El municipio cruceño pasa sus días con el recuerdo de la Guerra del Chaco. Las heridas de las balas paraguayas aún se ven en sus paredes.
Texto: Miguel Vargas Saldías • Fotos: Pedro Laguna
Un militar paraguayo se robó a la Virgen. Terminaba la Guerra del Chaco (1935) y cuando huían los soldados guaraníes, sacaron la imagen del templo de Charagua. Como no era fácil cargarla, se la mutiló. En el camino abandonaron las dos partes y fue otro militar el que la llevó en una maleta hasta Asunción. Allí, este último le hizo una promesa a la madre de Jesús: si lo salvaba de la enfermedad y preservaba a su familia, la devolvería. Sin embargo, pasaron 55 años hasta que un grupo de misioneros cruceños se contactó con la entonces propietaria para gestionar su devolución. Desde ese día, la Virgen regresó a Bolivia y lleva el grado de Generala.
La historia de la Guerra del Chaco se respira en Charagua, municipio a 400 kilómetros al sudoeste de Santa Cruz de la Sierra. Pertenece a la Mancomunidad de Cordillera y tiene 29.000 habitantes. Sus principales actividades económicas son la ganadería y la agricultura.
La contienda por el petróleo todavía duele. Las tropas paraguayas tomaron Charagua entre el 18 y 20 de abril de 1935. En uno de los edificios de la plaza principal aún se pueden ver los agujeros de bala, mientras un kiosco construido por los prisioneros “pilas” todavía se encuentra en pie. Más recuerdos de la guerra deambulan por el Regimiento Boquerón y recorren una sala del museo que exhibe teléfonos de guerra, mapas, uniformes antiguos y una serie de imágenes que mantienen viva la memoria.
Los resabios de la guerra
William Israel Vargas Herrera es corregidor mayor del municipio de Charagua. Al caminar por la plaza 21 de Abril saluda a los que pasan y se muestra amable, como buen chaqueño. “La gente aquí es muy buena, trabajadora y hospitalaria. Tenemos mucho que ofrecer al turista. De aquí a cinco o seis kilómetros está Aguas Calientes. También están las pozas, el río Parapetí y otros lugares ”.
El clima cálido propicia un hábitat para los animales, mientras el pueblo avanza al compás que marca el tren, su principal medio de transporte. De todos modos, escapar del eco bélico es imposible y el corregidor recuerda otro dato: “De aquí a siete kilómetros ardió un arsenal. Cuando los paraguayos lo vieron, creyeron que llegaban refuerzos y retrocedieron. En realidad, un sargento boliviano prendió el fuego”.
Cada 21 de abril se festeja la retoma de Charagua. Para la conmemoración se hace un desfile cívico y la serenata al pueblo. En la misma época se celebra la feria ganadera.
“Quedan pocos excombatientes, antes habían muchos”, se lamenta el corregidor Vargas mientras señala el Monumento al Soldado Desconocido. Y como si lo llamaran, asoma Adán Sánchez Vela.
Con una sonrisa invita a pasar a su casa, donde vive solo. Sánchez, quien a pesar de la edad sigue con su venta de accesorios para vehículos, lleva una vida tranquila. Pero basta mencionarle la palabra guerra para que los recuerdos empiecen a agolparse en su memoria.
Nació en Totora el 10 de octubre de 1914 y a los 18 años ingresó a la contienda. Lo hizo por Villamontes, pasando por el sector de Tres Loros y avanzando hasta los distintos fortines bolivianos. La carencia de agua y alimentos así como la inquietante espera de noticias del frente son parte de sus relatos.
Los ojos de Adán se ponen vidriosos. Llega el recuerdo del día que cayó preso. “Cuando me vieron, me dijeron que querían conocer La Paz. No me mataron, pero sí lo hicieron con otros prisioneros. Recuerdo que vino un oficial con su pistola y dijo: \'Los de La Paz, un paso al frente\'. Y los mató. Como yo soy totoreño (Cochabamba), tuve suerte”.
La fortuna lo siguió acompañando. “Cuando estaba preso, unos paraguayos me dijeron: \'No te fatigues, que ya vas a salir\'. Luego de unos días, en la noche, se acercaron y me abrieron la puerta. \'Llegó la hora para que te mandes a cambiar\', dijeron. Entonces me escapé y me dormí en el monte. Al otro día salí libre a Cañada Chuquisaca”.
Para relatar la retirada, la memoria se torna en un obstáculo para Adán. Esto hace que los visitantes, cada vez, vuelvan a tocar su puerta en busca de nuevos relatos.
El Museo de Charagua también tiene historias que contar. En su interior se puede recorrer el mundo guaraní a través de objetos arqueológicos de la zona, así como conocer y adquirir la artesanía que proviene del Isoso o los instrumentos y bailes tradicionales de la zona.
En el mismo museo se halla la sala dedicada a la Guerra del Chaco, donde se dan pormenores, entre otros valiosos datos, del secuestro de la Virgen de los Ángeles.
La iglesia de San Miguel, en la plaza principal, es la actual casa de la Virgen. En uno de los altares principales, reparada su mutilación, la efigie luce un vestido blanco, una corona en la cabeza y el rosario en las manos. A sus pies se arrodillan aquellos que buscan sanarse de alguna enfermedad o solucionar problemas económicos. El último fin de semana de abril, Charagua no sólo recuerda las glorias y derrotas de una guerra injusta, sino que festeja el haber recuperado la fe.