Tanto dardo lanzado en los sucesos en la provincia Gran Chaco, justifican el nombre de “guerra de los boludos” con que los he bautizado. Me adelanto con ello a que se le ocurra calificativo heroico a un asesor foráneo del presidente Morales. Más que seguro estaría ligado a endiosados “movimientos sociales”, que no son otra cosa que turbamultas organizadas por cacicacos, neologismo que se me ocurre ligando el concepto de cacique —uno que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo— con el de caco —ladrón diestro—, que bien les describe.
Porque el padre del cordero de ésta y muchas de las algazaras que tipifican la triste situación del país, es que son aleccionadas por teóricos del despelote; esos que otrora fueran terroristas y hoy incitan a un Polpotito en ciernes, sin aludir a buenas retambufas, sino al dictador camboyano que se timbró un millón de seres humanos en experimentos sociopolíticos. Que son financiadas desde el Palacio Quemado, con dineros que otrora eran gastos reservados y hoy provienen del talegazo sórdido de petrodólares de Hugo Chávez. Evocan que la pucara del prorroguista candidato a Inca que tenemos de Presidente, está resguardada por sabuesos.
Menos mal que existe registro audiovisual que documenta tal acierto. Que puedo respaldarme en que las razas de canes se parecen a la variedad de tipos humanos, o al revés. Y aunque arriesgue quejas de alguna sociedad protectora por tan injusto símil, ¿cómo no equiparar declaraciones del entorno palaciego a ladridos, gruñidos y colmillos pelados? Cual ch\'api matrero, un viceministro de Coordinación Gubernamental declaró que “no se puede actuar con las normas e instituciones jurídicas de una manera discrecional”, que es una radiografía de actos de Evo Morales. El Ministro de Defensa, bulldog que ve paja en el ojo ajeno y no viga en el propio, llama manipulador político al Prefecto de Tarija. El vocero de Palacio evoca a un pekinés pela ojos hasta desorbitarlos, al denunciar un cierre de válvulas en la planta San Antonio, luego desmentido por el Ministro de Hidrocarburos. Más allá gruñe un mastín del Instituto Geográfico Militar, enfrentando a la Corte Nacional Electoral, al Instituto Nacional de Estadística y a los estudios realizados en 20 años sobre municipios del país, aseverando que siendo el río Pilcomayo el límite natural que divide a O´Connor y Gran Chaco (sic), “el cantón Chimeo y el triángulo de Ivoca —donde está ubicado el megacampo Margarita— son de Gran Chaco”; quizá se basó en mapa publicado en la presidencia de Hertzog en 1947, que sin contar con la ayuda de satélites, es mejor en detalles que cualquiera de los del IGM, entidad tal vez más urgida por ensalzar a diversos presidentes, que por la exactitud.
Estas reflexiones vienen al caso porque no faltan ingenuos engrupidos en creer mentiras del Gobierno como verdades, cuando adopta salomónicas poses, pero en realidad atropella el orden jurídico. La madre del cordero es la codicia de regalías de 13 trillones de pies cúbicos de reservas probadas y probables de gas del campo Margarita. Para colmo, tal pecado capital viene en el contexto de jetones que instigan al décimo departamento en el Chaco, con anuencia del gobierno de Evo Morales.
Porque el tal conflicto de límites es tan iluso como trazar meridianos y paralelos y muros de Berlín, en profundidades entre 4.000 y 5.000 metros. El megacampo Margarita donde se encuentran sus reservas de gas y petróleo, tiene una anchura de 7 a 8 km y una longitud de 55 km. Lo que significa que empieza en tierras de Caraparí, continúa su mayor trayecto en la provincia O\'Connor, y remata en menor recorrido en el cantón Iguembe, provincia Luis Calvo de Chuquisaca.
Saltará algún bagallero con pretensión de ser prefecto del nuevo departamento: ¿será que este beniano loco propone repartir regalías entre las provincias O\'Connor y Gran Chaco de Tarija, y meter de coladores a chuquis de Luis Calvo? No, apreciado mariscal de la boludez. Así el campo Margarita procesara su gas en planta homónima, situada en cantón de una provincia, alimentada por gas de pozos situados en otra, un YPFB sin plaga de novatos, en coordinación con las petroleras, sabría exactamente cuánto entra de cada lugar y computaría, con la Prefectura, las regalías que correspondan.
Pero estamos en Bolivia, donde el Gobierno quiere tumbar a prefectos elegidos por voto popular que no son de su persuasión política. Ahora le tocó al gobernador de Tarija, como antes al de Cochabamba y ponga sus barbas a remojar el Prefecto del Beni. Junto con la codicia del 45% del 11% de las regalías tarijeñas, que, vaya contrasentido, Mario Cossío tramitó en Congreso en beneficio de la provincia Gran Chaco, son el padre y la madre del cordero de los despelotes.
Semejantes progenitores convierten en borregos a los que se dejan instigar, mejor dicho arrear, a falsos conflictos entre hermanos, por un Gobierno cuyo lema parece ser un odioso dividir para reinar. Porque penosa es la realidad de las regiones productoras. El cantón Chimeo, antípoda del rico pariente Chicago, es el más mísero de la provincia O´Connor, que a su vez ocupa el puesto 125 en el ranking nacional de municipios, comparado con el 79 que ocupa la pobre Caraparí. Esta última es la cenicienta de los municipios de la provincia Gran Chaco, si apreciamos los puestos 30 y 32 que ocupan Yacuiba y Villamontes, sus hermanas ricachonas.
Estos cotejos parecen alarde de número de pulgas entre pordioseros, tomando en cuenta que el 2004, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) boliviano era 0.641 y el argentino era 0.788. Hurgando un poco más, el IDH de Salta, provincia argentina con estatus especial por su pobreza, vecina a Tarija, era de 0.765, mientras que el de Yacuiba, la más rica de las tres hermanas de Gran Chaco, era de 0.644.
*Winston Estremadoiro es antropólogo. winston@supernet.com.bo
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