Desde hace varias décadas que las investigaciones han demos- trado los riesgos que trae el fumar tabaco. Se calcula que del total de 1.100 millones de personas que fuman en el mundo, cerca de 930 millones viven en países en vías de desarrollo como el nuestro. En un estudio realizado hasta el año 2000 se evidenció que las enfermedades cardiovasculares fueron la principal causa de muerte con un total de 1.690.000 personas fallecidas, seguida por las enfermedades pulmonares crónicas 970.000 y el cáncer de pulmón 850.000.
Los estudios han puesto a la luz que el tabaco también es contraproducente para la actividad mental, otros tipos de cáncer, la vida fetal, el sistema gastrointestinal, genitourinario, sistema inmune (defensas del cuerpo) y hasta la vida sexual y la capacidad reproductiva.
Actualmente está claramente establecido que el consumo de tabaco deteriora el sistema cerebral, disminuyendo su circulación sanguínea de forma significativa. Otro punto en contra del consumo de cigarrillos es que se los ha asociado en un 80% al alcoholismo, demostrando que un elevado porcentaje de personas alcohólicas tienen el hábito de fumar y además está relacionado a personalidades compulsivas, suicidas y con tendencia mayor a la depresión.
En nuestro medio es raro ver a los consumidores de alcohol sin un cigarrillo en la mano y se autodenominan “fumadores sociales”, mientras que los que no fumamos nos autodefinimos como “fumadores pasivos”; quienes no estamos exentos de los riesgos del humo del cigarrillo.
En varios países del mundo se han instaurado políticas concretas en cuanto a consumo del tabaco y han prohibido la publicidad explícita como se hacía hace décadas con el famoso “cowboy fumador”; que por cierto murió a consecuencia de un cáncer de pulmón en los años 90. Más aún se ha obligado a las marcas de cigarrillos a inscribir en sus envolturas mensajes claros que describen los males que provoca el tabaco. Los “fumadores pasivos” estamos más protegidos fuera de nuestras fronteras, porque allá se prohíbe fumar en ambientes, pequeños y cerrados, donde tranquilamente podrían estar mujeres embarazadas, niños y personas que padecen asma, por decir algunas.
Las preguntas que surgen esta vez son: ¿Qué se está haciendo en nuestro medio al respecto de la prevención de las enfermedades secundarias al consumo de cigarrillos? ¿Quién protege la salud de los “fumadores pasivos indefensos” como los fetos, los ancianos y los niños? Fumar mata, está claro; pero también es cierto que pueden haber soluciones y reducción de las altas tasas de morbi-mortalidad si se prevén políticas de salud al respecto y se hacen cumplir las leyes.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra y master en reproducción humana.
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