta picaflor Cate maquinero Un súper papi.
Fragmento de la canción Ch\'uta ch\'ukuta, de Víctor Quispe C.
El TRAJE del danzarín
A pesar de los años, el traje del ch\'uta no ha sufrido grandes transformaciones. Hoy la vestimenta, elaborada por las máquinas, consta de una chaquetilla corta de color y bordada con trencillas multicolores. Sobresalen las figuras de flores, animales y otros elementos de la naturaleza. El pantalón también luce estos bordados y su estilo es muy singular. En la parte superior es abombachado y en la inferior casi pegado a la canilla y con una partidura trasera. De ella salen volados y encajes de colores y se sostiene al cuerpo a través de una faja tejida también de diversos tonos.
La camisa es blanca o azul y la corbata lleva combinados de intensos colores. Además, el ch\'uta usa una careta de alambre milimetrado. En ella se observa, sobre un fondo rosado, las facciones de un europeo. El danzarín porta una ch\'uspa (bolsa) multicolor y una korahua (honda).