La democracia directa es el tema de un coloquio que congrega en Buenos Aires a varios colegas, entre ellos, el pensador orureño Simón Pachano, nacido en Ecuador, y Salvador Romero Ballivián, que aparte de presidir la Corte Electoral es hincha celeste, pero de Bolívar. Debido a esta casual visita recorro librerías en la avenida Corrientes y encuentro un título que suscita mi atención: Bolivia Construcciones. Es una novela escrita por Bruno Morales, seudónimo de Sergio Di Nucci, ganador del premio La Nación Sudamericana 2006-2007 y que entre noviembre pasado y este cálido marzo lleva ya cuatro ediciones. Un libro que tiene su anécdota porque el premio fue revocado por el jurado que advirtió —gracias a la “denuncia” de un lector de 19 años— similitudes entre la obra galardonada y Nada, una novela escrita por una catalana en 1944. “No es nada”, dijo De Nucci pero el jurado revirtió su decisión. Jurado compuesto entre otros por Carlos Fuentes y Tomás Eloy Martínez que habían aprobado por unanimidad la concesión del premio y dieron vuelta atrás en medio de un interesante debate sobre “las distancias entre texto ajeno y propio, entre copia y originalidad”. Y se pueden imaginar los debates citando a Borges y Derrida.
Esta anécdota no resta méritos a Bolivia Construcciones, es más, me importan un comino las vicisitudes del premio porque la lectura de la novela provoca gozo —y carcajadas de vez en vez— al seguir las historias de unos inmigrantes bolivianos en Argentina y una suerte de sonrisa cómplice con sus personajes. Lejos del acostumbrado Lamento Boliviano —mote de una personaje, además— el aire que emerge de las circunstancias en las que se ven envueltos y se desenvuelven Quispe, un sabio aymara, y su sobrino, aprendiz de albañil y cada vez más débil frente a sus ganas de tomar cerveza, es de un permanente juego con y ante las circunstancias sin mayor drama. Es más, con cierta ironía cuando se trata de retratar a argentinos, paraguayos, cochabambinos y, sobre todo, a peruanos y cruceños. Y en esas someras interacciones, diría un sociólogo, queda retratada una suerte de psicología colla-chola que parece un espejito de nuestras manías. Manuel, El Papirri, Monroy Chazarreta denomina “metafísica popular” a esa manera peculiar de ver las cosas y, en este caso, el escritor argentino bordea esos atributos con perspicacia.
No cometeré el error de contar su trama ni tengo la pretensión de juzgar su calidad desde una lectura crítica. Simplemente deseo invitar a recorrer las páginas de Bolivia Construcciones donde se pueden encontrar situaciones como la siguiente:
“El alemán comentó: Tiene usted una historia tan triste, y sin embargo ha logrado conservar la alegría. Nunca supimos si se refería a Abel o a todos los bolivianos. Por mi mente, y supongo que por la de todos los demás, pasaron como una exhalación imágenes de episodios molestos que podían justificar las dos posibilidades: la media hora que nos había hecho esperar la esposa de Abel antes de tomar el 150; la pobre contribución boliviana al asado —“carne sin adobo, muchacho”, me decía siempre el Quispe. La primera en responderle al alemán fue Lamento Boliviano: Ay no —le dijo—, ¿por qué le parece que tenemos una historia triste?”.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
Achacollo y la presunción de culpabilidad
La actual Carta Magna expresa que la dignidad y la libertad son inviolables y que se presume la inocencia del acusado/a mientras no se pruebe su culpabilidad. Sin embargo
Responsabilidad del Estado
La responsabilidad por los daños que particulares o servidores públicos causan al Estado es clara, es ejecutiva, civil, penal o administrativa, según corresponda, así lo establece la Ley 1178, el Decreto de responsabilidad por la función pública
Reflexiones en el adiós a un amigo
Yo no voté por Evo Morales, pero como la mayoría de los bolivianos, el año 2004 abrigaba un calorcillo secreto porque este personaje descalabrara la armazón de la democracia basada en componendas y transfugios.
Especulaciones electorales
La realización de elecciones para todos los cargos de representación después de la puesta en vigencia de la nueva Constitución Política del Estado constituye el resultado lógico de esta primera fase del proceso boliviano.