A medida que avanza el tiempo, la administración del presidente Evo Morales se va desmoronando por una absoluta miopía en el campo internacional, que ya está de buen tamaño si no se quiere llegar a extremos irreversibles. La gestión del canciller Choquehuanca a la cabeza de la diplomacia boliviana ha sido poco menos que nula, en vista de que el tema internacional le tiene sin cuidado, lo desconoce totalmente y se ha convertido en el único Canciller en la historia de Bolivia que no participa de las grandes decisiones que tienen que ver con su cartera. Además, sus colaboradores inmediatos tampoco conocen de la materia y ni el viceministro Fernández, ni Cancio Mamani, ni Esteban Ticona, parecen ser las personas adecuadas para plantear una política exterior que le pueda ser útil a SE.
Mientras en la Cancillería, personajes como Mamani y Ticona, atacan constantemente a las ´elites que se refugiaron en la Academia Diplomática´, esa academia agoniza en medio de un culto al resentimiento, indicando que abrirá sus puertas a todos los sectores sociales y que se acabará la cultura de la discriminación. Afirma el nuevo director de la Academia que la nueva diplomacia se sustentará ´principalmente en nuestros valores culturales en el contexto andino, amazónico oriental y chaqueño. Y también en el contexto popular urbano. Sobre esa base podremos dialogar con el mundo. No necesitamos ser simples copiones de las políticas internacionales´.
Pura cháchara. Pura hojarasca. En diplomacia no se inventa nada de la noche a la mañana, salvo el inservible Tratado Comercial de los Pueblos (TCP) donde a Bolivia, Venezuela y Cuba, se le ha sumado Nicaragua como el mejor logro. Así se quiere enfrentar al TLC con los EEUU, aunque, al mismo tiempo, rogando por el ATPDEA. El nuevo director de la academia no sabe dónde está parado, peor cuando cuestiona la hegemonía occidental y de ´ciertos países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Portugal y España´. Está a las claras que quien formará a las futuras generaciones de diplomáticos revolucionarios ignora de cabo a rabo que esos países son los que mayor ayuda y donaciones le dan a Bolivia.
Claro, si los insumos que SE recibe de la Cancillería son esos, tiene que apoyarse en otros personajes que hacen el papel del Canciller, como el Vicepresidente o el Ministro de la Presidencia, y hasta el portavoz del Palacio. Y es por eso que Bolivia está de tumbo en tumbo en su política exterior, queriendo aparecer como un fenómeno latinoamericano, al estilo de Cuba en los momentos estelares de Fidel, o de aquella Venezuela Saudita millonaria, que conduce en una enloquecida carrera hacia el precipicio Hugo Chávez.
Que tenga mucho cuidado SE en el campo diplomático. Porque la condescendencia y las simpatías hacia su revolución originaria tienen un límite. Y el límite está cuando se tocan intereses ajenos. Ahí se acaba la fiesta, los abrazos, y la curiosidad. Todos saben de memoria el cuento de los 500 años de saqueo, de los indios a quienes se quemaba la vista cuando aprendían a leer o se les mutilaba las manos. Esa ya es historia sabida por los mandatarios.
Ahora el presidente Lula le ha hecho entender a SE que ya está bueno de bromas. Que Brasil defenderá los intereses de Petrobras y que si para el 1 de mayo próximo SE tiene pensado, en su sarao laboral, tomar las refinerías, ´Brasil dejará de invertir en Bolivia y aconsejará a otros países hacer lo mismo´. Además, el prestigioso Folha de Sao Paulo ha expresado que en isla Margarita se produjo una ríspida conversación entre los dos mandatarios, el peor encuentro entre ambos. Y es que, con tantas idas y venidas, con tantas marrullerías, el ´compañero´ Lula debe estar hasta el gorro.
Choquehuanca estaba bien como para mostrar al mundo el cambio boliviano. Eso con un mes era suficiente. Pasado un año ha llegado la hora de reconstruir la Cancillería con gente que sepa del tema y que no entrabe nuestras relaciones en la comunidad internacional.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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