Llegó a La Pazexclusivamente para el encuentro con mía. Se había programado una tarde para la entrevista y la sesión de fotos en el estudio de La Razón. Así, se marcó la agenda con Milena Fernández, la conductora de Brújula, un programa televisivo de la red PAT que muestra los rincones de Bolivia. “Muchas veces he viajado primero en avión, luego en un automóvil, luego a caballo, después a pie para llegar a un lugar”, anticipa esta amante de los suelos y de los parajes bolivianos.
Los últimos detalles de la reunión se acordaron con el productor del programa, Carlos Alberto Ortiz. Parecía un numeroso equipo de trabajo, pero toda esa visible eficiencia se debía sólo a dos personas: Milena y Carlos. “Y hace un mes ha ingresado una muchacha que está trabajando con nosotros y me ayuda en el tema de la facturación”, enfatiza aliviada.
Sus embotados pasos resuenan por el pasillo; unos jeans ajustados y una chompa a la cintura alinean su dorada figura. Su rostro, bien maquillado, estaba adornado por una colorida flor natural en el cabello...
En las ediciones de Brújula casi siempre se te ve con una flor en el cabello y ahora también. ¿Por qué las llevas? Yo represento a la naturaleza, yo viajo y estoy siempre en contacto con la naturaleza; y para mí, una flor significa el encanto de la naturaleza. Creo que la persona que me quiera conquistar tiene que regalarme unas flores.
Brújula se produce hace cuatro años, ¿en ese tiempo cambiaste tu imagen, tu estilo, a manera de renovarte? Sí, hasta ahora. Trato de ser diferente. (...) trato de cambiar siempre el look y la forma de vestirme, trato de ponerme algo que se distinga de los demás.
¿Esa búsqueda para diferenciarte fue el motor que te condujo a hacer un programa turístico, en su momento, único en ese formato? Comencé en televisión, con una revista de variedades. Luego hice el Carnavalero y después, sociales, y ése era para mí un mundo de competencia por la exclusividad. Todos metían el micrófono y era una pelea por obtener la primicia. Entonces se me vino a la cabeza hacer algo diferente, algo que de repente Rubén Poma y Aldo Peña hicieron, pero que ya no había. Así decidimos con mi productor, Carlos Alberto Ortiz, hacer los viajes, y no me arrepiento, porque ya vamos más de cuatro años y hasta ahora es interminable conocer Bolivia. Bolivia es tan grande que, aunque me invitan a viajes internacionales, yo creo que mejor es conocer primero lo nuestro.
En tantos recorridos y arribos a sitios del país, ¿cuál es el lugar que más te cautivó? Es difícil decir éste o el otro me ha cautivado, porque realmente Bolivia es mágica, no sólo en el oriente, sino en el occidente. (...)
¿Algún sitio en el que te encontraste con algo que ni se podría imaginar que existe en esas tierras? Rurrenabaque, en el Beni, y el mágico Salar de Uyuni (Potosí), me han cautivado.
Seguro que hay cientos de historias que ocurren detrás de la cámara. Cuéntanos algunas alegres, tal vez otras tristes... Fuimos a Pando, al lago Bay (a orillas del río Manuripi, en la provincia del mismo nombre), que es un espectáculo, es un lugar de aguas claras, y volvimos de noche con otras personas. Tenía un dolor de cabeza terrible, la linterna no funcionaba, no servían las pilas y la canoa en la que íbamos daba al ras del agua, esa fue una de las malas experiencias. Y otra en Potosí, donde le quisieron pegar a mi camarógrafo porque creen que filmándolos te robas su espíritu, igual que en Tarabuco. Allí tuve que pagar diez bolivianos para darle un beso a un tarabuqueño. Primera vez en la historia que le pago a alguien por un beso (ríe). Pero son más los momentos gratos. Con los chimanes, en Rurrenabaque, San Borja, donde la gente construye sus casas con hojas de jatata, hubo un hombre que me pidió que me case con él, me dijo que él iba a pescar y me iba a dar de comer, esas son cosas gratas.
