Sería ingenuo creer que Rigoberta Menchú no ganará las elecciones en Guatemala. La maya quiché perdió a su padre (activista de los derechos indígenas) que murió calcinado tras el asalto de la Policía a la Embajada de España en Guatemala cuando estaba asilado. A raíz de aquello se volvió activista y defensora de los DDHH, por lo que se hizo acreedora del premio Nobel de la Paz. También recibió el premio Príncipe de Asturias y es Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco.
Ha anunciado su candidatura a la presidencia de la República de su país con un partido político prestado, el izquierdista Encuentro por Guatemala (EG), cuya líder también fue fundadora de un grupo equivalente a las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, con amplia representación parlamentaria. Menchú cuenta con su movimiento político Winaq con miras a convertirse en partido político.
Es primera vez que una mujer indígena se presenta como candidata a la presidencia en ese país. Le está siguiendo los pasos a Evo, lo cual es loable. Era una candidatura esperada porque promover la defensa de los derechos humanos y la paz, es hacer política.
Menchú es una candidata ganadora porque tiene una notable imagen internacional, cuenta con el voto del 42% de la población maya de 13 millones de habitantes a la que le siguen los mestizos y no cuenta con un opositor de peso. Los mayas fueron los principales afectados durante los 36 años de dictadura militar donde murieron y desaparecieron 200 mil personas.
Menchú es el emblema para esclarecer el genocidio de los militares cuando la contrainsurgencia. Incluso ha denunciado las matanzas de 1978-1986 donde están imputados seis militares, entre ellos el ex general dictador golpista Ríos Montt, acusado de la masacre de 446 comunidades indígenas, donde murieron 16 mil personas en ejecuciones extrajudiciales, hubo 90 mil refugiados y 1 millón de desplazados. El pueblo reclama justicia y que los genocidios no queden en la impunidad.
La burguesía la acusa de etnicista, sexista, racista. Arguyen que Guatemala está dividido entre “los mayas” y los “guatemaltecos”, lo cual es cierto y temen que gobierne sólo para los indígenas. Al mismo tiempo la consideran oligarca porque cuenta con una cadena de 100 farmacias. Sus otros adversarios son los ladinos y los militares.
Evo, que se reunirá con ella en marzo, le ha ofrecido “toda su experiencia”. Lo único que le podría transmitir es su actuación como dirigente sindical, porque está muy lejos de ser un estadista.
¿Entrará ella al grupo de Evo, Fidel y Chávez? Sería un error, porque por su buena imagen cuenta con mucho apoyo internacional y no sería propio que ingrese a un círculo de autócratas y dictadores que quieren perpetuarse en el poder.
Si bien Rigoberta actúa en temas políticos, carece de formación política. Cuenta con el apoyo de 23 grupos indígenas, pero para gobernar deberá buscar asesores de primer nivel, que tendrán que administrar con mucho tino para no buscar venganza sino cerrar las heridas de guerra y levantar el país.
*Verónica Ormachea G. es periodista.
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