En estos momentos en que se mantiene una fuerte tensión política en el país, es importante destacar que la fiesta de Carnaval no sólo sirve para calmar los ánimos políticos, uniendo aunque sea momentáneamente a todo el pueblo boliviano, sino también para incentivar una industria mal comprendida y muy mal protegida por el Estado, como es la del turismo.
Ese espíritu festivo de unión y confraternidad era lo que la Iglesia Cristiana propugnaba en los inicios del Carnaval durante la Edad Media. Su deseo era que toda la población de una ciudad participara de la fiesta sin distinciones de clases ni de sexo. Y eligió el tiempo de vísperas de la Cuaresma para que ella se lleve a cabo con objeto de darle además un sentido teológico.
En efecto, para la Iglesia, el hombre es ontológicamente un ser pecador por llevar dentro de él, el pecado original. Y esta condición ontológica ocasionó que se eligiese alegóricamente los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza, como símbolos del triunfo del pecado, porque se suponía que en estas festividades el hombre se desmandaría, dedicándose al vino, a los bailes y a los placeres de la carne. Por este motivo, el Carnaval comienza el domingo de quincuagésima, prosigue el lunes y martes de carnestolendas, y finaliza dicho miércoles que da inicio a la Cuaresma.
Pero como el hombre no sólo es pecador sino reincidente, la Iglesia señalizaba este hecho permitiendo que el primer domingo de Cuaresma se reanude el Carnaval. Ese día se recuerda además, las tentaciones que sufrió Jesús por parte del demonio y se lo denomina Domingo de Tentación. O sea que el mismo Cristo estuvo al borde del pecado. Pero, naturalmente, por su extraordinaria fe supo vencer las demoníacas seducciones.
Luego del Domingo de Tentación, continúa la Cuaresma, en la cual el hombre cristiano debía efectuar una vida de contrición con ayunos y abstinencias hasta llegar a la Semana Santa, y por último, al Domingo de Resurrección, donde finaliza la Cuaresma y comienza la liturgia del triunfo de Cristo.
Sabemos que el Carnaval surgió en Italia y tuvo su época de esplendor entre el Renacimiento y el siglo dieciocho. La fiesta se caracterizaba por el uso de disfraces y máscaras, lo cual servía para que los hombres y mujeres pudiesen alegrarse y desbordarse con mayor libertad.
Con el protestantismo, el Carnaval quedó enérgicamente censurado ya que fue calificado de diversión pagana. Por ello, en la mayoría de los países europeos donde primó la Reforma, ha quedado extinguido. Pero continuó la festividad en el orbe católico.
En el continente americano, el Carnaval llegó con la conquista española y portuguesa. Posteriormente se fue mezclando con las tradiciones vernaculares ya cristianizadas.
En la actualidad, el Carnaval se está extinguiendo en la mayoría de los países americanos. Hay algunos como Chile, en donde ni siquiera se recuerda que alguna vez haya habido semejante fiesta. Pero en otros como el nuestro, más tradicionales, fue evolucionando hasta constituirse en una fiesta típicamente nacional. Además, aquí se ha mantenido en general, su esencia cristiana, ya que la gente hace promesas a la Virgen para bailar.
Aparte de ser una fiesta tradicional en el país, y por tanto, muy digna de ser mantenida, el Carnaval ha demostrado que puede ser además, una fuente de riqueza. Es el caso de Brasil, en que su Carnaval carioca se ha convertido en un foco turístico a nivel mundial.
Guardando las proporciones, en Bolivia se podría hacer otro tanto. De esta manera, amén de ser un esparcimiento para nuestro pueblo, continuando con esa tradición de siglos y siguiendo los parámetros del cristianismo de buscar la unión y confraternidad entre los seres humanos, el Carnaval serviría para incentivar el turismo, y constituirse con ello, en un significativo ingreso para el país.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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