¿Qué diferencias significativas encuentras en las costumbres de un lado a otro? De todo. En Potosí fui a las minas y me trataron espectacular, entré hasta donde estaba el Tío, comí llama medio cruda. Esas son cosas con las que si quieres identificarte con la gente tienes que hacerlas, son parte de su cultura. Ellos te brindan con toda su sencillez, he llegado a comer papa con llajua, con todo el cariño del mundo me lo han preparado y lo comí saboreando, identificándome con ellos, y además tenía hambre.
Después de un largo y ajetreado viaje, de todo el proceso técnico, ¿qué sientes cuando sale el programa al aire? Yo me siento muy satisfecha del trabajo que hago, es más, creo que no lo dejaría en este momento, soy la única que hace ese trabajo y es difícil, yo no creo que exista alguien que quiera sacrificarse tanto, porque es sacrificado, aunque tiene sus recompensas.
¿Por qué es tan sacrificado?, ¿qué implica? Cuéntanos sobre esas exigencias... Es por mi hijo, él (Fernando) tiene 11 años y todo el tiempo me dice: \'mamita, por qué no hacemos un programa como lo hace todo el mundo aquí\'. Son más de cuatro años (que constantemente viaja) y él si bien se ha acostumbrado y se queda con su papá, yo pienso que me necesita mucho, porque no es lo mismo el padre que la madre. Sin embargo, ha sabido entender, es mi fans número uno. Mi hijo es lo más importante.
En cada programa, te presentas con el traje o los accesorios del lugar que visitas, ¿cómo haces con toda esa producción? Lo que pasa es que yo voy preparada. Por ejemplo, para la entrada del Gran Poder investigué qué danzas se iban a bailar y qué grupos, y en Santa Cruz me alquilé los atuendos y los traje en la maleta. Ese día me vestí en la iglesia y salí a bailar con ellos. En el Carnaval de Oruro bailé la diablada, todavía ahora tengo los moretones por alzar la máscara que es tan pesada. (...)
¿Por qué buscas estos elementos?, ¿cuál es el fin? Porque yo me identifico con cada lugar al que voy, y creo que eso enorgullece a la gente (que visita). Por ejemplo, si voy a Tocaña, donde están los afrobolivianos y me visto como ellos y bailo, se sienten felices. Si voy a Cochabamba, me visto de cholita, porque para ellos eso significa que te estás identificando con su cultura, con su vestimenta, estás comiendo lo que ellos comen, así sea papa, un pedacito de charque frito. Estoy muy orgullosa de ser boliviana.
Seguro llevas una maleta gigante en la que van los trajes, ropa, maquillaje, de todo... No. Anoche dormí con ruleros y con este maquillaje de acá (señala los párpados) que me hacen en Mary Lizzie. Dormí así y ya hoy me puse el make up y el lápiz labial, pero esto es por la sesión de fotos (con Mía), pero cuando viajo al campo, me maquillo yo, lo hago algo más suave, más natural, (...) porque estoy compartiendo con gente sencilla, con gente modesta. Ya en las presentaciones trato de ser más diva, estar más producida. Para mis presentaciones en el set, me preparo mucho, no hablo por hablar, no hablo lo que se me venga a la cabeza, hago mis resúmenes y recolecto todas las informaciones que se pueda.
Una frase que te describa en el día a día o una que relate tu día a día... Lloro poco y río mucho. Y me considero una persona sencilla que no tiene pudores ante una cámara. mía
...tuve que pagar diez bolivianos para darle un beso a un tarabuqueño...
El perfil Milena Fernández Roca nació en Riberalta, Beni. Tiene 32 años y salió bachiller del colegio Irlandés de Cochabamba. Luego estudió Comunicación Social en la Universidad Evangélica Boliviana de Santa Cruz. Sus primeras armas en televisión las hizo en revistas y en eventos sociales. Actualmente conduce Brújula, en PAT, además de unas cápsulas.
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