Desde ayer, en la paradisíaca isla venezolana de Margarita, bajo el lema de la convocatoria: “Sudamérica reescribe su historia energética”, reuniendo a los ministros de Energía, cancilleres y a los jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, se está llevando a cabo la 1ra. Cumbre Energética Sudamericana.
Con la mirada puesta en el desarrollo socio-económico de los pueblos y en la integración latinoamericana, las actividades de la agenda de Porlamar parten de las iniciativas adoptadas en la última reunión de la CSN en diciembre pasado, buscando lograr una política común que reduzca la pobreza, elimine asimetrías, destaque la importancia de los recursos energéticos, evalúe las capacidades regionales en petróleo, electricidad, gas, biocombustibles, energías alternativas y otras. A su vez, se espera la consolidación de una unión energética que logre la convergencia de los esfuerzos en investigación, desarrollo, empleo tecnológico, capacidades energéticas (en sus componentes agrícolas, sociales y ambientales) dentro de la CSN y que sea propicia para analizar las perspectivas del Gasoducto Transguagiro, del Gran Gasoducto del Sur y la pertinencia del Gasoducto Transcaribeño.
Por otra parte, el anfitrión —el presidente Chávez— intentará que la energía sea “el motor de la integración del sur” y para ello espera conseguir respaldo para la creación de un banco regional (Banco del Sur) que actuará como un organismo crediticio alternativo al BM y al FMI; buscará establecer una especie de alianza similar a la OPEP para promover un “precio justo” del gas natural que reduzca la influencia de Washington; espera concretizar un sistema energético en base al gasoducto sudamericano que privilegie los mercados regionales y, a su vez, trabaja en una propuesta alternativa para derrocar al “cartel de alcohol”, el cual es resultado de una alianza de cooperación en biocombustibles entre Brasil y EEUU que persigue promover la producción regional de etanol y crear estándares de calidad internacional que permitan su comercialización de manera similar al petróleo.
Si bien una serie de acuerdos bilaterales y multilaterales sobre corredores energéticos, variados estudios y proyecciones sobre programas de integración energética y la instauración de instituciones, testifican la coincidencia de los Estados latinoamericanos en la necesidad de integrarse energéticamente; las iniciativas gubernamentales se han limitado a avances bilaterales, intercambio de energías, suministros de petróleo en condiciones preferenciales; evidenciado que mientras no se establezcan voluntades políticas y medidas energéticas comunes y supranacionales, el reconocimiento de las ventajas que ofrece una integración energética regional será sólo un capítulo adicional de la retórica integracionista latinoamericana.
Con el trasfondo de estas consideraciones, en mi condición de ciudadana boliviana que le apuesta al desarrollo y perfeccionamiento de mecanismos de integración regional en el ámbito de la CSN, espero que hoy, al concluir la cumbre en cuestión, nos deje algo más que escenarios para discusiones alimentadas por combustibles político-ideológicos y reescriba nuestra historia energética concretizando la unificación de un mercado energético sudamericano.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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