Huajchilla es un plácido lugar para ejercicios espirituales. El MAS lo eligió para el “retiro” de un par de días de Semana Santa. Practicaron el ejercicio de la crítica y autocrítica. Salieron con propósito de enmendar pasados errores y con renovadas energías. Las necesarias para emprender la campaña electoral anunciada por el propio Evo Morales. Su obsesión es perpetuarse en el poder. La gestión ordenada de la cosa pública le importa mucho menos, a juzgar por su hiperactividad proselitista.
De entrada ya anunció que la Asamblea Constituyente abrirá las urnas a los chiquillos y chiquillas que hayan cumplido 16 años. Hablé de este asunto en mi artículo anterior. Poco después, el mismo Don Evo completó la ampliación del cuerpo electoral, anunciando que la nueva Carta Magna concederá también el voto a los emigrantes que viven en el exterior. Lo primero que se me ocurrió fue pensar sobre qué grado de confianza ofrecen nuestros consulados en distintas partes del mundo o el voto por correo, para alejar cualquier sospecha de fraude. ¡Pero si la mayoría de los funcionarios del servicio exterior recién nombrados son del MAS o simpatizantes! Y si, de acuerdo a la ley electoral vigente, las elecciones en territorio boliviano ya deben realizarse bajo la vigilancia de los delegados de los distintos partidos que concurren, y en los consulados no habrá más que masistas convencidos, si todas estas anomalías coinciden, el fraude está cantado. Llenar las urnas de los consulados por medio del fraude no es ni honroso ni legal ni legítimo.
Hay que reconocer que la idea de ensanchar el cuerpo electoral por los procedimientos explicados es una buena ocurrencia pues es sabido que donde más intensamente se enalteció la figura de Evo fue a través de organizaciones no gubernamentales en diversos países de Europa, que es donde ahora habitan varias decenas de miles de inmigrantes bolivianos, la mayoría en su edad de votar. Aunque los que se han visto obligados a salir de la tierra que los vio nacer por la falta de trabajo, no se habrán llevado en su maleta un buen recuerdo del estadista autóctono y de su Gobierno que no hicieron a su tiempo todo lo que debían hacer para disminuir el desempleo y la informalidad. Y en cuanto a los jóvenes de 16 años, no olvidemos que se los ilusiona con unas cuantas promesas bien sonantes.
Con todo, y a pesar de que la popularidad de Evo ha bajado, a causa de sus errores y los de su Gobierno, todavía es capaz de ganar otra elección. Así que, sumados los votos a favor del re-candidato Evo Morales en las urnas de nuestros pueblos y ciudades, más la alegre papeleta de los 16 años, más la de los emigrantes, y si todavía se añade la previsible falta de candidatos opositores con suficiente capacidad de convocatoria, ya no valdría la pena organizar todo el trajín y dilapidar todos los gastos de los comicios nacionales del 2008 pues el resultado será un secreto a voces. No obstante, a veces las urnas encierran sorpresas. Con todo, una oposición debilucha al principio, podría ganar terreno a costa de los errores del ganador. Convengamos pues que eso de autofabricarse las normas electorales para ser irremisiblemente elegido es una burda premonición de autoritarismo.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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