Ahora que ha vuelto —¿por cuánto tiempo?— la paz a la provincia Gran Chaco de Tarija, conviene analizar las verdaderas causas del conflicto que ha dejado un muerto y más de una treintena de heridos. No se debe hacer otra cosa, como le dijera el célebre “Garganta Profunda” al periodista Bob Woodward del The Washington Post, que seguir la pista del dinero.
Todo comenzó cuando el diputado chaqueño Willman Cardozo, que tiene una sed insaciable de protagonismo, introdujo en el artículo 5º de la Ley 3038 el mandato de que, en adelante, la provincia Gran Chaco debe recibir el 45 por ciento del total de las regalías departamentales que percibe Tarija.
Pero el Gran Chaco no es la única provincia petrolera de Tarija: también lo son Arce, donde aún opera el primer pozo comercial que descubrió YPFB, en Bermejo, y O’Connor; tradicionalmente, se le ha transferido al Gran Chaco un 45 por ciento de las regalías generadas por esa provincia, pero nunca del total, que comprende también el aporte de Arce y O’Connor, lo cual es lógico, si se considera que la regalía retribuye por la explotación de un recurso natural no renovable al territorio donde está situado el yacimiento hidrocarburífero.
Lo que seguramente Cardozo consideraba un “logro político” fue en realidad un acto de ominosa gula, sustentado en la cada vez mayor capacidad de presión que tiene el Gran Chaco, donde la amenaza de cerrar las válvulas es ya casi un reflejo pavloviano que muchas veces era visto con pasividad por un Gobierno obsesionado por trabar la gestión de la Prefectura de Tarija.
El resultado fue inmediato: O’Connor pidió un 45 por ciento del total de las regalías y Arce un 15 por ciento, de tal modo que Tarija, además de quedarse sin un centavo, tendría que haber obrado el milagro de que el total de las regalías sumara 105 por ciento.
Un proyecto de ley presentado por el senador Carlos D’Arlach, elegido por O’Connor, intentó corregir ese evidente desequilibrio, pero Cardozo ingresó en una huelga de hambre y soliviantó al Gran Chaco. Basta una chispa para que se inflame ese hermoso territorio y resurja una retahíla de problemas: desde el diferendo limítrofe con O’Connor por el cantón Chimeo hasta la entelequia del “décimo departamento”, así como otros que ya peinan canas.
Cuando se suspendió el tratamiento del proyecto de ley de D’Arlach en el Senado, Cardozo levantó su ayuno, pero ya era tarde porque las turbas intentaban tomar las estaciones de bombeo, moría Delmar Ruiz y la artillería chaqueña se concentraba en el diferendo limítrofe con O’Connor, que el 2005 exigió un proceso de delimitación territorial a la Prefectura de Tarija.
Hace unos años a nadie se le hubiera ocurrido iniciar una pelea por Chimeo, donde la gente vivía de la pesca, pero desde que Repsol YPF descubrió Margarita, uno de los reservorios gasíferos más grandes del país que jugará un rol clave en el contrato con Argentina, se ha desatado una dura disputa por pescar ya no sábalos ni dorados, sino las regalías; O’Connor ha reunido 1.300 pruebas, mientras que al Gran Chaco le cuesta más sustentar su pretensión, aunque tiene la referida “arma” del cierre de las válvulas; el Prefecto de Tarija argumentó que no podía dirimir el diferendo porque está emparentado con el Alcalde de Yacuiba, por lo cual delegó el asunto al Secretario General de la Prefectura, quien, sin embargo, fue recusado por el Gran Chaco, al considerar que había grandes probabilidades de que el fallo no le favoreciera.
La autoridad llamada a resolver tal recusación era el Ministro de la Presidencia; ahora se sabe que recibió el expediente por primera vez en febrero de este año, pero que lo devolvió tres veces, hasta que el miércoles 18, forzado por la presión del Gran Chaco, al fin derivó la resolución del diferendo limítrofe a la Prefectura de Potosí. No obstante, ahora el Gobierno ha condenado los actos vandálicos y ha anunciado que pasará la factura de las pérdidas a los municipios donde se registraron las satrapías.
¿Cómo terminará esta historia? El único camino posible es que la Prefectura de Potosí emita el acto administrativo mediante el cual definirá a cuál de las dos provincias pertenece Chimeo. Pero no es el único problema y las válvulas siguen ahí.
Sin embargo, hay una cuestión de fondo que tiene el tétrico aspecto de ser irresoluble. Se cree que el gas, una vez “sembrado”, logrará el advenimiento del desarrollo para todos los tarijeños, lo cual es posible, aunque lamentablemente lo único que ha sembrado, hasta la fecha, es la división y, ahora, la muerte.
Lo mismo sucedió en Nigeria: es la “maldición de los recursos naturales”, que nutre la mentalidad rentista de quienes quieren asegurarse a cualquier costo una “tajada” del gas y que también abona el terreno para la siniestra aparición, como señalara el columnista Iván Arias, de los “buitres políticos”. Rechazo esa “tajada”, que además está manchada con sangre.
*Marco Zelaya es periodista.
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