60 grados sur, rozando el océano Antártico. Una noche de cielo despejado como pocas. El sol se había puesto por el occidente mientras amanecía por el oriente; una luz empezaba a divisarse por el sudoeste y otra por el sudeste. En medio, el reflejo de la masa polar en las crestas de las olas como líneas de soldados, plateadas, blancas; asistí a un espectáculo fantástico que tengo grabado en mi retina”.
Como si un poema recitase, describe José Luis de Ugarte la escena más hermosa que contempló en toda una vida entregada al mar, a explorarlo, a desvelar sus secretos y a predecirlos. Este veterano regatista de 79 años participó en 1990 en una de las competiciones náuticas más arriesgadas a nivel internacional: Velux 5 Oceans (antes llamada BOC Challenge), en la que durante más de cuatro meses entre siete y 25 navegantes privilegiados (según la edición) dan la vuelta al mundo surcando los cinco océanos: Atlántico, Índico, Pacífico, Ártico y Antártico.
Además de Unai Basurko, quien actualmente está navegando en la séptima edición de la regata, Ugarte es el único español que surcó los océanos en solitario quedando el noveno de 25 con un velero de 60 pies y un solo palo. El chileno Felipe Cubillos se quedó a las puertas de participar en la competición y de convertirse en el primer latinoamericano que arriesga su vida en esta peligrosa travesía marina.
Sin embargo, las dificultades para encontrar patrocinador se convierten en una traba a veces insalvable debido a los elevados costes que deben asumir. Por otra parte, son pocos los marineros que cumplen los requisitos para superar tan dura prueba con temperaturas extremas, fuertes tempestades o mares en calma que frenen la marcha del velero.
Según Ugarte, para lanzarse a esta ventura resulta imprescindible contar con “un elevado conocimiento de la mar —de los vientos, climas, zonas de cambios bruscos, borrascas, etc.—, años de experiencia y, sobre todo, tener confianza en uno mismo y ponerle mucha ilusión”.
Japón, Suiza, Reino Unido, Estados Unidos, España y Nueva Zelanda son los países participantes este año en la carrera que cumple su 25 aniversario, cuya clausura se celebrará a finales de abril.
Los retos de la navegación
Tan sólo 163 personas han rodeado la Tierra en solitario por mar, según la web www.fondear.com. La tortura de no dormir causa al principio cierta desorientación, que luego se puede desembocar en una percepción deficiente del entorno e incluso en alucinaciones. Tan duro es el aspecto sicológico como el físico. El desgaste de la soledad y las horas sin sueño puede equipararse a la pérdida de energía y grasa que consume el deportista. Contra olas de hasta 30 metros y vientos huracanados, especialmente en el océano Antártico, se enfrentan estos hombres y mujeres aventureros que tan sólo se desplazan con la fuerza con la que el viento empuja las velas de sus barcos.
Las averías ocupan gran parte del tiempo, y el poco espacio que queda libre lo aprovechan para dormir. “Yo llevo varios libros conmigo, pero el cansancio no me permite mantener los ojos abiertos”, relata José Luis entre risas con una voz grave al tiempo que cálida. Aunque sus canas dan idea de su edad, su vitalidad le resta años. “He vivido toda mi vida junto al mar. Desde hace 37 años resido en Sopelana, un pueblo de Bilbao, a menos de un kilómetro del mar. Toda mi casa lo mira”.
Esta carrera supone también una dura prueba para las familias de los marineros. Sólo la confianza en la experiencia y las habilidades del deportista les permiten mantener la calma, soportar la espera y creer en su regreso.
Sin más compañía que el mar y el eco de sus propios pensamientos; siempre pendientes del ánimo de la marea y del tono del cielo, los marineros conviven con diversos sistemas de localización como GPS o Argos, los que permiten a los organizadores conocer las coordenadas del barco. Sin embargo, en caso de emergencia, el competidor y compañero más próximo se convierte en el único salvavidas. En la edición de 1998, cuando la regata aún llevaba por nombre Around Alone Race, el marinero italiano Giovanni Soldini, además de alzarse con la victoria, fue quien se arriesgó a socorrer a Isabelle Autissier, cuyo velero se dio la vuelta en el océano Antártico sin volver a enderezarse.
Por otro lado, la participación femenina ha ido creciendo en cada edición y ocupando progresivamente mejores puestos en el ranking de llegada. En la sexta edición (2002), Emma Richards se convirtió en la primera mujer que consigue finalizar la carrera.
