La burguesía y los terratenientes cruceños, que hoy constituyen la oligarquía, a diferencia del resto de la burguesía boliviana estuvieron siempre acostumbrados a la lealtad servil del camba indígena, no conocían una organización revolucionaria que afectara sus intereses. Las únicas organizaciones que prevalecieron hasta los años 80 fueron las mutuales y las congregaciones religiosas; actualmente se organizan en fraternidades para la entrada de la fiesta de Carnaval.
La organización feudal del trabajo sigue siendo la base de la acumulación del capital, por eso que hasta hoy, en las haciendas no faltan entre 30 a 100 familias que viven en calidad de mozos, los mismos que trabajan a perpetuidad, inclusive sin reconocimiento salarial y cuando muere el patrón son vendidos a otros patrones o pasan en calidad de herencia a sus familiares. La idea de tener un patrón rico aún no cambia en la clase trabajadora de Santa Cruz.
El Comité Cívico nació como una organización excluyente, ya que sus componentes son “crema y nata de la aristocracia cruceña”, practica el racismo expuesto a diferencia de otras regiones de Bolivia. En realidad, esta oligarquía no es regionalista sino que es extremadamente reaccionaria y abiertamente enemiga del camba cunumi y del colla, por quien siente odio, pero que al mismo tiempo necesita para que trabaje de sol a sol y le permita generar una plusvalía absoluta, basada en la explotación de la fuerza de trabajo dócil y sumiso.
Esta oligarquía aparece como regionalista a partir de 1957 cuando a falta de la organización de la clase trabajadora se apropia y le da el carácter político al proyecto del diputado Virgilio Vega —un trabajador artesano sindicalista— y presenta la Ley interpretativa exigiendo el 11 por ciento de regalías a partir de una otra ley promulgada durante el Gobierno de Busch, en 1938.
A partir de entonces se constituyó en la clase política que administró el país conjuntamente con los partidos políticos de tradición liberal y convirtió al Estado en el mayor escándalo y vivero de las corrupciones. Unos se hicieron ricos comprando tierras a 0,10 centavos en el oriente boliviano y otros las recibieron como regalo durante las dictaduras, es por eso que mientras en el occidente desapareció totalmente el latifundio, en Santa Cruz, Beni y Pando creció estrepitosamente.
Cuando en el 2000 termina el ciclo político de esta clase, se apropian del concepto “camba” —que tiene una connotación de discriminación y que fue usado por los patrones k’arayanas para dirigirse a sus peones— y lo convierten en un referente imaginario para construir una identidad opuesta al colla del occidente.
Y como antítesis al movimiento surgido en el occidente plantea el 22 de junio de 2004 la autonomía como única estrategia para salvar la estructura gamonal de tierras. Por si esto no resultase, deja latente la posibilidad de pedir su propia autodeterminación como nación independiente.
Para que la autonomía se convierta en un sentimiento colectivo de la población cruceña, hábilmente hacen revivir la discusión del centralismo versus el regionalismo, éste último sólo es la representación de la incapacidad de vivir en el espacio común como un hecho nacional.
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006 - 2007).
La anticorrupción escondida
La conducta de Wolfowitz más que un golpe devastador a la anticorrupción es la decantada expresión de ese baile de máscaras en que se ha convertido la llamada “lucha contra la corrupción”.