Según las estimaciones de mortalidad materna reportada por la Organización Mundial de la Salud, en el mundo se muere una mujer por cada 74 embarazos; sin embargo, las diferencias de mortalidad entre países en vías de desarrollo y países desarrollados son abismales. En Europa y Estados Unidos la mortalidad materna tiene una relación de una por cada 2.500 mujeres; mientras que en América Latina y el Caribe es de una por cada 160.
Estas variaciones extremas tienen una relación directa con la pobreza y todo lo que engloba esta definición. La falta de acceso de las poblaciones rurales a los servicios de salud es uno de los obstáculos más grandes, más aún la escasez de medios de comunicación y de referencia-contrarreferencia de las pacientes hacia alguna institución de 2do. o 3er. nivel de atención sufre de deficiencias imperdonables.
Este año se celebra el 20mo. aniversario de la conferencia sobre Maternidad Segura realizada en Nairobi, evento en el cual se lanzó la iniciativa global de reducir la mortalidad materna e infantil en países en vías de desarrollo. En aquella oportunidad los programas se enfocaron primordialmente a la salud infantil implementando el programa de inmunizaciones, la rehidratación oral y promocionando la lactancia materna.
Evaluar tasas de mortalidad en países en vías de desarrollo podría ser dificultoso por la ausencia de datos fidedignos debido al sub-registro en áreas rurales, lo que se refleja en un amplio margen de inseguridad.
Si analizamos los datos de mortalidad materna, podemos decir que la gran mayoría de las muertes se deben a complicaciones obstétricas como: hemorragias, hipertensión complicada con el emba- razo, aborto, infecciones y alteraciones en el trabajo de parto. Se estima que cerca de 500.000 mujeres mueren en el mundo por complicaciones del embarazo y parto. De éstas, la mayor parte incide en el continente africano y asiático, sin embargo las estadísticas demuestran que de cada deceso, sobreviven 30 mujeres con secuelas secundarias a una complicación.
Actualmente, las estrategias deben enfocar apropiadamente sus intenciones. Reducir las complica- ciones del embarazo y parto desarrollando sistemas que permitan el acceso a la intervención médica para el tratamiento de la emergencia obstétrica. En Bolivia no debemos escatimar esfuerzos para lograr este objetivo; porque entre otras cosas, estadísticamente pertenecemos al grupo de latinoamericanos donde la mortalidad materna es más dramática.
Las políticas de Estado necesitan priorizar la maternidad segura y los servidores de salud actuar en consecuencia.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra.
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