En columnas anteriores expuse que Chile estuvo dispuesto en el 2003 a ceder a Bolivia una Zona Económica Especial de carácter marítimo, para que pueda exportar gas natural a Estados Unidos y México. La condición era que ese espacio no tendría soberanía a favor de Bolivia.
Al presente, cuando ambos países han acordado volver a tratar la demanda marítima, como parte de una agenda de 13 puntos, la mayor posibilidad de éxito que se tendría es
actualizar aquella negociación, aceptando que la concesión del enclave sea sin soberanía, aunque Bolivia dejaría en claro que “de ninguna manera implicaría la renuncia a la reintegración marítima plena y soberana…”.
Los bolivianos deben hacer conciencia de que han pasado más de 100 años de la pérdida de su litoral marítimo y que, a pesar de las varias negociaciones que hubo en ese tiempo, no se recuperó ni un centímetro. Todo hace ver que podrán pasar otros 100 años y nada cambiará. Entretanto, seguirán perdiendo todos los beneficios que brinda una salida al mar, cualquiera sea su estatus.
El diplomático y periodista Fernando Salazar Paredes ha escrito un valioso libro titulado Bolivia y Chile: desatando nudos. En una de las partes de su obra, expone que en el derecho internacional actual se reconoce que existen dos tipos de soberanía. Una es la soberanía territorial y la otra es la supremacía territorial.
Salazar refiere que “el argentino Julio A. Barberis, al definir el concepto de ‘soberanía territorial’, señala que un Estado es soberano respecto de un territorio en la medida en que goza del derecho a cederlo a terceros. Por tanto, el calificativo de ‘soberano’ se aplica tanto a un Estado que sólo tiene competencia para ceder dicho territorio a un tercero, como a aquel otro que goza sobre el territorio en cuestión de todas las competencias que el derecho internacional le puede otorgar”.
“El mismo autor —dice Salazar— sostiene que por ‘supremacía territorial’ se comprenden los derechos o competencias territoriales que un Estado posee respecto del territorio de un Estado extranjero. Un Estado puede concertar un tratado con otro a fin de otorgarle competencias en un sector de su territorio y permitirle efectuar actos de autoridad en lo correspondiente a las competencias cedidas”. Esta modalidad es la que podría ejecutarse entre Chile y Bolivia.
Salazar señala también que “la aparente dilación de llegar al objetivo óptimo de salida con soberanía, sin embargo, se puede tornar, más bien, en un elemento acelerador para llegar, en última instancia, a la meta final deseada”.
La obtención de un enclave sin soberanía, por ahora y quizás por mucho tiempo, parece ser la única solución posible para Bolivia. (Volveremos sobre el tema).
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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