Sin duda alguna los procesos históricos tienen ciclos definidos: unas veces arrojan resultados positivos y otros negativos. Y hoy, aunque parezca una realidad virtual, al departamento de Tarija le corresponde disfrutar de un ciclo económico positivo con perspectivas halagadoras y de desahogo para su futuro mediato, gracias a la potencialidad de las reservas gasíferas y su participación del 11% de las regalías sobre la producción hidrocarburífera, fuera de otros ingresos que vienen a componer el presupuesto público y que se le puede calificar de millonario.
El departamento con 37.000 kilómetros, el más pequeño del país debido a la desmembración territorial emergente de la Guerra del Chaco y de otros tratados lesivos a la región, está conformado geográficamente por seis provincias divididas en 11 municipios y la Prefectura con miras a ser autónoma por voluntad de sus habitantes. Se calcula que el presente año la administración departamental contará con un presupuesto del orden de los 448 millones de dólares desglosados en casi 300 para la Prefectura y las provincias y 148 millones distribuidos entre las 11 alcaldías que sumados alcanzan la cifra millonaria y única en su historia.
Por supuesto, estos montos se considera que serán invertidos en los distintos proyectos para el desarrollo que reeditarán, cada vez más, en una mejor calidad de vida de sus más de 400 mil pobladores que están percibiendo un cambio sustancial en su destino y vislumbrando mejores días que le permiten situarse en el segundo departamento de Bolivia por la constante mejora de los indicadores económico-sociales.
Pero lógicamente esta panacea tiene que ir ligada y garantizada por un manejo óptimo de los recursos económicos; por una planificación quinquenal que posibilite erradicar la pobreza; elevar los índices de desarrollo, conjuncionar y apuntalar la actividad pública y privada y derrotar aquel nefasto pensamiento del atraso y marginalidad.
La Tarija actual está en un proceso constante de cambio y la añorada integración es viable gracias a que en breve tiempo más estará definitivamente unida al norte del país con la ruta asfaltada a Potosí; al oriente con el camino pavimentado Tarija–Villamontes, que favorecerá la incorporación de importantes regiones productoras hacia los mercados naturales. Por otra parte, las rutas pavimentadas a sus fronteras, Yacuiba, Bermejo y en un cercano futuro Paraguay, le otorgan al departamento una viabilidad internacional que no sólo significa la integración binacional sino la apertura de una nueva puerta de ingreso al turismo por esta parte del Sur, que beneficiará a los departamentos de Potosí y Chuquisaca y al país todo.
Esta Tarija millonaria en sus 190 años desde la épica Batalla de la Tablada en 1817, es hoy considerada como un nuevo polo de desarrollo que se conjunciona con aquel fervor patriótico de su histórica decisión de pertenecer a la patria grande, Bolivia.
*Carlos Meyer Ayala es periodista y escribe desde Tarija.
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