En mi columna anterior expuse que los bolivianos deberían estar con el ánimo dispuesto a aceptar que Chile nos ceda un enclave marítimo sin soberanía, en las condiciones que reseñé en ella. Ahora, voy a referirme a la inviabilidad que existe en torno a la posibilidad de resolver el enclaustramiento marítimo de Bolivia, a través de un corredor de territorio pegado al límite fronterizo entre Chile y Perú (línea de la Concordia).
La iniciativa fracasó en la negociación marítima de 1975-78 porque Perú, el tercero en la discordia, propuso tener participación en una zona tripartita en Arica, lo que Chile rechazó. Nada ha variado al presente para que Perú no insista en la idea.
Más bien, habría que decir que la situación sí ha cambiado, pero en forma totalmente desfavorable para Bolivia. Sucede que el Perú aprobó una ley en el 2005 para modificar la delimitación marítima con Chile.
La posición que asumió Chile frente a esa ley es que Perú desconoce unilateralmente los tratados de delimitación marítima entre ambos países, después de que durante 50 años estuvieron vigentes, sin observación. La aplicación de la ley le significaría a Chile la pérdida de 30.000 kilómetros cuadrados de mar.
Esta diferencia en el territorio marítimo de Chile impediría el acceso de Bolivia al mar, en caso de que prospere la idea del corredor, aunque lo previsible es que el conflicto quede congelado, pero sin dar margen a que Chile pueda disponer del mar en disputa.
Durante la negociación de 1975-78, integré un grupo de periodistas para ir a conocer la salida al mar que nos iba a dar Chile. Tuvimos la oportunidad de navegar en un pequeño yate por las aguas que pasarían a ser nuestras. Sólo sentíamos que había un oleaje más fuerte de lo que era de esperar, pero no nos perturbamos, estábamos ilusionados con la salida propia al mar.
Después de ello, en La Paz me informé que la Comisión Marítima que el Gobierno formó para la negociación tenía el proyecto de construir un dique desde el fondo del mar para tranquilizar las aguas, exigencia que tendrían los barcos para atracar en la costa. El dique de cemento y hierro iba a elevarse por encima de la superficie. Para aprovechar su plataforma, se planeó construir un aeropuerto, lo que da la idea de la dimensión y el costo que iba a tener.
El 30 de diciembre del 2006, La Razón publicó la carta de un lector identificado como Alfredo Eduardo Olmos, con C.I.126218, en la que ofrecía una serie de datos históricos en apoyo de la recuperación marítima. Al referirse al corredor marítimo, decía: “El corredor ofrecido llegaba por el filo de la línea de la Concordia a una playa física y técnicamente no apta para el calado y atraque de naves y barcos de profundo calado”.
*Alberto Zuazo Nathes
es periodista.
El viaje de los constituyentes
Más allá del costo económico o el tiempo que consume a los constituyentes su permanencia en los distintos departamentos, vale la pena detenerse en evaluar los resultados de dichas experiencias.
El origen de Bolivia
En un primer artículo hablábamos de la opresión que había en Charcas. En India había un sistema de clases sociales tan rígido que hoy no se ha podido eliminar totalmente.
¿Quién pierde más?
Ojalá la explicación del anexo F sea satisfactoria y muestre que los intereses nacionales están protegidos...
Y llegamos a la censura consensuada
Como antiguo crítico de cine, sentí un doble escalofrío cuando José Antonio García Belaunde planteó su “inquietud” al Canciller chileno respecto a Epopeya —teleserie chilena sobre la Guerra del Pacífico—, y Alejandro Foxley, al toque