Los bolivianos creen que ha llegado la hora de dejar de forzar un debate sobre la altura y el fútbol. Ese tema es viejo, ha sido superado y ya no corresponde que ningún equipo del mundo se aferre a argumento alguno para intentar colocarlo nuevamente en la discusión. Sin embargo, no faltan los aficionados al bizantinismo que pretenden retomar el asunto con justificativos ridículos.
Representa una vergüenza que grandes equipos de países considerados potencias del fútbol quieran escudarse en un absurdo como la altura frente a naciones inofensivas como Bolivia. Y Brasil sería protagonista de esa vergüenza si persiste en asociar forzadamente el rendimiento de sus equipos y la altura de algunas regiones de Bolivia. Los brasileños deben superar sus complejos con la altura. La altura es una condición natural para el juego, como lo es el nivel del mar, a más de 45 grados de calor.