Haciendo a un lado lo estrictamente coyuntural, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hizo entrega de su ya habitual Informe Nacional sobre Desarrollo Humano que, en su versión 2007, se presenta bajo el denominativo de “El estado del Estado en Bolivia”, nombre engañoso del que podría esperarse una mirada precisamente de coyuntura —“estado” remite a “situación”, vale decir a “momento actual”— cuando en realidad se trata de un intento de desentrañar el proceso de formación —construcción— de Estado en Bolivia a lo largo de la historia para, como consecuencia, elaborar un conjunto de tesis (12 en total) sobre lo que es, lo que hace y lo que imaginamos que es.
En un resumen ejecutivo, aún más apretado del que acompaña al sustancioso ejemplar de dicho Informe, mencionaré las mismas, haciendo una precisión: su justificación se encuentra en la investigación encargada por el PNUD y responde a la metodología descrita en sus páginas finales.
Nuestro Estado está en continuo proceso de construcción; luego, no es ni “fallido” ni “inconcluso” ni “fuerte” ni “homogéneo”. Es un Estado con “huecos”.
Si bien tuvo la capacidad de adaptarse a cambios de balance de poder, no logró construir un espacio de estatalidad propiamente dicha.
Su forma accidentada se debe a sus débiles elites políticas en contraste con la fuerza de las organizaciones sociales sumadas a una dependencia estructural de los recursos naturales primarios.
Su fortalecimiento discurre entre el propio Estado, la sociedad, una economía de base ancha y una democracia ampliada. Sus prácticas cotidianas son más fuertes que sus intenciones abstractas.
Ha fortalecido “lo colectivo” en materia de derechos ciudadanos y ha debilitado la ciudadanía como ejercicio individual de los mismos.
Se le demanda (al Estado) tareas cada vez más amplias.
Las futuras reformas no pueden obviar la construcción simultánea de capacidad técnica y legitimidad política.
“Padre”, “instrumento del poder” y “cotidiano” dichos respecto del Estado, conviven sin disonancia aparente en el imaginario popular.
Las “verdades” sobre el Estado y la sociedad son fragmentos de este imaginario elaboradas por los formadores de opinión y los políticos.
El marco de acción del Estado está delimitado por el mapa simbólico que traza dicho imaginario.
De estas tesis surgen las líneas que el PNUD propone para salir del “laberinto”, metáfora visual (tapa del Informe) y política que guían su visión:
a) Estado para una sociedad diversa con igualdad.
b) Estado para una economía de base ancha.
c) Estado democrático intercultural con autonomías.
d) Estado para una inserción internacional activa.
La tónica institucional con la que ha sido presentado el Informe ha sido de moderado optimismo respecto de éstas y su recepción ha tenido una gama de reacciones, desde un escepticismo militante, prejuicioso por definición, hasta un entusiasmo idealista, cercano a la ingenuidad.
* Puka Reyesvilla es docente universitario.
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