A mí me preocupan muchas cosas. Vivo permanentemente estresado, presa de la montonera de problemas que, seguramente, también lo aquejan a usted, y al noventa y nueve por ciento de la población de este difícil mundo que nos ha tocado sobrevivir. Algunas de estas preocupaciones tienen que ver con mi cotidiano vivir, y simplemente no las puedo evitar. Me preocupa la batalla diaria para llenar la olla del almuerzo; me preocupa la salud de mi familia; me preocupan las deudas; me preocupa la educación de mi hijo; me preocupa la sustentación de mi vejez; me preocupa la salud espiritual de toda la gente que quiero, y me preocupan además, un sinfín de nimiedades, que no deberían preocuparme.
Mi carácter, dado al tormento masoquista, tampoco ha podido librarme de preocupaciones menos apremiantes y menos personales, que supuestamente podría evitar, pero que por alguna razón, no he podido o no he querido hacerlo. Resulta entonces que también me preocupan el curso deshumanizante de la modernidad occidental, la creciente inequidad de las riquezas y oportunidades, la devaluación de los principios y las ideas en la política, el desconcertante vacío de grandes conceptos como libertad, democracia y progreso, el cinismo y la doble moral de los dueños del mundo, y la aceptación tácita y generalizada de que en el mundo está bien que existan ciudadanos de primera y de segunda clase.
Aguarde un segundo: no es que quiera hacerme el mártir. También me queda muy claro que mis problemas, comparados con los problemas de dos tercios de la humanidad, son historia de niños. Angustias pequeño-burguesas podría decirse. Y de la misma manera, albergo la convicción de que mis preocupaciones relacionadas a la política irán resolviéndose más temprano que tarde, pues la gente es menos tonta de lo que muchos piensan.
Lo que verdaderamente me da terror, es la constatación de que la civilización en su conjunto se halla en una guerra ciega y suicida en contra de su propio medio ambiente. Y peor aún: que lo que estamos haciendo hoy, tendrá consecuencias irremediables en el corto plazo. El cambio climático y el calentamiento del planeta, la desertificación, la deforestación indiscriminada, la contaminación de la atmósfera, la inminente escasez de agua y la progresiva extinción de la biodiversidad, son problemas tan inmensamente grandes, que por ello mismo, da pánico advertir lo poco agendados que están en la política real del mundo “civilizado”.
El problema ecológico es terminalmente serio, y no deja mucho lugar para el optimismo. Todos: los más responsables y los menos responsables, saben perfectamente qué es lo que está ocurriendo, pero nadie está dispuesto a asumir verdadera responsabilidad. ¿Por qué? Porque sencillamente los costos políticos inmediatos serían demasiado grandes. ¿Y por qué? Porque cualquier conjunto de medidas mínimamente serias, ocasionaría un impacto económico en el crecimiento y en el patrón de consumo de los países desarrollados. Y claro, eso sería tocar la médula espinal del capitalismo. Eso sería poner en riesgo la esencia y la sostenibilidad del capitalismo global, y por supuesto, convengamos en que, hoy, eso es imposible. El problema es que cuando sea posible, seguro que será demasiado tarde.
Como quiera que los verdaderos responsables han decidido hacer la vista gorda, habría que ingeniar algunos mecanismos de fuerza moral para sensibilizar a la opinión pública mundial: ¿Qué tal una listita de certificación de los países que no cumplen con las medidas establecidas en el Protocolo de Kyoto?
*Ilya Fortún es comunicador social.
Impulso fiscal 2007
El Presupuesto General de la Nación (PGN) para el año 2007 es el más grande de toda la historia republicana, sin considerar el efecto fiscal de los desastres de El Niño.
Menchú, candidata ganadora
Sería ingenuo creer que Rigoberta Menchú no ganará las elecciones en Guatemala. La maya quiché perdió a su padre (activista de los derechos indígenas) que murió calcinado tras el asalto de la Policía a la Embajada de España en Guatemala cuando estaba asilado.
“Chocolatín” y fútbol sintético
“¿De quién es esta loca idea? Cómo es posible”, preguntaba y exclamaba un incrédulo. “Te imaginas, allá donde el sol abunda y donde el verde de la naturaleza es dominante, con apoyo de la cooperación internacional, se les ha ocurrido hacer una cancha con pasto sintético”.
Habló Melgarejo
No se asuste amigo lector, Melgarejo no me ha visitado. Mi poca sensibilidad con los habitantes del más allá me pone a cubierto de las despedidas de mis amigos y hasta de mis familiares.