No deja de sorprender y doler la “verborrea alabanciosa” que destaca supuestos méritos de un hombre que hizo mucho daño a un proyecto histórico. Con reverencia histriónica se destaca a Boris Yeltsin, ex presidente de Rusia, como un abanderado de la libertad y defensor de un pueblo que ahora no tiene nada en qué apoyarse y, solamente, a lo sumo, admirar o despreciar el poder de “nuevos ricos” que hicieron patrimonio suyo el sacrificio de todo un país y convirtieron Europa en escenario de mafias chechenias, rusas y de otras nacionalidades de la Unión Soviética perdidas en la barbarie de la falta de autoridad y el desfalco económico y cultural.
La mujer soviética, autora de increíbles proezas productivas basadas en la ciencia y la creatividad, ahora solamente piensa en ser “tenista”, “modelo” o “prostituta” de los más reputados locales de Europa. Esa es la obra del desaparecido líder de una “mafia” que se apoderó de los inmensos recursos de un país y convirtió a los jubilados y jubiladas, grandes héroes de la guerra contra el fascismo alemán, en limosneros y vendedores de condecoraciones logradas con sacrificio y voluntad.
No es válido, ni siquiera legítimo, persistir en hacer propaganda de un ser humano despreciable, Boris Yeltsin, que se subió a un tanque amparado en la traición de un Ejército incapaz de hacer honor a sus tradiciones y en la cobardía de soldados incapaces de reproducir la gloria de sus “padres”. Rusia es hoy un experimento que muy improbablemente prosperará debido a la incapacidad de una clase dirigente formada en lo peor de la “nomenklatura soviética”. La grandeza como clase o raza solamente proviene de un proyecto de país que no tienen porque han sido beneficiarios de un sistema esclerótico y anquilosado, pero mucho mejor que el actual.
La experiencia de la ex Unión Soviética nos enseña que, a pesar de la propaganda de Estados Unidos y sus aliados europeos, las obras de creación humana pueden pervivir, e inclusive, resurgir de sus cenizas.
No es la intención del actual artículo hacer leña de un hombre ya muerto, simplemente resaltar la importancia del análisis histórico y la validez de la diversidad de opiniones que deben convivir en el actual mundo unipolar.
*Adhemar Ávalos Ortiz vivió en la ex URSS hasta 1988.
Para que cambie todo que nada cambie
Por curioso que parezca, dadas las características de magna y de originaria, de la Asamblea Constituyente, ésta, en los hechos, no puede cambiar un montón de cosas a riesgo de naufragar en medio de las borrascas regionales.
Leyendo el Estado
Haciendo a un lado lo estrictamente coyuntural, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hizo entrega de su ya habitual Informe Nacional sobre Desarrollo Humano que, en su versión 2007
Padre y madre del cordero
Tanto dardo lanzado en los sucesos en la provincia Gran Chaco, justifican el nombre de “guerra de los boludos” con que los he bautizado. Me adelanto con ello a que se le ocurra calificativo heroico a un asesor foráneo del presidente Morales.
Disputas hegemónicas sin agenda
Una nutrida sucesión de acontecimientos ocurridos en las últimas semanas pone de manifiesto la enorme complejidad que sigue caracterizando a la situación internacional, sin que se perfilen al mismo tiempo señales de que al menos algunas de las grandes cuestiones se encaminan hacia una solución satisfactoria.