El día a día sobre el mar
Los veleros sueltan amarras, se despiden del puerto sin garantías de regresar. Sólo la fuerza y la dirección del aire los guía, por lo que la astucia del regateador es la base del éxito. No más de 50 minutos seguidos puede descansar el navegante, que en el día duerme cinco horas a lo mucho.
Con el mar en calma, José Luis aprovechaba para sacar algo de lo que guarda en su despensa, y a veces incluso sacaba tiempo para cocinar. Legumbres, carne enlatada, pescado en conserva, frutos secos, huevos en sal, papas y cebolla roja (que duran más) y algo de fruta, como naranjas y manzanas verdes, componían su dieta.
La soledad. Ese es el reto. Sin quien conversar, sin quien les ayude a reparar el barco, sin quien responda al otro lado del sistema satelital. Solos en la inmensidad de millas y millas de agua salada y sin puertos a la vista. “No todos los marineros experimentados son capaces. Muchos necesitan sentir el apoyo de sus compañeros”, relata Ugarte.
Contra viento y ballena
“De pronto el viento empieza a rugir. Hay que dejarlo todo. El Cabo de Hornos es traicionero”. Sin aviso, el velero de Ugarte BBV-Expo92 colisionó con el cuerpo de una ballena dormida que flotaba en semisuperficie. Tan rápido como pudo, el marinero trató de comprobar si la fuerza del choque había perjudicado a la estructura del barco, pero la reacción del animal herido se adelantó. Un coletazo del impresionante cetáceo a la popa provocó un giro de 180 grados a la embarcación. El aventurero alcanzó a ponerse en camino y escapar de la situación seguro de que finalmente el animal más grande conocido de más de 30 metros de longitud moriría desangrado por la incapacidad de cicatrización de su piel.
“La meteorología es nuestra mayor preocupación. Tenemos que buscar la forma de evitar las tormentas y localizar vientos”, explica el marinero. El Cabo de Hornos es uno de los puntos más peligrosos de la travesía, en el que Ugarte temió por su vida.
Los fuertes vientos de la Patagonia “encierran al velero” impidiéndole avanzar. “Esto se une a la amenaza de los icebergs y growlers (trozos de hielo desprendidos), que pueden averiar el barco y poner en serio peligro nuestras vidas”. Uno de esos fragmentos hirió en un costado el velero del regatista vasco hasta inundarlo con 16 toneladas de agua. “Afortunadamente hoy puedo contarlo. Con el agua helada del Antártico hasta la cintura me sumergí y conseguí taponarlo”. Luego suspira.
Para José Luis, “tanto la salida como la llegada son un premio”. Primero, por conseguir patrocinador, y segundo, por llegar a una meta que para muchos fue imposible alcanzar. La carrera antecesora en la que se inspiró Velux 5 Oceans se denominaba Golden Globe Race. Se celebró por primera vez en 1968 y sólo uno de los nueve barcos que salieron a dar la vuelta al mundo finalizó el recorrido: Robin Knox Johnston.
De esta primera experiencia es que nació en 1982 la actual regata, en la que compitieron por primera vez 17 barcos y se alzó con la victoria el francés Philippe Jeantot en 159 días. Con la experiencia y la mejora de las prestaciones de los veleros, el récord en el tiempo de recorrido ha ido mejorando hasta los 115 días que tardó el ganador de la última edición, el suizo Bernard Stamm.
“El mar es mi vida, no puedo vivir sin él”. Desde que tiene uso de razón para este ex miembro de la Marina Mercante Británica, el paisaje que siempre le ha rodeado es de color azul. En su libro Regata en solitario alrededor del mundo, este incondicional de la vela cuya vida permanece atada a la costa, sentencia: “Para mí, el mejor perfume del mundo es el salitre del mar”.
Recorrido mundial
En 1990, la travesía de los 25 participantes de la Regata Velux 5 Oceans, por entonces llamada BOC Challenge, y en la que participó José Luis Ugarte, realizó un recorrido de 30.000 millas alrededor del mundo con cuatro paradas. Los siete participantes de la regata Velux 2006-2007 siguen una ruta diferente que se inició el 22 de octubre en Bilbao (norte de España) con sólo dos mangas para descansar y revisar el barco: en Fremantle, Australia, y Norfolk, Estados Unidos.