El escándalo que vincula a políticos colombianos con paramilitares de ultraderecha, y que alcanzó también al presidente Álvaro Uribe, amenaza con debilitar la férrea alianza entre Washington y Bogotá.
“Me parece de una gravedad inmensa. La oposición colombiana ha logrado su propósito de afectar las relaciones con Estados Unidos”, aseguró el congresista Germán Vargas, jefe de uno de los partidos oficialistas y considerado un serio aspirante a suceder al actual presidente.
Las denuncias que el martes un congresista de izquierda hiciera contra Uribe, su hermano y miembros de su entorno por supuestos nexos con el paramilitarismo, han desencadenado una cascada de noticias negativas provenientes de Washington.
Primero, el Senado estadounidense bloqueó el desembolso de 55,2 millones de dólares de ayuda militar a Colombia.
También se conoció la cancelación de la visa del ex jefe de los servicios de inteligencia colombianos, señalado por entregar información confidencial que permitió a los escuadrones de la ultraderecha asesinar a varios dirigentes sindicales.
El canciller Fernando Araújo admitió que el escándalo podría afectar el trámite del Tratado de Libre Comercio (TLC) que está a consideración de los legislativos de ambos países.
Pero la gota que rebalsó la copa fue la decisión del ex vicepresidente de EEUU Al Gore de negarse a asistir a un evento ambientalista ayer en Miami, para evitar compartir escenario con el cuestionado mandatario colombiano. Fue el propio Uribe quien divulgó la decisión de Gore, en una rueda de prensa que ofreció la noche del jueves.
Además, Gore canceló una visita a Bogotá, prevista para septiembre. “Me parece que es una tremenda equivocación”, aseguró ayer el ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, al criticar la decisión. Bogotá, AFP