Ni crimen ni asesinato son palabras que se pueden emplear con propiedad para referirse al caso del Lloyd Aéreo Boliviano, porque la primera implica un delito grave que conlleva derramamiento de sangre y la segunda es matar a una persona con premeditación, pero ambas tienen mucho que ver con lo que se ha hecho y está haciendo con la línea bandera nacional.
En 1925, en ocasión de celebrarse el primer Centenario de la Fundación de la República, residentes alemanes obsequiaron al país una aeronave como base para organizar una línea aérea comercial, a iniciativa del Ing. Hans Grether, de Guillermo Killman y de un grupo de empresarios bolivianos que lograron interesar al gobierno y al pueblo de Bolivia para enfrentar este desafío. El primer vuelo comercial tuvo lugar el 5 de agosto de 1925 de Cochabamba a Sucre, en una aeronave Junker F-13L, aunque la fundación del LAB data recién del 15 de septiembre de ese mismo año.
El segundo avión se compró en 1826 y entre 1927 y 1930 se adquirieron otros también Junker que integraron al país ampliando rutas hacia Santa Cruz, Beni, Tarija, Potosí, Oruro y La Paz. Se estableció el domicilio legal de la empresa en La Paz con una gerencia en Cochabamba, ciudad que desde el primer día fue elegida como centro para el funcionamiento del LAB. Durante la campaña del Chaco, la empresa jugó un papel preponderante y puso a disposición de la Patria sus recursos y personal. Los vuelos internacionales se iniciaron en 1930 hacia Lima y Corumbá, en alianza con otras empresas como la alemana Lufthansa y la brasileña Sindicato Condor. A la pequeña flota se añadió un biplano denominado “Litoral” y otras de mayor capacidad compradas con fondos del “Centro de Propaganda y Defensa Nacional” y donaciones del industrial Simón I. Patiño. De esta manera, el LAB se ocupó del transporte aéreo requerido por las operaciones militares, sin descuidar los servicios comerciales.
Después de la guerra se adquirieron nuevos aviones Junker. En 1941 el gobierno decidió nacionalizar el LAB y en julio de ese año fue ratificada su personería como sociedad anónima y se suscribió un convenio con la norteamericana Panagra, que sustituyó los aviones alemanes con naves Lookheed, Douglas DC3 y Curtis C46. A partir de 1950 se compraron Boeing B17 y C87, pero la era jet comienza recién a fines de 1968, consolidada en la década del 70 con los 727 100 y 200 todavía en servicio.
Esa es, en apretada síntesis, la historia de la empresa que en sus Bodas de Plata recibió el Cóndor de los Andes, como reconocimiento a los servicios prestados a la Nación y otras varias que le fueron otorgadas en sus Bodas de Oro, cuando inauguró la ruta internacional Santa Cruz-Miami.
Esa es también la empresa que soportó los abusos permanentes de los gobiernos de turno, cuando se recurría al sobreprecio de los repuestos destinado a fines políticos, la que enfrentó una mala capitalización, el trágico 11 de septiembre nefasto para la aviación internacional, la actitud insólita de los pilotos de la aerolínea, la deslealtad que escogió la competencia, en lugar de recurrir a la eficiencia, la dudosa conducta empresarial y, finalmente, el tiro de gracia gubernamental, primero con una indebida e ilegal intervención, y después con un inexplicable marginamiento ignorando el servicio público de extraordinaria importancia que presta la única Línea Bandera Nacional, reconocida como tal por Decreto Ley No. 10422 de 24 de agosto de 1972, que le da la facultad de ser ejecutora de los convenios internacionales sobre transporte aéreo suscritos por el Estado boliviano.
Lo que sabe el pasajero es que hasta diciembre del 2006, inclusive, el LAB volaba normalmente con varias naves que siempre tenían combustible y buen servicio. Los sueldos impagos y los aportes a las AFP eran problemas internos que podrían haberse superado si, en lugar de huelgas amparadas, conducta insólita de pilotos, ilegales intervenciones y condena de ejecutivos sin derecho a defensa justa, se hubiera recurrido a la ley, a la verdadera justicia que sanciona a los culpables y sobresee a los inocentes y, sobre todo, a la racionalidad en la defensa de la empresa más antigua de la aviación mundial y a la de más prestigio nacional.
Nada de eso ocurrió, por lo que crimen y asesinato resultan palabras precisas para un amargo caso en el que los asesinos parece que están próximos a lograr su objetivo, consumando un delito que hace daño a toda la nación.
El Gobierno todavía puede hacer algo porque el LAB aún no ha muerto, pero está agonizando. No es cierto que todos los bolivianos deban pagar lo que se han farreado alegremente políticos y empresarios, como afirmó el señor Vicepresidente de la República. Nadie le ha pedido eso al Gobierno. Todas las empresas de aeronavegación del mundo tienen grandes deudas y siempre hay forma de refinanciarlas, si acaso existe la decisión de hacerlo y si lo que se busca es la salvación de la empresa y no su quiebra, por intereses políticos o económicos como se sospecha desde hace tiempo.
*Gastón Solares Ávila es empresario privado.
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