El 31 de marzo, un tribunal militar estadounidense condenó a prisión a David Hicks, un australiano sindicado de venderle insumos para actos terroristas a Al Qaeda, durante la invasión a Afganistán. Hicks es el primero en ser condenado formalmente de entre 400 presos que están en Guantánamo sindicados de terrorismo. Pero ese no es el tema. El meollo es que Hicks fue condenado a nueve meses, pero está preso ya desde el 2001.
En diciembre, llevaban a Angie al quirófano en una clínica de Oruro para sacarle el apéndice, cuando cayó de la camilla y se golpeó la cabeza. La herida sangraba, pero no parecía grave y según los médicos no ameritaba suspender la intervención. Pero golpe y anestesia no combinaron y Angie “vive” hoy convertida en un vegetal, a sus cuatro años. Según mi colega Mónica Saucedo, la madre de Angie busca ayuda, hasta hoy sin suerte, y todos ponen cara de “yo no fui, no me miren”, cuando protesta contra la mala práctica médica. Nada devolverá la vida a los ojos de Angie. Pero el tema es que cuando Jamil, su hermanito de dos años, se tragó una moneda, nadie quiso atenderlo “porque es de una familia conflictiva”.
A José Landívar se le ahogaron las vacas, se le cayó la casa y se le pudrió la huerta, cuando el Piraí inundó su chaco. Él, su mujer y sus tres hijos viven ahora en una carpa. Arroz y fideos les alcanzan todavía para llenar la olla. Todos visten ropa de otra talla y aunque tampoco tienen perro ni gallinas, sueñan con volver al chaco, “porque siempre fue así”. La de ahora es la tercera inundación que le tocó vivir, en sus 40 años. Sólo que hoy José tiene también que pagar la deuda del pasaje de la Rosita, que se fue a España sin visa, en el último vuelo del LAB, y que recién está comenzando a buscar trabajo.
Esos son algunos ejemplos de hechos, de aquí y de todas partes, que motivan rebelión interna desde siempre y que se sumaron al hastío de estar haciendo algo con lo que ya no estaba de acuerdo para terminar de convencerme de que había llegado la hora de renunciar a la comodidad de la burocracia empresarial.
Por eso, y gracias a una vieja invitación de Juan Carlos Rocha, hoy vuelvo a firmar una columna después de 26 años, cuando la “beca” Banzer mató Menudencias, que firmaba en Presencia, y me obligó a recurrir a Ramón Katari, algunas veces, para desahogar broncas por cosas como las de arriba.
Esa es explicación obligada, al reanudar camino. La pretensión es ver si en el tuétano encontramos el porqué queremos cambio. A ver si sirve para que sea el que deseamos.
*Juan León es periodista y experto en temas internacionales. León ocupará este espacio quincenal. Bienvenido.
Palabras
Recuerdo un poema de Octavio Paz dedicado a las palabras. Chillen, putas, diciendo. Y cerrando el verso con una invocación al poeta, reclamándole: “hazlas, poeta, haz que se traguen todas sus palabras”.
La demanda de las mujeres
“Un diálogo entre diferentes es cosa distinta de un diálogo entre desiguales”. Las palabras de Ángela Sierra cuestionan nuevamente aquella situación y posición de igualdad tan batallada por las mujeres durante siglos
Adiós muchachos, ¿tango o tongo?
Leía distraído los pormenores de la firma del acuerdo firmado el 26 de marzo en Santa Cruz de la Sierra, entre el Ministro de Hidrocarburos boliviano y el Ministro de Planificación e Inversiones argentino.
El conflicto migratorio
El colapso del LAB no debe atribuirse a otras causas distintas de su ingobernabilidad institucional, que trajo como consecuencia su actual quiebra económica con miles de damnificados, perjudicados o directamente estafados.