Las 24 horas del día, estos negocios atienden en el paisaje árido del camino La Paz-Oruro. Villa Loza, Caracollo y Patacamaya son sólo tres de las paradas obligatorias que tienen los sibaritas de la carretera.
Texto: Jorge Soruco • Fotos: Pedro Laguna
Alas 9.00 ruge el hambre. Con el apuro de empacar, el asunto de la comida se olvida. Por suerte el conductor se sabe al dedillo los lugares donde se puede comer rápido y barato. A pesar de lo desolada que puede aparentar la carretera desde La Paz hasta Oruro, cientas de personas viven de estas paradas esporádicas.
En el kilómetro 70 de la carretera a Oruro está Villa Loza, más conocida como El Tholar, debido a la abundancia de thola en la zona. Frente a frente se alzan los hoteles Gran Poder y El Porvenir. Una lluvia obliga a parar frente a Gran Poder, al lado del carril de ida de la ruta interdepartamental.
Comedor lleno. Choferes, militares y turistas se sientan alrededor de las 12 mesas distribuidas en la sala. Los mozos revolotean tomando órdenes y llevando los platos. Si se va por un tazón de café caliente para ahuyentar el frío, grande será la sorpresa al descubrir que se ofrecen desayunos continental y americano, además del té o el café acompañado de jamón, huevos, asados, jugo de naranja y otras combinaciones culinarias.
Raúl Herrera Loza, uno de los hermanos que administran el local, se acerca a las mesas para conversar, preguntando, sobre todo, sobre el servicio. “La atención al cliente es lo más importante. Aparte de aceptar sus deseos, es bueno que nosotros, los administradores, mostremos que nos interesan sus opiniones”, explica.
El hotel Gran Poder es un negocio de la familia Loza y funciona desde los años 50, al igual que El Porvenir. Ambos negocios inician su atención a las 7.00. “El desayuno es uno de los momentos más ocupados del día”, aclara Raúl, aunque a la hora del almuerzo y la cena también hay gran ajetreo.
El Tholar es un punto de parada para quienes parten al interior del país, a Chile o a los valles como Sapahaqui y Quime. Las comidas van de los 10 a los 35 bolivianos.
Un detalle en el Gran Poder es su micromercado. “La idea es facilitar al viajero todo lo que pudo haber olvidado”, afirma Raúl. Allí se halla desde golosinas, lácteos, rollos fotográficos, bebidas y demás accesorios para continuar el viaje.
Patacamaya
Rosmery Condori lleva un año de trabajo en Patacamaya. Atiende la pensión Los Pinos, trabajo que antes hacía su madre. El local está en la carretera rumbo a Tambo Quemado, frontera con Chile, a siete cuadras de la ruta La Paz-Oruro.
Mediodía. El comedor de seis mesas se llena de camioneros, choferes y turistas. Teniendo en cuenta que el plato sale a 9 bolivianos, es un buen día para Rosmery, pues podría ganar 250 bolivianos o más.
¿Cuál es el secreto de su éxito? Rosmery ríe pícara y replica que son los huevos… que producen sus gallinas y que ella recoge frescos todas las mañanas. Igualmente, su familia tiene una granja de llamas que ella misma carnea. Y con la misma sonrisa, sigue atendiendo.
Continuando el camino, se encuentra el hotel Santa Elenita, que por muchos años albergó al principal restaurante de la zona. Aunque la competencia aumentó considerablemente en la región, aún mantiene buena clientela.
Caracollo
Una hora y media más tarde de altiplano se llega a Caracollo. El restaurante Del Río ofrece una taza de café para espantar el sueño y el frío. Ubicado poco antes de la curva a la carretera a Cochabamba, el lugar está lleno de flotas.
Dentro, el mostrador está repleto de clientes. La mayoría de los buses de transporte entre Oruro, La Paz y Cochabamba paran en este restaurante por convenio, pues en Del Río se atiende a los conductores de las flotas como a reyes. Los pasajeros también pueden acceder a sus platillos. Son especialmente solicitados los sándwiches de carne con café.
Luego de la curva está el restaurante Bolivia. El administrador, Ronald Laura, toma la orden. “Aquí trabajamos las 24 horas del día. Nuestros principales clientes son los choferes y pasajeros de las flotas Paraíso. También atendemos a conductores privados”.
El negocio no va tan viento en popa como él creía cuando alquiló el local dos meses atrás. El grueso del transporte tiene convenio con el restaurante Del Río. Sin embargo, para la mesera Felipa Laura, el trabajo es tranquilo. “Una conoce a mucha gente interesante. Muchos turistas chilenos pasan por acá”.
De regreso, Raúl Herrera Loza espera en el restaurante Gran Poder para comentar que varias personalidades pasaron por sus ambientes. “Tengo fotografías con el Evo y el Bombón, entre otros”.
Su principal competidor, además de pariente suyo, Abraham Loza Castillo, concuerda en ese punto. “Llegas a conocer a muchas personas. Y te las encuentras muchas veces, tanto de ida como de vuelta”, explica el administrador del hotel El Porvenir.
Pero no se trata sólo de restaurantes. Son cientas las personas que se acercan a los coches para ofrecer quesos, refrescos, charque, pollo y mucho más. Son esas personas, anónimas para el viajero, las que dejan la vida en la carretera.