El apagón que ayer afectó al 70 por ciento de Colombia, dejó miles de tazas de "tinto" (café negro) sin servir, mientras en la exclusiva zona rosa de Bogotá los dueños de los restaurantes se tomaban la cabeza con las manos ante las previsibles pérdidas.
Más allá de los cientos de personas que quedaron atrapadas en los ascensores y del caos en el tráfico por la suspensión de los semáforos en las principales ciudades, la emergencia no tuvo consecuencias mayores, pero sí dejó preocupados a los comerciantes y a los empleados.
"Estamos vendiendo algunos de nuestros cafés, pero no todos porque no podemos servirlos fríos", dijo sonriente Andrea, tras el mostrador de una tienda de Juan Valdez, que vende diversas preparaciones de la bebida insignia de los colombianos.
Unos metros más allá, en el exclusivo restaurante Club Colombia, Fredy Gutiérrez —uno de los meseros— explicó que por la emergencia el menú ha quedado reducido. "Estamos sirviendo sólo parrilla y precocidos", señaló.
La emergencia se desató, según la empresa de Interconexión Eléctrica SA (ISA, el mayor transportador de electricidad de Sudamérica), por un daño en la subestación de Torca, cerca a la capital colombiana, hacia las 10.00 y se prolongó por cuatro horas y media.
La mayor parte del territorio colombiano quedó sin electricidad, justo en una hora pico del consumo, cuando se encuentran en preparación los alimentos para el mediodía.
Aunque el Gobierno prometió que la emergencia se superaría rápidamente, hasta el mediodía la electricidad sólo había sido restablecida en el 50 por ciento del territorio afectado, según un funcionario de ISA. Bogotá, AFP