Nadie que haya sido refugiado político alguna vez podría estar de acuerdo con la campaña persecutoria que se ha lanzado contra Wálter Chávez. Trabajé en el mismo diario con él, hace algunos años. Sentí mucho, junto con otros colegas, su enfermedad. Después se puso mejor y no nos vimos más.
Wálter es un buen periodista, aunque ahora ha mostrado que tiene mejores aptitudes para otras funciones. Es un excelente operador de imagen y publicista político.
Se podría decir que el gobierno del MAS ha perdido mucho con la ausencia de Wálter en el Palacio de Gobierno. Ha pasado a ser un gobierno gris, sin hechos impactantes.
La obra maestra de Wálter fue el caso de la reforma del sistema tributario petrolero. Fue él quien decidió bautizar a esa medida como “nacionalización”. Y su segunda obra más impactante fue anunciar que a partir de esa medida, las petroleras iban a pagar 82 por ciento de impuestos para siempre, y no sólo por unos meses.
Estas inteligentes decisiones, propias de un genial publicista, tuvieron una excelente puesta en escena. Wálter sugirió que una “nacionalización” que valga la pena debía hacerse con la presencia de tropas del ejército, como había ocurrido en 1937 y 1969. Y llevó banda de música. Fue él quien le puso el casco de petrolero al ministro Andrés Soliz Rada. La foto del ministro recorrió el mundo como imagen de un pueblo sufrido que tomaba una medida heroica.
Casi todos los profesionales de la publicidad suelen cometer un error. Olvidan que después del primer impacto, una medida tiene que ser sostenida. La gente de la publicidad tiende a concentrarse en el impacto inmediato. Total, al día siguiente es otra historia, otra edición.
Por eso es que la historia del 82 por ciento de impuestos estalla ahora como una mentira. El Gobierno, ya sin Wálter, no sabe qué hacer para prolongar la vigencia del impuesto provisional del 32 por ciento, con el que la carga total llegaba a 82.
¿Qué hacer ahora? A un publicista no hay que preguntarle eso. Él hizo su trabajo. La medida tuvo impacto en el momento. Era el contratista, es decir que era el gobierno, quien debía decir si estaba bien, o era honesto, bautizar a este episodio como “nacionalización” y decir que los impuestos habían subido a 82 por ciento para siempre.
Para entender mejor cómo afecta al Gobierno la ausencia de Wálter, hay que observar lo que pasó con la “nacionalización” de Vinto. Fue un hecho gris. No hubo espectáculo. El espectáculo estuvo, luego, a cargo del propio Presidente, con sus contradicciones sobre si iba a haber una indemnización a la Glencore, y luego si esa indemnización iba a ser pagada por Comsur o el Estado boliviano, hasta que quedó en que sería el Estado.
Por último, otra genialidad de Wálter fue que el MAS llamara “mayoría absoluta” a la mayoría relativa en la Asamblea Constituyente. Mucha gente cree que la mayoría absoluta requiere más votos que los dos tercios. Genial. Claro que, para eso, hay que contar con un nivel muy bajo de preparación de la gente.
Lo cierto es que Wálter Chávez es ahora reclamado por el gobierno peruano y aquí se ha desatado una campaña para cazarlo y enviarlo. No estoy de acuerdo. Tendría que quedarse para ayudar al Gobierno a resolver los problemas que tiene ahora.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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