Todos quienes hacen cábalas sobre Bolivia, todos aquellos que son analistas políticos o también los políticos saben muy bien lo que una funcionaria de Naciones Unidas expresó en los años cincuenta sobre Bolivia, ella dijo que los bolivianos son expertos en correr hasta el borde del abismo... pero que rara vez dan el último paso. Empero, esta costumbre no la conocen la mayoría de los extranjeros, en especial los periodistas, pues los más de ellos llegan a Bolivia con grandes cámaras a observar al país cuando los bolivianos se encuentran en estado de apronte —lo cual es muy, pero muy frecuente—, se preocupan por indagar si ahora sí habrá guerra entre oriente y occidente, tratan de conocer si realmente ahora sí se separará Santa Cruz, Tarija u otro departamento, si habrán golpes de Estado, en fin, indagan todo eso que muchos de los bolivianos saben que no ocurrirá, pero que solamente lo indagan esos periodistas jóvenes que conocen muy poco de la historia nacional. Pero, como los bolivianos saben que siempre se corre al borde del abismo y que a última hora hay el arrepentimiento, existen acuerdos, o se impone una pequeña racionalidad, por conocer todo eso, quienes se enfrentan tiran la rienda hasta lo último, sin darse cuenta de que algunas veces la rienda se puede romper, y como bien sabemos los bolivianos hubo varias veces en que nos hemos precipitado al abismo con malos, pero malos resultados para la vida democrática. No nos tiramos cada día al borde del abismo sólo por instinto de conservación, no porque tengamos la cultura democrática del pacto, no porque reconozcamos el valor de los acuerdos, de los consensos, sino que lo hacemos únicamente para no perecer, o porque no pudimos vencer al otro. Pero no actuamos así con la finalidad de impulsar una cultura democrática.
¿Qué sentido tiene estar peleando todo el tiempo, qué le aporta a la cultura democrática el que siempre, a toda hora, se entre al conflicto con la idea de vencer y derrotar o borrar del mapa al otro? La cultura del amigo-enemigo, de si no estás conmigo, estás contra mí, no le aporta nada a una construcción procesual de la democracia y del desarrollo. La Asamblea Constituyente es sólo un ejemplo paradigmático del tiempo que pierde el país, que perdemos todos los bolivianos al enfrentarnos y tratar de negar al otro, al intentar silenciar su voz. Si la Asamblea perdió seis meses valiosos de trabajo, el país perdió decenas de años, casi siglos, corriendo al borde del abismo. No necesitamos hacer ese ejercicio negativo enfrentándonos, lo que precisamos es correr democráticamente juntos por un camino llano, pero desde un inicio sabiendo que la carrera es un proyecto compartido, de reconocimiento del otro y no de negación del distinto. No se trata de imaginar ilusamente un país sin conflicto, sino de lo que se trata es de construir soluciones democráticas al conflicto, pero desde el punto de partida. Con la costumbre de correr al abismo, para arrepentirnos a última hora, no habrá país viable.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
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