El camireño está orgulloso de su estirpe, de sus atractivos turísticos y de sus delicias culinarias. El río Parapetí es el guardián de sus riquezas.
Texto: Miguel Vargas S. • Fotos: Pedro Laguna
Según la creencia popular, la naturaleza ha dividido a los ríos en machos y hembras. El Parapetí es, sin lugar a dudas, un río hembra. Cada vez que sus aguas se enfurecen, los individuos que se lleva son hombres. No importa si sorprende a una familia o a jóvenes que se refrescan en su lecho, las víctimas mortales son siempre varones.
El río Parapetí es uno de los principales atractivos de Camiri, ciudad ubicada en la provincia Cordillera del departamento de Santa Cruz. La Capital Petrolera de Bolivia nació con la explotación de los hidrocarburos. Así la gente vivió sus años de bonanza gracias al auge de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), pero con la capitalización, sus sueños fueron echados por tierra. Hoy, con los bríos recuperados, los lugareños han sobrevivido al colapso y brindan hospitalidad y varias alternativas para el turista.
Parapetí deriva de la voz guaraní “parapetí” que significa “crimen” o “muerte”. El nombre puede responder al carácter voraz del río, que esconde remolinos y otros peligros; o referirse a la matanza de los nativos de Tomina y Topocaya por parte de los españoles en el siglo XVI, cuando los oidores de la Real Audiencia de La Plata ordenaron fundar y poblar un asiento en las riberas del río para defender los territorios de los originarios.
A pesar de lo amenazante del nombre, lo cierto es que el Parapetí ofrece paisajes de gran belleza y sus aguas sirven para desprender del cuerpo el calor del Chaco.
En el corazón del pueblo está la plaza 12 de Julio, punto de encuentro para todas las edades. Allí está Álvaro de la Quintana, un joven profesional que vive hace cuatro años en Camiri, pero que tiene toda una tradición familiar enraizada en estas tierras. “Aquí la gente está orgullosa de ser camireña. No está en el discurso de si es camba o colla; se precia de ser camireña”. Esto quizá se deba a que la ciudad, desde su creación, se ha alimentado de gente de distintos orígenes, tanto nacionales como internacionales, que con el paso de las generaciones sirvió para la creación de una identidad nueva.
Los resabios históricos
Camiri —“monte bajo” en guaraní— fue fundada mediante el Decreto Ley emitido el 12 de julio de 1935 por el presidente José Luis Tejada Sorzano. La presencia de inmensas riquezas petroleras que la Standar Oil Company encontró en la zona en 1926 fue el motivo de la creación. Por ello, los cerca de 30.000 habitantes celebran una gran fiesta cada 12 de julio, concentrándose los festejos en la plaza que lleva el mismo nombre.
El puente viejo, la plaza central, la primera refinería de Bolivia y la ruta del Che son algunos de los principales atractivos que ofrece esta ciudad. También están algunos edificios históricos, como el de la Cuarta División del Ejército de Bolivia, donde se realizó el proceso al periodista francés Regis Debray y al argentino Ciro Bustos con relación a la guerrilla del Che. En Camiri están las celdas de estos prisioneros, así como el salón donde se realizó el juicio político, el Hospital Militar y la casa de Coco e Inti Peredo. Quizá más interesantes que los edificios en sí, son las conversaciones con los camireños que fueron testigos presenciales de los sucesos de esa época.
Los encantos gastronómicos
No todo es historia en Camiri. El presente late al ritmo de los estudiantes de colegio y los universitarios, quienes son parte importante del capital de la zona. Actualmente funcionan en la ciudad dos casas de estudios superiores, la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, que tiene la Facultad Integral del Chaco con cinco carreras a nivel de licenciatura y tres a nivel de técnico superior. Por el lado privado está la Universidad Salesiana con nuevas carreras.
Las actividades de la provincia Cordillera se centran también en este pueblo, desde el pago del Bonosol hasta los trámites con la Prefectura, los bancos y otros.
Sin embargo, quizá sea una expresión cultural como la comida la que resuma la variedad de influencias que conforman al camireño. El picante de gallina, el majao (tanto el colla, condimentado con palillo; como el camba, que utiliza el urucú) y el saice tarijeño son los platos más tradicionales. Entre sus horneados están los bizcochos (roscas saladas de maíz), las empanadas de maíz y las tortitas (con charque y cuero de cerdo). Y si de beber se trata, sólo hay que probar un macerado de cítricos de la región o la chicha de kahui. Así, la invitación camireña está hecha para los que se atrevan a desafiar a su río y deseen probar sus delicias.