La mayoría de la población está segura de que las últimas acciones políticas del presidente Evo Morales están destinadas a un fin: su reelección; o su primera elección, resultado de la Constituyente, como prefieren decir sus conmilitones del MAS. Se diga lo que sea diga, el hecho es que el señor Presidente no está loco como para soltar el poder, ni como hemos dicho, tiene un pelo de ingenuo para dejar la “Silla del Águila” a nadie.
Es en ese sentido que nos encontramos con una serie de acontecimientos que sacuden al país y a la opinión pública y que están destinados a potenciar su eventual candidatura, para el 2008 o después. Eso de repartir plata —cheques de Chávez— a troche y moche, es algo inconcebible, irregular, que, con mucho menor descaro, lo hacían, hace años, algunos otros mandatarios. Es la compra de conciencias pero de manera procaz. Tan desfachatada como es la carnetización nocturna, también con la complicidad venezolana; y ese afán de buscar el voto en el exterior —imposible de momento— y lo otro: tratar de ganar el voto de los púberes, de quienes entran en la adolescencia. Se busca el voto de los irresponsables, de los que cualquier aventura les sirve, y para eso se hace también un gobierno irresponsable, a tono con los iletrados y los jovenzuelos.
No quiero hablar en nombre de la ciudadanía, como tanto se estila, pero, yo, personalmente, no sé qué hace SE en bien del país y qué hace para captar adeptos. No sabemos si el Bono Juancito Pinto ya apunta a la reelección o no. Ni sabemos si el flamante Plan Nacional de Vivienda no es un cuento chino destinado a acumular sufragios. Y, más grave aún, si los desplantes con los departamentos del oriente y el ofrecimiento gratuito de dar tierras fértiles en los llanos es un acicate político para saciar codicias partidarias. O si la nacionalización —o lo que se llame— de Vinto tuvo ya un fondo electoral y la anunciada “recuperación” de Entel va, asimismo, por ese camino.
Lo que no lleva a muchas dudas es, por ejemplo, la complacencia con la producción de coca y cocaína que se ha duplicado. SE no quiere perder el voto cocalero en el Chapare y Yungas y por lo tanto da manga ancha a lo que otros convierten en narcóticos. Porque dejémonos de eufemismos: coca es cocaína. Y la cocaína es dinero negro, pero que vale como el otro.
La red comunitaria de radioemisoras que se extenderá a la televisión es una cadena gubernamental y punto. ¡Bueno sería que el MAS estuviera poniendo, con la plata de Chávez, redes que no sean para SE! Esas radios están ubicadas en lugares estratégicos para llegar al voto que no discierne, que no se interesa por la política, y que oyendo diariamente sufragará a ciegas por quien le dé información y lo atosigue con la propaganda de “Evo Cumple”. ¿Qué pensará la oposición de todo esto?
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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