El Madera no es pues un río cualquiera. Desde una perspectiva eminentemente natural y geográfica es, con mucho, el principal río boliviano. Si la importancia de un río estuviera dada solamente por el valor que la opinión generalizada de la sociedad le asigna, posiblemente el río Madera no estaría entre los principales del país. Relegado en el confín noroeste de nuestra amazonia, es casi un símbolo de la marginalidad de esa región.
Quizá por esa razón, el anunciado proyecto de construcción de represas en su curso superior, que hace el límite entre nuestro país y la República del Brasil ha concitado mucho menos atención que su “par” fronterizo en el confín opuesto de nuestra república. En efecto, el Silala ha sido, con razón, fuente de constante preocupación, debates públicos y movilizaciones sociales, además de la atención que el Estado le ha prestado en los últimos años. Las represas en el río Madera, en cambio, constituyen una iniciativa enmarcada en el silencio.
En términos exclusivamente geográficos, las aguas del Silala no corresponden a ninguna cuenca. Provienen de una vertiente natural y siguen un muy corto curso que, natural o artificialmente, se dirige hacia la vertiente chilena de la cordillera, sin formar parte ni alimentar ninguna otra red hidrográfica. Su caudal ha sido estimado en cerca de 0,2 metros de agua por segundo. El del Madera, en promedio de los años que no son de inundación, sobrepasan los 17.000 metros cúbicos de agua por segundo. La sola diferencia de magnitudes es ya ilustrativa no de la diferencia entre ambos ríos, sino de las dimensiones de nuestro desinterés colectivo respecto al Madera.
Estas cifras no debieran sorprender. Con la sola excepción del río Acre, el Madera es el único colector de todas las aguas de la mayor cuenca hidrográfica de nuestro país, la del Amazonas, que abarca el 67% del territorio nacional. En otros términos, todos los ríos de esa cuenca, desde el Abuná en el norte hasta el Grande que casi llega a la región del Chaco en el sur, desembocan ineludiblemente en el Madera.
Pero además, al ser el único colector de todas estas aguas, el Madera constituye su único punto de drenaje. Este dato es particularmente significativo si tomamos en cuenta que, inmediatamente antes de su conformación, en la confluencia de los ríos Beni y Mamoré, están las llanuras del Beni caracterizadas por sus severas inundaciones periódicas. La impresionante llanura beniana, con un declive aproximado de 20 centímetros por kilómetro, de suelos arcillosos muy poco permeables, constituye el receptáculo de la inmensa masa de agua que baja de la cordillera andina por esta cuenca inundándola invariablemente todos los años. Como es bien sabido, esta inundación estacional sube en magnitud en determinados años hasta alcanzar las proporciones de catástrofe, como la que en estos momentos se vive.
Este único drenaje de la inundación beniana, y de las aguas de la mayor cuenca del país, tiene una conocida
característica: las famosas “cachuelas”: un conjunto de rápidos, saltos de agua y “correderas” que obstaculizan su cauce. Las cachuelas se producen por el afloramiento de antiguas formaciones rocosas que atraviesan perpendicularmente el curso alto del río Madera desde su conformación hasta la población brasilera de Porto Velho, en una distancia de aproximadamente 280 kilómetros. Personalmente, no conozco ningún estudio categórico acerca del efecto de estas cachuelas en el cauce del río, ni en el balance hídrico de la cuenca a nivel local o nacional. Mucho menos del impacto ambiental que causaría su modificación, por medio de represas, ni de las políticas o mecanismos que el Estado boliviano ha adoptado o podría adoptar para prevenirlas.
La rivera izquierda del Madera, en su segmento boliviano, está cubierta por bosques de alta biodiversidad, representativos de los ecosistemas y recursos naturales amazónicos. Constituye claramente uno de los espacios amazónicos menos intervenidos de toda esa región. En esta rivera se encuentra la sección municipal de Nuevo Manoa, con una población total estimada por el último Censo Nacional del año 2001, de 740 habitantes. Cerca del 40% de ellos viven en la población de Nueva Esperanza y los demás en barracas dispersas, algunas de ellas, no más de una decena, en la rivera del gran río. Las diferencias de cobertura vegetal, intervención humana y magnitud poblacional entre esta rivera y la brasilera saltan a simple vista en cualquier mapa satelital accesible.
El Madera no es pues un río cualquiera. Desde una perspectiva eminentemente natural y geográfica es, con mucho, el principal río boliviano. Pero además, por su envergadura y características, el de mayor riesgo ante la posibilidad de cualquier alternación en su curso natural, con posibilidades de impacto a gran escala. Bien merece pues la población que se le informe acerca de los proyectos brasileros sobre él y, de manera especial, de las políticas e instrumentos que para el caso el Estado boliviano ha previsto.
* Jorge Cortés Rodríguez es historiador.
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